Fuga

Por Nina Ferrari

Lo primero que sentí, cuando me avisaron por teléfono, fueron ganas de contártelo. Salí del trabajo, y fui muy entusiasmada a comprar sopa paraguaya, para el mate.
Apenas te sentaste, te conté la novedad:
—No sabés qué emoción. Conseguí trabajo para dar clases en la escuela del penal.
Después de un sorbo excesivamente ruidoso y molesto, me pasaste el mate, y sin sacar la vista de la tele, dijiste:
—Ah, mirá.
—Sí, la verdad es que me emocioné tanto cuando me lo confirmaron, que quería que pase rápido el día para contarte.
—¿Ah, sí?
—Venía pensando en la bici, que hoy a la noche podemos celebrar. Comprar cerveza artesanal. Esa ipa, que tanto te gusta. Hoy, se brinda por esto, ¿no?
Me miraste de reojo, y me preguntaste:
—¿Y por qué? ¿Que vayas a darle tu tiempo a esos malandras y delincuentes, sería motivo para brindar?
Yo me quedé muda. No supe qué contestar. Terminé el mate, dije gracias, agarré la bici y me fui.
Menos mal que mostraste pronto la hilacha. Bastó escuchar el desprecio con que salían esas palabras de tu boca, para que yo decidiera, sublevarme en mi propio motín y fugarme para siempre, de tu vida.

Un relato de Nina Ferrari
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