Bachillerato IMPA: en lucha por un espacio popular, feminista, sin violencia y sin patrón

Por: Camila Brizuela
Artistas, investigadorxs y docentes circulan diariamente por el IMPA: la primera fábrica recuperada del país, que fue fundada como empresa privada en 1928, estatizada durante el primer peronismo, simulada como cooperativa con Frondizi y finalmente recuperada por sus trabajadorxs en 1998.  Allí funcionan, entre otros programas, un centro cultural, un museo, un canal de televisión, la Universidad de los Trabajadorxs y un bachillerato popular.

El “Bachi” IMPA es una escuela para jóvenes y adultxs enfocada en la transmisión y práctica de los principios del cooperativismo con los principales actores del movimiento como anfitriones. Su proyecto pedagógico adhiere a las demandas que hoy marcan el paso del debate político y social, por eso,  “educación popular y feminista” es el lema del instituto.  Sin embargo, sus trabajadorxs padecen la violencia de género y laboral.
En el último año, una decena de mujeres renunciaron al bachillerato por haber sufrido diferentes tipos de violencia por parte de su director, que tiene un equipo de dirección integrado únicamente por varones cisgénero. Así, les integrantes del plantel docente reflexionaron sobre las violencias ocurridas y notaron la necesidad de crear un espacio de contención con los protocolos correspondientes para resguardar a las compañeras víctimas de violencia, que hasta el momento no encontraron otra salida, y que fue la de abandonar sus espacios de trabajo y militancia.
De esta manera nació la Comisión de Mujeres y Feminidades del “Bachi” IMPA. Sus objetivos y funciones comenzaron a debatirse en encuentros sincrónicos vía plataforma Meet, donde también se problematizaron los hechos de violencia relatados por las trabajadoras renunciantes. Esto motivó a que dos participantes de la comisión reciban cartas documento firmadas por el director del instituto, donde se las amenazaba con un  juicio penal y un pedido de resarcimiento económico, a menos que se retractaran de lo dicho en las reuniones por Meet.
En las cartas documento el director indicaba contar con “elementos probatorios” de lo dicho por las compañeras, lo que hace sospechar que las reuniones hayan sido grabadas sin el consentimiento de ninguna de las participantes. Este miedo por parte de les trabajadores hace que la mayoría de sus integrantes abandone la comisión de mujeres, lo que implica que quede virtualmente disuelta. Así es como profesores y profesoras del bachillerato decidieron visibilizar la situación, que así como trajo el apoyo de otros espacios y actores del campo popular, también conllevó la violencia laboral por parte de los directivos hacia el resto de les docentes.
En contraposición a los ideales principales de la fábrica recuperada donde funciona el bachillerato, ligados al cooperativismo, la lucha y la resistencia obrera, el equipo directivo de la escuela asumió un rol patronal y, alcanzando un pico en una escalada de violencia laboral y patriarcal que ya lleva más de un año, despidieron a una compañera. En contexto de pandemia, con los despidos prohibidos y la situación económica y social actual, una docente del IMPA acaba de ser separada de su puesto de trabajo por visibilizar una situación de violencia de género en el bachillerato.
Laura Gómez, profesora de matemática de la escuela, afirma que detrás de una fachada de organización popular y horizontal se esconde, actualmente, una corporación regida por lógicas personalistas, patriarcales y patronales. “Disfrazada de asamblearia, la toma de decisiones en el bachillerato es hoy un privilegio de quienes se autodenominan fundadores”, dice Laura. Además, agrega que lo que también ocurre es que los directivos abusan de sus cargos y sus relaciones con el Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ya que traicionan la confianza que el resto de lxs compañerxs depositan en el proyecto.
Por su parte, la Cooperativa de Educadorxs e Investigadorxs Populares (CEIP) expresa, en un comunicado público, su repudio a la violencia patriarcal y patronal en la dirección de la organización CEIPH. Allí afirman que es inadmisible que se ejerzan prácticas patronales como la amenaza mediante Cartas Documento a compañerxs docentes, para amedrentar con acciones legales a quienes denuncian, además de un despido arbitrario y masivo por hacer estas denuncias a compañerxs que hacen parte de esa misma organización y que encuentran en ella una fuente laboral y su espacio de militancia popular.
En este mismo sentido, en otro comunicado público del movimiento Feminismo Comunitario Antipatriarcal, firmado por Adriana Guzmán, que es su referente y también por Jimena Tejerina y Diana Vargas, afirman que existen denuncias de violencias, acoso laboral y ejercicio de poder contra este espacio. Por eso, desde este movimiento decidieron no participar en eventos organizados por la CEIPH. 
Desde la comisión de Género y Feminidades del Bachillerato Popular Maderera Córdoba expresan que este hecho visibilizó las lógicas patriarcales y patronales de quienes detentan cargos jerárquicos en el Bachillerato IMPA y en su propio espacio, ya que explican que vienen siendo hostigadas al igual que ellas por los dirigentes de la organización CEIPH, cuyos cargos para el Estado son de directores de las UGGE 2 y 3 (IMPA-Maderera, respectivamente) y secretario de UGEE 3.
Así como en su momento la lucha solidaria de la comunidad, en forma de iniciativas culturales, sociales y políticas, tuvo un papel crucial en la legitimación de la toma y posterior autogestión de la fábrica por parte de sus trabajadorxs, hoy en día lxs profesorxs del Bachillerato IMPA se encuentran en la misma pelea por conservar sus puestos de trabajo, con la idea de elaborar, en forma asamblearia, una estrategia de lucha.
El reclamo actual de la escuela pelea para que su compañera despedida sea reincorporada, para que el espacio vuelva a ser un lugar popular regido por asambleas abiertas sin compañerxs proscriptxs y para que no vuelva a ocurrir que prácticas patriarcales y violentas corran de sus puestos de trabajo y espacios de militancia a ninguna mujer, para así hacer eco a los pilares plasmados en el mural de la entrada del IMPA: Cultura, Trabajo, Resistencia y Educación.

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