Formas

Por Nina Ferrari

-Hola señora, buenas tardes…
-Ay, a ver, se oye muy lejos. Acérquese al parlante del portero.
-¿Ahí me escucha?
-Sí.
-Le decía…Buenas tardes, señora. Alto calor ¿no? No le da la causa a este clima. Ni respirar se puede.
-A ver señorito. Primero, de buenas no tiene nada, porque acaba de interrumpir mi rutina de yoga con sus timbrazos insistentes. Segundo, horrible me va, tengo un día fatal con este calor insoportable. Y tercero, ¿se puede saber por qué usa el detestable y humillante término de señora?  Se-ño-ra. “Alto calor” ¿Qué es esa forma de hablar?
-Bueno disculpe, es la costumbre…
-Claro, ahí está el asunto. Usted no sabe, porque se deja llevar por la costumbre. Por ejemplo, ¿por qué asume automáticamente que quien se queda al cuidado de las tareas de la casa es siempre una mujer?  ¿Por qué antes de escuchar la voz, o saber con quién habla, ya apunta y dispara un Señora? Se-ño-ra . De no creer. Muy descortés de su parte iniciar una conversación así.  Usted tiene que pensar en las formas. La forma hace también al contenido.
-Ah bueno disculpe, es que yo solamente quería…
-¿Ofrecerme una disculpa? A mí una disculpa no me sirve, porque si no hay una modificación real y concreta en la conducta, es un simple formalismo. Una cáscara enunciativa sin sustrato real. A mí lo que me interesa, es que usted, querido, reflexione.
-Bueno señora…
-¡Y dele con el “señora”! ¿Usted señorito no escuchó nada de lo que le dije? ¿No le parece que ya estamos en una época donde no podemos dejar pasar estas cosas?
-Ta bien.
-No, no y no. De ninguna manera. No me corte las palabras, eso no se lo permito. Las palabras no se manchan. Usted antes de escupir cualquier cosa, por la boca, tiene que pasarla por el filtro de la cabeza. ¿Me entiende? 
-Disculpe, si la ofendí con esa palabra…
-No es una palabra, querido. Es un sistema. Usted al hablar, está poniendo en juego todo un sistema de producción simbólica. 
-No es lo mismo una palabra que otra, no es lo mismo hablar que decir, no es igual enunciar que llenar de caracteres el silencio. 
-Las palabras crean realidades.  A través de la palabra podemos cuestionar.  Y es hora de cuestionarse todo. Todo. 
-Pero…
-Déjeme terminar, ahora cuando redondeo el concepto, lo dejo hacer su numerito. Si no empezamos a cuestionar todo, todo, desde la mínima palabra, el mínimo gesto, después no podemos quejarnos cuando el aliento se transforma en huracán.
-Es que…Póngase a pensar en esto que yo le propongo. Ponerse a pensar un poco en lo que se dice es gratis, ¿o no? Digo, de pronto, si se pone a revisar un poco sus palabras, sus formas. 
-Yo solo quería…
-Pero no se lo tome a mal, yo todo esto se lo digo por su bien. Me imagino que le deben quedar muchas casas por visitar, ¿no?
-Y, sí… Viene floja la cosa.
-Por eso, por su bien se lo decía.  Para que le vaya mejor. Piense que yo me tomé el tiempo de explicarle cómo son las cosas. Otra, lo hubiera sacado zumbando. 
-Usted, mi querido señorito, debe querer que yo baje a llenarle la calabaza de golosinas. Por supuesto que voy a colaborar, pero solamente, si usted me promete prestar atención a las formas. ¿Está bien? 
-Bueno…
-Empecemos todo de nuevo. 
-Buenas tardes
-Buenas tardes ¿Qué lo trae por aquí? 
-…
-Ahora es cuando usted me dice dulce o truco).
-Pero es que eso yo quería decirle. De la planta.
-¿Qué planta?
-Una planta. Le toqué el timbre, doña, porque quería preguntarle nomás, si me quería comprar una planta.

Un relato de Nina Ferrari
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