Sincericida

Por Nina Ferrari

La otra vez estábamos re emboladas en el auto con las chicas, yendo a capital ver a La Nueva Luna, cuando La Negra salió con otra de las suyas:
—Chicas hay que innovar con este gran invento: el Sinceri- Tinder. Tomen nota. 
—Ah bueno, ya empezamos, dijo Pety.
—Argentina: país de Maradona, el mate, el bypass, la birome, Los simuladores, el dulce de leche y ahora, este servicio de apareamiento virtual honesto para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, continuó La Negra.
—¿Cómo sería Negra?
—A ver, para empezar ¿Quién no está podrida de la danza de apareamiento virtual? Que like, que match, que chat, que ilusión, que (si tenés suerte) charla copada, que apenas profundizás un poco aparecen todas las red flags
—¿Las qué?
—Las señales de que mejor salgas corriendo.
— Por ejemplo, dice el pobre es pobre porque quiere…
—O hace chistes con tu cuerpo .
—O mi ex es una loca, que bomba de humo y fantasmeo. 
— Ah está bien, ya entendí.
—Es un círculo vicioso que nos saca energía y nos hace perder el tiempo. Yo propongo lo siguiente: inventar una aplicación de citas, pero sincera. Sin engaños ni velos. La verdad más cruda. Y la otra persona elige.  Piénsenlo chicas. Es el negocio del futuro.
—Podría ser. Bah no sé. Hay que bancarse la verdad. 
—Y bueno, un poco de honestidad brutal en tiempos de miseria digital, no viene mal.
— No funcionaría. Nadie se muestra como es de verdad en las redes. Cada uno elige cómo se vende.
—Bueno ni que fuéramos mercadería de la góndola, Pety, pará un cachito.
— ¿Ah, no? ¿Y cuál sería la diferencia? ¿Qué diferencia hay entre una app de citas y un catálogo de Avón?  Usás la retórica de la imagen para venderte al mejor postor. Este fin de semana, oferta dos por uno: te hago de psicóloga y de remisera. ¿Quiere pasársela hablando de su ex? No hay problema, pagando con un buen polvo en efectivo, le hago un descuento. 
—Te pasás Pety.
—Chicas, hay algo que es real, y que hay que admitir, y es que vincularse está casi tan difícil como laburar.
—No son dos problemas separados: es el mismo. Dos caras de la misma moneda, dijo Naty.
—Los proyectos, los contratos laborales, el amor: por estos días, todo se precariza, dijo la Pety.
— Bueno tampoco nos pongamos filosóficas chicas. Era una idea. Son demasiado solemnes ustedes…
—Nos cortó el mambo existencialista la Negra — dije.
—Me refería a que da mucho vértigo mostrarse de verdad, así, de una, sin vaselina. 
—Asumir todas las miserias y los defectos, no es para cualquiera.
— Yo conozco gente que está dispuesta a viajar a la luna antes de mirarse un poquito adentro.
—Ay chicas, pero ustedes ya le están dando mucha vuelta. Obvio que no vas a desnudarte a la primera de cambio.  Una se va dejando ver en la medida que el otro también lo hace.
— No es cuestión tampoco de convertirse en una streapper del inconsciente, chicas. Es solo probar con ser sinceras. Entre otras cosas, para ahorrarse tiempo y mala sangre. Si lo otro no nos ha funcionado mucho que digamos, ¿qué nos cuesta intentar algo nuevo?
—Ya sé, dijo La Negra. Probemos entre nosotras, como un juego.  Dale chicas, aprovechemos el viaje para probarlo.
—No empecemos con tus juegos que siempre terminan mal.
—Callate agreta, qué decís. Ponele onda.
—Bueno déjenla explicar. 
—Una se define un poco en joda un poco en serio. Miren, les propongo esto. Una da una descripción sincericida de alguna de nosotras, y si las demás adivinan de quién se trata, es correcta. Esa descripción pasa la prueba y pasa a ser bio del Sinceri -tinder.
—Dale juguemos! 
