A baño María

Fotografía: Sol Guillot (@filmbysolci)

Justo ahora se viene a enfermar parece a propósito, che. Siempre cuando las papas queman, y la cosa se pone fulera chau: dolor de muelas. Lo deja tumbado que no puede ni hablar. A la miseria. Ya le dije que eso le pasa por morfarse todo. La procesión por dentro y nunca desembucha. Se come la angustia, las dudas, las palabras. Y así termina. Doblado del dolor. ¿Pero qué le voy a decir? Encima que anda convaleciente ¿le voy a salir con esto? Ahora ya está. Necesita que lo acompañe, que lo cuide. Es así él, eh? Vos lo ves robusto y armado como un ropero, pero en casa es un osito de peluche. Más mimoso mi Gordi. Y bueno… yo de él me enamoré así, y él de mí, porque sabe que me la banco. A mí me encuentra siempre en las malas, en las peores, donde los cobardes no se atreven. 
Pobre; yo creo que le afectó lo del laburo. Está pendiendo de un hilo. Y encima ya es grande. ¿Si lo echan qué va a hacer? Yo ya tengo dos laburos, más la casa, los pibes. Y ni así. Viene jodida la mano. Su mamá encima cada día se deteriora más. Ayer me preguntó quién era yo como seis veces. Ya casi no reconoce nada. Impresionante como la enfermedad le comió la memoria. Y sin memoria, ya no tiene identidad. Parece a propósito che, todas juntas.  ¿Quién nos manda a ponernos a edificar justo ahora? Pero bueno. Ya vivir con ella no da para más. Siempre fue una buena suegra, pero ahora ya ni sé quién es. Como si estuviera muerta en vida. 
Y todo se acumula. Como las deudas. Cuesta ver la salida. Si yo tuviera a mi viejo, ¿sabés qué? Todo sería diferente. Bicho de mierda me lo vino a arrebatar tan pronto. Con todo lo que nos quedaba por hacer. Pero bueno. Ya está. Ahora lamentarse no soluciona nada. Pondré en venta los muebles, sacaremos a los chicos de la escuela y los pasaremos a la de acá más cerca. Pondremos una parrilla en la puerta. Qué sé yo. Todo eso yo quería activar este fin de semana, pero justo éste se viene a enfermar. Ni las pizzas va a poder amasar. Voy a tener que hacer todo yo. Uy y encima el sábado el torneo del nene. ¡Y el turno con el cardiólogo de la nena! Eso no se puede postergar por nada del mundo. Si justo de eso, es que murió mi vieja. ¿Sabés el alivio que siento cada vez que me dan el electrocardiograma y me dicen que no precisa la válvula por ahora? La vieja… lo que la extraño, lo que la necesito. Ahora que estoy yo de este lado del mostrador pienso ¿Cuántas veces se habrá sentido sola en su dolor? ¿Cuántos poemas habrá escrito en su cabeza mientras temblaba sus preocupaciones a baño María? 
—Ma, ¿te pasa algo?
—No nada, por?
—Parecés triste
—No mi amor. Qué triste. Cómo voy a estar triste. Estoy cansada. Mucho trabajo. Agotada, pero de sueño. Duermo y se me pasa. No te preocupes. Es eso nomás. 

Un relato de Nina Ferrari
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