El fetichismo de la marginalidad: un engranaje crítico de César González

Cíclope de cristal
devora ambición, 
vomita modelos de ficción.
Ricardo Mollo. 

Por Natalia Bericat / Ilustraciones de Repo Bandini

El fetichismo de la marginalidad es el último libro del poeta y cineasta César González publicado recientemente por Editorial y Revista Sudestada. Con una imagen de tapa que pone en primer plano la mirada de las infancias en la toma de Guernica en 2020, nos paramos detrás del lente de la cámara y le damos play al texto. Las herramientas cinematográficas se despliegan para dar cuenta de lo que tenemos enfrente y no logramos ver. Lo más importante está ahí nomás nos decía el periodista Hugo Montero. Una serie de ensayos, escritos contra el fetichismo y la espectacularización de la pobreza (Esteban Rodríguez Alzueta), arrojan luz sobre un fenómeno cotidiano del cual se habla mucho y se analiza poco. 

Un engranaje crítico, sostenido por una mirada retrospectiva del Cine y su experiencia como cineasta independiente, va hilando cada uno de los ensayos. Leemos estas páginas descubriendo las capas, develando las trampas de un modelo de producción que tira a la cultura a la hoguera del consumo. Cesar González maneja un marco teórico de hierro. Grandes pilares de la Filosofía, la Literatura y el Cine aparecen en su escritura para sacarle la venda a los espectadores que se acomodan en sus sillones a relamerse con el circo montado en las pantallas. Marx, Deleuze, Guattari, Nietzche, por nombrar algunos, se entremezclan con el discurso del autor sin provocar quiebres. González adapta el lenguaje y el vocabulario para dar nitidez a las imágenes que describe.  

Como en un rodaje, la palabra y la imagen trabajan en equipo. Cada uno de estos textos es acompañado por las ilustraciones de Repo Bandini, editor de Sudestada. La imagen estalla en la hoja como la lengua filosa y provocadora del autor. El prólogo de Esteban Rodríguez Alzueta, además de aportar herramientas para el abordaje del libro, sentencia que César toma riesgos para seguir mostrándole los dientes a la sociedad.  La furia de la mordida y la reflexión crítica se unen para crear un espacio que pelea por la democratización de la cultura. El trazo violento, los contrastes de oscuridad, el collage, los comics y recortes de películas, cobran vida para complementar cada parte del libro: una piedra que se arroja mientras la teleaudiencia se inyecta el lenguaje del odio; una pared que grita justicia mientras dos rostros sonríen con su uniforme nuevo de policía, una cámara que nos hipnotiza con la fórmula de la felicidad. 

El autor sentencia y denuncia una realidad que conoce de cerca. Las armas del Estado hace rato que apuntan todo el día hacia la villa, nos dice Cesar González. Hay un inventario, como anuncia el prólogo, donde se visibiliza ese tiempo, ese “hace rato”. Como es sus primeras poesías, enumera cada cuadro de la escena: pilones de basura por acá y por allá. /Esqueletos de autos robados y desmantelados, saqueados y prendidos fuego. /El sonido de un disparo en una esquina, /diez disparos de respuesta en otra. La poesía una vez más firme en la trinchera, como en ese silencio que antecede una tormenta de piedras contra el enemigo que se avecina. Leemos El fetichismo de la marginalidad desde un lente que sigue la pelota de la canchita del barrio. Recorremos estas páginas mirando de frente, esquivando los golpes que cada palabra nos remata sobre la cabeza.

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