Mujeres Sindicalistas: El bombo también es cosa de minas

Foto: @laspibasdeate

Las pibas del ATE son un grupo de mujeres que pertenecen al espacio sindical de la Asociación de Trabajadorxs del Estado de la filial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y son las primeras percusionistas sindicalistas. Ellas utilizaron las herramientas de luchas colonizadas por varones para copar la calle a puro bombo y redoblante.

Por Celeste Almada

La unidad, sororidad y organización es lo que enmarca la lucha de estas mujeres sindicalistas que utilizan mecanismos que fueron siempre legitimados por hombres, se apoderaron de ellos para romper con los estereotipos y avanzar en la batalla feminista dentro de los espacios gremiales.
El camino no les fue fácil, ya de antemano ser mujer y sindicalista no es una tarea simple pero a paso firme generan de alguna manera una fisura en ese sistema patriarcal.
En exclusiva con Revista Sudestada, Marina Chmielarczyk e Irene “La Tula” Cosoy, trabajadoras del estado, militantes sindicales e integrantes de lo que ellas llaman “La percu”, relataron cómo fueron sus orígenes, las cosas que ocurrieron en su recorrido y su actualidad. 
Este grupo de mujeres comienza allá por el 2015, con la asunción de un gobierno neoliberal. La situación para ellas, como la de todxs lxs argentinxs, fue muy compleja. Afrontaron los despidos masivos de compañeros y compañeras a causa del brutal ajuste del macrismo. El gobierno del PRO empezó a disciplinar al sector laboral del estado para disciplinar al sector laboral privado con el ajuste de lxs trabajadorxs. A eso se sumó la gestación feminista del hartazgo colectivo de que cada 30 horas asesinen una mujer. Los condimentos que marcaban la historia eran miles, y estas mujeres dijeron basta dentro y fuera de sus espacios.
En ese sentido comenzaron a organizarse y a su vez se disputaba en su gremio una elección electoral en la que Daniel Catalano, actual Secretario General de ATE, fue electo y su conducción las invitó a que puedan ir a Rosario como militantes sindicalistas para convertirse así en la pata feminista del gremio. De esta forma, la marea verde emergió una vez más para ocupar espacios necesarios.
En este aspecto Marina Chmielarczyk sostuvo: “Nuestro sindicato nos convoca y nos hace una propuesta específica de querer viajar y participar en el encuentro de mujeres en Rosario. Cada una de nosotras nos nucleamos, nos organizamos y convocamos a todas las afiliadas del gremio a viajar.  Compañeras del Ministerio de Justicia y de Derechos Humanos de la Nación, plantearon armar nuestra propia columna:  primero vienen los bombos, después las banderas y después las columnas. Nosotras teníamos el esquema en la cabeza, pero no lo habíamos ejercido. Porque era algo que estaba organizado por hombres y nosotras éramos las que acompañábamos. Para el viaje y la movilización en las calles rosarinas, las compañeras pensaron en llevar un instrumento: Era un encuentro en que participábamos trabajadoras para denunciar las diferentes políticas públicas que se venían dilapidando”.
ATE, como figura gremial, no tiene una secretaría de género formal pero sí con el paso de los años agregó un área de género en el que las pibas del bombo fortalecieron sus raíces para comenzar a escribir allí su propia historia.
Después del encuentro en la ciudad de Rosario, entendieron que había que unirse más que nunca. Su momento comenzaba en ese instante: Mujeres sindicalistas tocando un bombo, un redoblante, armando su columna para marchar. ¿Quién se podía imaginar que los bombos que defienden en las calles los derechos de lxs trabajadores sean tocados por minas?
En el ideal conservador sindical no existe ni siquiera la posibilidad que las mujeres se puedan organizar, pero con el devenir de los años esos mandatos fueron cayendo como fichas de dominó haciendo que cualquier estructura se pueda caer. Porque los bombos sindicalistas también es cosa de mujeres y porque la lucha es por los derechos de todxs.
Después de su experiencia en Rosario, en el año 2017 ampliaron su proyecto e invitaron a todas las afiliadas a sumarse a la percusión de las trabajadoras del Estado. Tenían la necesidad de encontrarse entre compañeras. 
Abrieron un espacio de ensayos. Al principio el sindicato no estaba preparado para que pudieran ensayar, pero si había voluntad política y les prestaron un espacio para que puedan organizarse. 
La invitación era poder ensayar para la marcha a la que tenían una cita obligatoria, como era la del 3 de Junio conocido por la lucha feminista con el lema: Ni una menos.
Los surdos, los repiques, los bombos tocados por aproximadamente cincuenta mujeres retumbaban la plaza. El grito de la música rebotaba por las calles. Ellas eran etariamente diversas, entre 24 a 61 años. De distintas formaciones. Con hijes, sin hijes. Un gran espacio heterogéneo. 
