Cábala / Nina Ferrari

A la remera se la besa dos veces antes de salir de casa.
Tres vueltas de cinta roja alrededor de las medias.
Se sube al micro con el pie derecho y se baja con el izquierdo.
Los calzones azules, lisos, sin ninguna estampa.
La medallita en el cuello y la estampita debajo de la suela.

Los mismos rituales una y otra vez, porque necesitamos creer, porque nuestra misma debilidad nos empuja con fuerza hacia lo desconocido. Porque la fe necesita que creemos en ella.
Apostamos con la venda en los ojos, aunque sabemos bien (qué no lo vamos a saber) que a la vida y a la pelota nadie la tiene atada.

Cada quien sabe cuál es el empujón anímico que necesita.
Cada cual hace de su manía, su religión.
Acá se ruega, se blasfema, se reza, se putea, se exorciza, se muere y se resucita todos los fines de semana.

Más de una vez hemos exagerado, mentido, ocultado.
Más de una vez hemos humillado nuestra embestidura.
Hemos borrado con el codo lo que escribimos con la mano tres copas después.
Más de una vez hemos sido gorreados.
Hemos meado (muchísimo) fuera del tarro.
Algunos más modernos, otros más conserva.
Algunos de su casa, otros de juerga en juerga.
Acá hay de todo. Para todos los gustos y para todas las gastadas.

Cada quien carga su cruz, y ninguno va a andar señalando al otro con la bragueta abierta.

Podrán decir que somos fanáticos, maniáticos, testarudos, brutos, sanguíneos, supersticiosos.

Podrán decir que metemos la pata, que nos cuesta reconocerlo, que nos tragamos las disculpas, que tenemos un millón de defectos.

Y seguramente tengan razón.

Pero jamás de los jamases nos vas a ver besar la mano que nos aplasta ni aplaudir al cobarde que nos acribilla por la espalda.

Acá, eso no lo podemos permitir.

Al juego lo hacemos nosotros. Y tenemos derecho a parar la pelota.
Yo digo que tiene que irse. Con una disculpa no alcanza. Cuando la falta es grave, hay que bancarse la roja.

No podés ponerte la camiseta del verdugo.
Eso sí que no, hermano. De eso no se vuelve.
Con eso sí, que no se juega.

Por Nina Ferrari

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