“Hubo otras etapas de profunda crisis en las cuales el periodismo estuvo a la altura”

Ricardo “Patán” Ragendorfer nació en Bolivia, pero desarrolló su vida en Argentina desde su más temprana edad. En 1976 la dictadura lo obligó a exiliarse y se hizo periodista en México. Sin saber el destino que le tenía guardado el oficio, se convirtió en uno de los mejores cronistas de policiales.

Por Gustavo Grazioli

Su pluma es inconfundible y su aguda observación también. Sus primeras notas las publicó en El Porteño y pulió su cartografía marginal en la revista Cerdos & Peces — la histórica publicación que dirigió Enrique Symns — en la que se destacó por sus historias de pistoleros de las décadas del ’50 y ’60, en una sección que se denominó “Vidas Ejemplares”. 
Trabajó en el Diario Sur y en esa redacción conoció a Fabián Polosecki. En la actualidad su firma aparece en Tiempo Argentino, Télam y Caras y Caretas, entre otros. Ragendorfer es guardián de un periodismo que necesita tiempo de investigación y datos. No se fía de las fuentes oficiales ni de los comisarios. Busca contar desde las voces de todos los protagonistas y en sus notas proliferan esos lados B que por lo general quedan debajo de la alfombra de los poderes.
Participó en guiones de películas y publicó los libros La Bonaerense – trabajo con el que desnudó la corrupción policial en la provincia de Buenos Aires — , La secta del gatillo, Los Doblados, La maldición de Salsipuedes, El otoño de los genocidas y Patricia: de la lucha armada a la seguridad. Trabajo que recala en la historia de Patricia Bullrich y en una revolución al revés en la que propio autor define que “pasó de encarnar el sueño de la revolución a las políticas represivas que se cargaron, entre otras, las vidas de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel”.
Ragendorfer, además del sello de su pluma en guiones, notas y libros, ahora lleva su impronta a la radio. En la 990 – la antigua Splendid – , en su programa El Bufoso – Archivo Ragendorfer , desempolva los casos policiales más resonantes de la historia y los narra en una especie de formato de radioteatro. “Se me ocurrió adaptar en el viejo lenguaje del radioteatro o en el actual lenguaje del podcast, determinadas historias que había cubierto y publicado”, le cuenta a Sudestada y revela algunas de este proyecto que se emite los domingos de 00 a 02.

¿Cómo ves el periodismo actual?
El periodismo no pasa por su mejor momento. Eso tiene que ver con la situación mundial en general. Aunque hubo otras etapas de profunda crisis mundial en las cuales el periodismo estuvo a la altura de las circunstancias informativas que ese momento requería, pero ahora no es el caso. Es una paradoja puesto que la proliferación de toda la innovación tecnológica señalaría que el periodismo está en óptimas condiciones de profundizar su lenguaje o de poner en práctica nuevas técnicas. 

¿Se siguen buscando las historias en la calle?
Hasta hace algunos años trabajé en publicaciones, las cuales, ante un hecho de mediana importancia, ocurridas en otro punto del planeta, te subían a un avión y te enviaban ahí. En una misma redacción siempre había tres o cuatro fotógrafos o redactores, que se encontraban de viaje. 
La crisis económica que impacta en el funcionamiento de los medios gráficos y televisivos hace que los viajes sean muy escasos. Y ahora lo que pasa en otros lugares, más o menos cercanos a esos medios, terminan cubiertos a través de internet. Pero es una costumbre que a mí no me ha capturado. Una investigación periodística requiere necesariamente de recorrer los lugares donde sucedieron los hechos y hablar con la mayor cantidad de protagonistas. La investigación periodística es una aventura que merece ser vivida y la nota o el articulo que surge a partir de eso, no es nada menos que el informe de esa aventura.

¿Se modificó el aspecto noticioso de un hecho policial?
Hay una especie de dictadura marketinera sobre este tipo de cuestiones. Vemos que, por razones objetivamente inexplicables, un hecho que en otras épocas hubiese derramado un río de tinta ahora apenas merece un suelto en los diarios y ni siquiera se menciona en televisión. Se transmiten muchos hurtos callejeros captados por cámaras de seguridad. En un 60 o 70 % las noticias policiales están cooptadas por ese subgénero de lo policial que se denomina seguridad o inseguridad. Se hacen notas sobre eso y no se reflejan grandes casos. Solo hurtos y la multiplicación de esos hurtos. Ese reemplazo de noticias tiene detrás una manipulación estadística. Tiene que ver con la construcción del miedo y para eso es necesario identificar algún enemigo social. Cuando un crimen es cometido por un menor de edad comienzan a proliferar espasmódicamente notas sobre la baja de la edad de imputabilidad, pero realmente los delitos comunes cometidos por menores son de un 4 % en total y los delitos graves cometidos por menores son del 0, 02 %

El programa de radio que hacés se mantiene al margen de lo que se suele escuchar diariamente, ¿Cómo surgió la idea?
Surgió a partir de una propuesta de Claudio Villaroel, quien acaba de asumir la dirección de la 990. Me dijo que quería hacer algo así como historias ‘tipo Netflix’ por radio. Pero dado que las series de Netflix no son culto de mi devoción, le hice una contrapropuesta: hacer cine por radio. Y se me ocurrió adaptar en el viejo lenguaje del radioteatro o en el actual lenguaje del podcast, determinadas historias que había cubierto y publicado. Todo con un tratamiento sonoro que supone la inclusión de sonidos acordes para cada narración: tiros, música, alaridos, gritos, susurros, frenada de coches. Y todo eso sazonado con testimonios de protagonistas o expertos en las cuestiones que vamos abordando en los programas. 
Debo aclarar que dentro de la variedad que constituye mi trabajo periodístico, la radio nunca fue una de mis ocupaciones más habituales por lo que afortunadamente no estoy contaminado por el costumbrismo radiofónico actual.

¿Los códigos del hampa cambiaron?
El hampa cambió. La especialización de quienes en tiempos pasado se abocaron al ejercicio de determinadas formas delictivas con un determinado profesionalismo o experiencia han sido reemplazados por una legión de delincuentes de poca monta, y a veces esa falta de profesionalización tiene consecuencias que son desafortunadas. Siempre he sido bastante critico del concepto de códigos dentro y fuera del hampa. Tanto dentro como fuera, el único código razonable y el que se tiene en cuenta es la sobrevivencia. Y si los delincuentes más profesionales tratan de eludir en sus hechos la violencia y la muerte no es solamente por el carácter humanista de estos personajes, sino porque también tiene que ver con la supervivencia de ellos. 

Compartí en tus redes favoritas

Leer anterior

Los Redondos, entre canciones desesperadas y juguetes rabiosos

Leer siguiente

“Salir de chinas…”