Como recién comenzaban no tenían una identificación para marchar, así que salían a las calles con sus instrumentos y remeras blancas como si fueran lienzos preparados para comenzar a pincelar la historia de la que ellas mismas eran protagonistas.
Nadie tenía conocimiento previo. Era aprender algo básico, sencillo y ordenado para salir con fuerza. Cada cual elegía el instrumento que quería, se comprometía con la causa, se concentraba en el ensayo, y las guiaba la paciencia.
Ensayaban primero con algunos instrumentos que fueron comprados por la entidad sindical y luego los llevaban a un galpón que tenían dispensado para dejar los mismos. Pero como todo camino dentro de un espacio masculinizado no es fácil, en uno de sus ensayos cuando iban a buscar sus herramientas, se encontraron con los instrumentos vandalizados. Nunca supieron a ciencia cierta quién fue, pero no cabe duda que al machismo no le gusta la mujer empoderada. Con el tiempo esos instrumentos fueron repuestos para que las pibas no dejen nunca de tocar.
Ante esta situación, Irene “La tula” Cosoy reflexiona: “Muchas veces nos costaba con los compañeros conseguir alguna colaboración. Las primeras veces que tocábamos, cargábamos el instrumento nos subíamos al micro, tocábamos en la movilización y de vuelta lo guardábamos en el depósito del sindicato. En ese proceso si algún compañero nos veía, podían pasar dos cosas: o nos lo sacaba para ponerse él a tocar, ó terminabas de marchar y apoyabas el instrumento en el suelo y se ofrecían cargarlo”, afirmó La Tula.  
En las antesalas del 3 de junio de 2017, las pibas de ATE se propusieron armar sus propias canciones de lucha para manifestar lo que les corría en el alma. En ese proceso aprovecharon una melodía que estaba de moda, como era el tema de Luis Fonzi y Daddy Yankee “Despacito” y se la apropiaron para cambiar ampliamente la letra: Ni una menos. Las pibas de ATE vivas nos queremos. ¡Vamos a luchar porque se lo debemos A todas las pibas que nunca volvieron!
En ese sentido Marina Chmielarczyk  emocionada comenta sobre los que les pasó. Sin querer, las pibas terminaron siendo un suceso: “Esa canción se filtró, nosotras tenemos algunas compañeras que son periodistas dentro del espacio y una de las pibas mandó como veníamos ensayando esa canción, que queríamos estrenarla en la marcha. Se la manda a un grupo de compañeras y se fue viralizando. Fue corriendo por todos lados hasta que una periodista feminista muy conocida hizo su versión de ese tema, lo grabó con un ukelele y con la presencia de su hijita en la cocina cantaron “ni una menos”.  La canción de nuestro sindicato. que habíamos escrito nosotras,  tomó un nivel que hizo que en otros países para las marchas feministas lo cantarán. Caló muy profundo en el corazón de las pibas militantes de ese momento. Nosotras no lo podíamos creer”.
El hecho que relata Chmielarczyk fue divulgado no sólo por las redes sociales sino por infinidades de medios nacionales del momento, comentando como un grupo de mujeres sindicalistas modificaban un hit de la época para transformarlo en uno de los emblemas más importantes del feminismo. 
La lucha en las calles también las hace cumplir sus anhelos como compañeras sindicalistas, como fue el caso de Irene Cosoy que es una de las bombistas del grupo: “Yo había cumplido mi sueño, que era entrar a plaza de mayo como “El Tula”, y de ahí en más las compañeras me dijeron que para ellas ya no era más Irene, sino que era La Tula de las pibas”
En la actualidad las pibas del bombo de ATE siguen escribiendo su historia, lograron a través de su fuerza que su sindicato tenga por primera vez una Secretaria General Adjunta, Agustina Panissa. 
Son referentas percusionistas dentro de su gremio y encabezan diferentes actos. Organizan su propia percusión en su filial de Capital, pero también acompañan la apertura de otras “percus” como las filiales de Neuquén, provincia de Buenos Aires y Rosario. 
“Nos sentimos totalmente orgullosas y creemos que tenemos un sindicato más preocupado de las necesidades de lxs compañerxs. Estamos muy acostumbradas a ver cómo se ejerzan estos estereotipos machistas, violentos, de gritos, de corridas, de mano dura, de cara de perro. Esos estereotipos de que si te grito más fuerte vas a ordenarte más rápido. Nosotras cuando entendemos que hay otra manera de organizar la lucha colectiva, entendemos también que otro mundo es posible, nosotras no vamos a hacer objetos nunca más en  ninguno de los planos”, afirmó Marina Chmielarczyk  
Actualmente son cuarenta mujeres a las que con la pandemia se les ha complicado ensayar. Sin embargo, de a poco van volviendo a juntarse alrededor del bombo con la cara de Evita cuando culminan con sus jornadas laborales, y se agrupan con sus compañeras de lucha para poder seguir caminando por ellas y por todas.

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