—Bueno Negra, pero empezá  vos…
— Postergadora serial de deseos en función de la demanda ajena.
—  Es obvio que estás hablando de mí — le dije.
— ¿Viste cómo le pegué?
— Sos guacha eh. A ver voy yo. Acomodadora profesional de la realidad a las ideas.
— Claramente soy yo, dijo Naty. Me declaro culpable. Muy bien, sigamos. “Doctora en epistemología del capricho y evasora emocional”.
—Es La Peti! Gritamos todas al unísono. Nos dio mucha risa la ocurrencia de la epistemología, pero creo que a la Peti no tanto. Así que enseguida gatilló con su lengua mordaz:
— Persona con trastorno de dependencia  sexo-afectiva, que se caracteriza por  su capacidad de sostener lo insostenible por un polvo más.
— Es obvio que soy yo, como buena escorpiana, el sexo me subordina, y a mucha honra, le dijo la Negra.
—Bueno pero un poco de abstinencia para cuidar la dignidad no viene mal, le contestó la Peti, con evidente recelo.
—¿Y vos me lo venís a decir?  ¿Cuál es tu propuesta? ¿La asexualidad? ¿A ver Peti, contanos,  ¿cuánto hace que no acabás con alguien de carne y hueso?
Yo empecé a sentirme incómoda. La Negra ya había chupado demasiado, y ya estaba siendo hablada por el escabio.
—Pará negra, ya te estás yendo de tema.
—¿Y vos? Mirá quien habla… Yo seré bichera, culisuelta, tendré venus en trola, no sé.  Pero con la gorra jamás.
 —Ya te dije que eso es distinto. No es policía, trabaja de custodio. ÉL era compañero de la primaria. Y me da una mano con el nene, y la guita. De paso cuida la cuadra, porque desde que viene a casa no hubo un choreo más. Tenemos química, él tiene la guita, yo la necesidad, porque no tengo laburo. ¿Cuál es problema?  Es un acuerdo.
—¿Te gusta el chupetín con sabor a botón que te estás comiendo, no chiwewencha? ¿Es eso?  ¿Te engolosinaste? Contanos.
— Nada que ver tarada. Para qué te habré contado.
— Antes de abrirle las piernas a un ortiba prefiero hacerme monja.  Pero bueno, cada una es libre de administrar la aduana de su cajeta como se le cante.
Y ahí ya se puso picante la cosa, y no tardó mucho en pudrirse.
—¿De qué me hablás Negra? Es para proteger a mi hijo. Es re fácil hablar.  Esa moral con la que me juzgás, tiene la panza llena.  Yo te quiero ver a vos en mi lugar. ¿Quién mierda sos para opinar de mi vida? ¿A quién le ganaste?
—Uy pará loca, te estaba jodiendo.
—¿Qué vas a saber vos lo que es sacrificarte en pos de otro, si te la pasás mirándote el ombligo, saltando de poronga en poronga para no hacerte cargo de tu vida? Tené un hijo, críalo sola, sin un mango, y después hablamos.
— Uy ya salió Mamá Luchona, usando al guacho de excusa para sobarle la reglamentaria a un botón.
—Para Negra, aflojá. Una cosa es la sinceridad, y otra la crueldad. Para un cacho.
— Basta Chicas. Ya fue, cambiemos de tema. 
— ¿Para qué me invitan si ya saben cómo me pongo? Es una joda, póngale onda, che —dijo La Negra. Pero La Peti, todavía estaba dolida:
—Detrás de todo chiste hay una verdad encubierta. Si querés decir algo decilo, pero no lo disfracés de broma para desplegar toda tu mierda.
— Uy bueno, pará. Ya te agarró el pedo filosófico, Peti. Estábamos hablando. Es un chiste, un juego nomás. A vos no se te puede decir nada, enseguida te tomás  todo a la tremenda. Sos la Salieri del drama.
—No negra, vos te pasás de rosca y después no sabés tirar el freno de mano — dijo Naty.
