Escapada

No puede verme tranquila, eh. Apenas estoy por asomarme a un breve lapso de plenitud, ya tiene que arruinar todo.
Vos sabés gordita, cómo estábamos esperando este fin de semana largo. Después de tanto renegar: que las deudas, que la mudanza, que los hijos, que pim que pam: nos decidimos. Después de tanta malaria, tanta cuesta arriba, nos merecíamos un descanso. Lo íbamos a tomar como una luna de miel clase turista, qué sé yo. Pero luna de miel al fin.
Yo no sé vos gorda, pero yo siento que estos dos últimos años duraron una década, te juro. Como una caja de pandora llena de quilombos apilables. Pero bueno, de a poquito habíamos empezado a repuntar.
Juntamos mango por mango. Economía de guerra los últimos tres meses para poder juntar un puchito. Pintaba ideal la cosa: el coche que nos hizo la gamba y no se rompió nunca. El clima se puso la diez. Los pibes que arreglaron para quedarse con los abuelos. Todo redondo. Pero bueno, parece que era demasiado bueno para ser cierto.
Y él, obvio. Me encanta. Hasta las manos estoy.
Hoy en día, al dolor se lo banca cualquiera, pero al amor, ahí sí te quiero ver.
Y nosotros, aún así, con nuestros años encima, nuestras fisuras, nuestras mochilas a cuestas, nos lanzamos.  Pudiendo replegar filas y quedarnos en el molde, nos la jugamos por amor.
Ahora que lo pienso, creo que la vida misma es como un viaje, y el amor es el combustible. Cada recorrido tiene su copiloto, por ende, su aprendizaje. Vos sabés que yo ya me había hecho a la idea, de que la soledad iba a ser mi compañía, el resto del trayecto que me quedada. Te juro que él apareció justo cuando estaba por extraviarme. Lo amo con locura. Sí, ya te dije que estamos re enganchados. Como dos adolescentes.
Ya somos gente grande, y sabíamos que, a esta edad, así como ninguno llega intacto al amor, tampoco se sale ileso.
¿Decime si no nos merecíamos un fin de semana matándonos en la cama? Mañana, tarde y noche. Como nos gusta, como mejor nos sale. Te juro, desde el primer día, cogemos en el mismo idioma. Una conexión zarpada.
¿A vos te parece? ¿Con las ganas (y la necesidad) que tengo de desahogarme orgásmicamente, justo tenía que venir arruinarlo todo? Me lo hace a propósito, amiga. Ya me parecía que me estaba demasiado susceptible y con ganas de comerme todo. Una semana se me adelantó. Yo no te la puedo creer. Luna de hiel, voy a tener. Y bueno, qué va ser. Habrá que buscar un plan b. Ojo, que quizá es una buena excusa para probar cositas nuevas eh! Bueno amiga, que tengas buen finde extra large. Después la seguimos. Te quiero, chau.

Un relato de Nina Ferrari
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