El Indio cumple 73: “Solo seguir cantando”

Un 17 de enero de 1949, nacía en Entre Ríos, Carlos Alberto Solari, fundador junto con Skay Beilinson y la negra Poli, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Al poco tiempo de vida, su familia se trasladó a la ciudad de La Plata, lugar donde transcurrió su infancia y adolescencia.  Cuna de la cultura, el movimiento estudiantil, el rock y la rebeldía, La Plata fue escenario de los primeros destellos de quien hoy conocemos como Indio Solari. “Yo tuve una infancia y una adolescencia de puta madre (…) libre de estructuras. Pasé por varios colegios, desde el Bellas Artes al Industrial. Me rajaban de todos”, dijo el Mister para Revista Orsai en 2019.

Por Natalia Bericat

En 1976 arrancaba el ruedo y la peregrinación a cada show de Los Redondos. Una misa sin culpas. Una ceremonia sin prohibiciones ni demonios con sotana. Todo el año es carnaval cuando suenan sus canciones; todas las noches son de cristal cuando una masa de gente se mueve al ritmo de Ji ji ji. Un enjambre por las calles de cada rincón del país, con los puños en alto y el corazón de fiesta sobre el latido del asfalto. No hay totalidad en estas siete décadas, solo impresiones, imágenes que relampaguean para iluminar una vida. 
Músico, artista, poeta, el Indio se fue construyendo en el imaginario colectivo como lo inexplicable: una especie de fenómeno popular al que se le intentó en vano dar respuestas. Si la gente quiere ver solo las cosas que pueden entender, no tendrían que ir al teatro: tendrían que ir al baño, había dicho el gran Bertolt Brecht cuando se le exigía entendimiento a su obra.
No hay nada que entender en las letras de la poesía,  en las palabras de las canciones de quien escribe en la frontera de las puertas de la percepción. La imagen poética se condensa para ser testigos de lo que los ojos de la mente son capaces de imaginar.  Un lenguaje exquisito se despliega sobre el escenario de quien tiene en su poder una caja de versos a punto de explotar. Por que cuando Carlos Solari suelta la lengua de sus canciones, ahí abajo, en esa misa insurgente, en ese pogo enorme de transpiración y rock & roll del país, no hay más que chispas y fuego en ronda.
Hoy cumple 73 años el Indio y la hoguera sigue encendida. Abrazado y contenido por sus compañeros de banda, Los fundamentalistas del aire acondicionado, el Caballo loco, sigue galopando al ritmo de la música y la poesía.  Hecho holograma o bandera, su voz sigue cantando. Lo único que prometí es hacer canciones, sentenció hace un tiempo y repitió en una de sus últimas canciones : en la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida.  Cantar mientras reflexiona sobre ese presente que el Dr. Parkinson le ha puesto jodido. Cantar y resistir. Con sus siete décadas encima, el Indio no le teme a la muerte, solo quiere seguir marchando con su garganta en silencio por los umbrales que separan el infierno del paraíso. No importa el pasado, ni tampoco el futuro. Él sólo quiere pasar por aquí sin llamar la atención como en esa partida de póker de Leonard Cohen, irse callado, sabiendo que llegó el momento de perder, dijo en Memorias: recuerdos que mienten un poco. El Indio se resiste a la fama de quienes depositan en sus ídolos la carga de los dioses. Eso habla de quien no necesita alardes de la TV ni de los que se creen que tienen el mejor culo para su sillón de poder.
Desde el susurro de su casa en Parque Leloir,  en compañía de Viru, su hijo Bruno y sus perros, el Mister festeja un año más de vida, una prueba más de su existencia que nos regala todos los días desde su cuenta de Instagram.  Miles de cartas se impregnaran hoy en su buzón ;colores y deseos colgarán del pasacalle que todos los años la tribu de su calle deja frente a su portón.
Nos prometió seguir cantando y acá estamos con los tímpanos despiertos los guardianes eternos de Solari y su poesía
Feliz cumpleaños, Indio : nuestro gran héroe en este lío.

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