—Bueno, yo seré bruta para decir las cosas, pero bien que las hacía reír, ¿o no? Ustedes que son tan correctas, quiero ver cómo hacen para ponerle onda. El humor es así, atrevido, incorrecto. Pero bueno, ahora ya está ya entendí. Desde ahora ni una joda, ni un chiste les voy a hacer.
—Bueno, ya empieza a hacerse la vístima —dijo Naty, que la ligó también:
—¿Y vos, que te la das de deconstruida, que das charlas de nuevas masculinidades y tenés una relación re tóxica y violenta con tu hermano? En casa de herrero, cuchillo de palo, ¿no?
— Pará Negra, ya te fuiste al pasto. No le causa gracias a nadie, le dije
— Negra, pará, ya no es gracioso, dijo Naty.
De pronto se escuchó un sollozo: La Peque estaba llorando.
—Tiene razón. Siempre siento que no soy suficiente, que vengo fallada. Yo misma me bajo el precio. Siento que vengo cagada de fábrica.  Por eso estoy sola.
—Pero no amiga, qué decís. Si sos hermosa.  Hay epidemia de giles, es eso nomás.
—¿Sabés hace cuánto que no siento complicidad, que no siento ese cosquilleo, que no me dicen te quiero
—Es solo una mala racha. Te aseguro que en la alacena de la vida cada olla tiene su tapita. Hay que seguir buscando nomás.
—Pero claro amiga, es imposible no quererte, sos hermosa, inteligente,  laburadora, re gamba. 
—Mirá si yo fuera tipo, seis pibes en un polvo te haría, dijo La Negra.
Es cierto, la Negra se pasa de rosca, pero no hay nadie como ella para sacarnos del drama con un chiste. 
—Aparte si acá hay alguien que batió todos los récords en experiencias patéticas, soy yo.
Entonces La Negra empezó a enumerar sus citas fallidas:
—¿Se acuerdan del que se la pasó toda la cita dándome detalles de su hemorroides? ¿Y al borracho que con el calor se le bajó la presión y me vomitó todo el vestido? ¿Y el que se puso a hablar como bebé en pleno sexo oral? Ah no pará, esta es la ganadora: ¡el que se meó dormido en mi cama! Un olor, no sabía cómo explicarles a mis viejos al otro día. Un papelón.
La Peque soltó la risa, se secó las lágrimas, se arregló el rímel corrido, y la llenamos de besos. Claro, pensé entonces, el humor aproxima cuando bajás el ego.
—Y por favor no olvidemos el que me pidió que le diga “dale papito dame la mema”
Ahí ya nos tentamos, no podíamos parar de reír. En ese momento, llegamos al estadio, y antes de bajar, la Negra nos dijo:
—Tienen razón,  chicas: lo del Sinceri -Tinder es una idea de mierda. Cada uno tiene derecho a aferrarse a la ficción que quiera para sobrellevar la existencia en este mundo de mierda. Perdón si me pasé de rosca. Soy una gila. Las amo con toda mi alma. Así tal cual como son. Si pudiera me casaría con todas.
—¿Saben qué, chicas?— dijo Naty. —El amor verdadero existe, y son las amigas.
Bajamos del coche, nos abrazamos, nos largamos a llorar y después a reír.
Ese día, sin saberlo, estábamos por construir un recuerdo hermoso, que nunca más íbamos a olvidar. Como todos los que vivíamos juntas, a pesar de los encontronazos y las diferencias.
Caminamos de la mano hacia la boletería. Mostramos las entradas, levantamos los brazos para que nos palpen, y justo en ese momento, escuchamos que el recital estaba empezando con nuestra canción preferida:
Qué le voy hacer
Tu vanidad no te dejó entender
Que en la pobreza se sabe querer
Quiero llorar
Y me destroza que pienses así
Y más que ahora te quedes sin ti
Me duele lo que tú vas a sufrir
Pero recuerda
Nadie es perfecto
Y tú lo verás
Por la aventura que tú ya tendrás
Será tu cárcel y nunca saldrás.

Un relato de Nina Ferrari
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