Ana Prada: “Mi pequeña trinchera son las canciones, la guitarra y el escenario”

Gentileza producción de Ana Prada en redes

Después de la pandemia, y de cómo nos fue atravesando, Ana Prada volvió a los escenarios, y luego de nueve años, sacó un disco como solista con canciones inéditas. La cantautora uruguaya sigue generando contenido que nos interpela, nos emociona y que expande a un continente que necesita la canción testimonial como escudo y como abrazo. Desde Sudestada, charlamos con Ana, que nos cuenta sobre este renacer, la crianza de su hijo Hugo y la posibilidad de volver a la Argentina que tiene un público que la sigue desde sus inicios. Nos contó de su nuevo disco llamado “NO”, de la lucha de las pibas, del negacionismo en Uruguay y de sus sueños que siempre son colectivos.

Por Jorge Ezequiel Rodríguez

¿En qué momento estás, Ana?
Estoy en un renacer, en una vuelta. Estoy en un momento muy emocionante, porque además de que quedé muy sensible con la pandemia, puedo sacar el primer disco después de 9 años, con canciones inéditas y como solista. La gente me preguntaba cuándo sacaba un disco nuevo, hubo un período que me lo hacían saber, después eso se fue apagando, y ahí me di cuenta que no podía dejar apagar esa llamita, ni siquiera en mí misma. En un momento llegué a pensar, no quiero, no tengo ganas, me dedico a otra cosa, la pandemia nos atravesó mucho, la soledad, el silencio, la incertidumbre, la falta de contacto con la gente y el no tocar en vivo, fue muy fuerte. Subir a un escenario te da esa cosa adrenalínica, que de alguna manera te va enviciando. Yo tocaba bastante seguido y de repente se cortó todo. El no hacer te da más ganas de no hacer, y el estar haciendo te estimula a seguir. Cuando terminó la pandemia me daba mucha pereza arrancar, y ahí apareció Pedro Alemany, que es el productor del disco, y fue una sucesión de cosas que se fueron acomodando para llegar a este disco. La pandemia se terminaba, Hugo, mi hijo, empezó el jardín, yo me quedaba en esas horas en lo de una amiga compositora para no volver a la chacra. Y ahí pensamos en alquilar algo, y pintó un lugarcito. Y el estar más cerca, me crucé con varias personas, como Camila Sapín, la compañera de Pedro Alemany, que incluso yo la conocía de chiquita. En Uruguay pasa esto, estamos a dos personas de cualquiera (risas). La cosa es que ellos habían armado un estudio, y comenzamos a tocar y grabar en un ambiente re lindo. Me dijeron de hacer un disco nuevo, y se dio todo para que eso suceda. Dejábamos a les niñes en el jardín y nos veníamos a grabar, trabajar en horario escolar. Cómo nos cambia la vida con las criaturas que es algo hermoso. Ya no me da el cuerpito para estar hasta las 5 de la mañana, tomando un vino, tocando, porque después me tengo que levantar temprano con Huguito. Es muy lindo ver eso y poder disfrutarlo, aprender a componer en otros momentos, de día, en horario escolar. Y lo logramos.

¿Qué nos podés contar del disco?
El disco se llama NO, son ocho canciones que todas empiezan con la palabra “No”. “No hay verdades”, “No quiero más soluciones”, “No sé cómo empezar”, y no necesariamente son canciones con connotación negativa. Cuando me di cuenta que cinco de las ocho canciones empezaban con la palabra “No”, comencé a desarrollar el concepto, preguntarme qué está pasando, por qué me gustaría que se llamara así el disco, y empezás a pensar en los “no” grandes, los “no” chiquitos, los “no” de la existencia humana, el enorme “no” que fue la pandemia, el “no” cotidiano de Hugo de su propio ser para poner un límite, diciéndole “no” yo a él. Y es parte de toda una introspección. No recuerdo quién era el autor, pero decía que “el No es la primera palabra de la libertad”, y me encantó esa frase. Considero que es así, primero porque te ayuda a individualizarse, a discriminarte del resto, poner límites, y está antes que el “sí”, que de alguna manera es aceptar todo. El “no” es frenar, entender que no querés más esto, que no es por acá, el no tener más miedo, el animarte, no le des bola a la gilada, no te paralices, el “no es no” tan importante y fundamental, que te respeten el “no”; es muchas cosas fuera de lo negativo. Para las mujeres, a lo largo de la historia, ha sido muy difícil decir que no. Y como históricamente la mujer estaba ligada a la obediencia, decir que no, es el primer paso para la liberación, para tu propio deseo, y no querer ser lo que creemos que el otro quiere que seamos, lamentablemente nos pasa mucho esto. Estas son cosas que se disparan por fuera del disco, que es un disco con canciones, no un tratado de filosofía. Hay varias canciones con Pata Kramer, tuve el honor que grabe un tema conmigo Jorge Drexler, y otro Natalia Oreiro, con la que además filmamos un video. Y fue una sorpresa muy grande poder compartir esto con ellos. Por más que Jorge es mi primo hermano lo que menos quería era molestarlo, imaginate con Natalia. Y eso tenía que ver con el autoestima baja del personaje artístico por culpa de la pandemia, Me costó mucho el arrancar porque sentía que los iba a molestar si les proponía esto. Sabía que me iban a decir que sí, pero cuando no te tenés fe te ves como el último orejón del tarro y ya ni siquiera pensás en llamar a nadie, pensás que justamente vas a molestar. Y pasó que compartí una canción colectiva, y Natalia Oreiro me escribió por privado en el Instagram, diciéndome lo copada que estaba con el tema que habíamos compartido, y le propuse grabar una canción conmigo para el disco. Y grabamos un video alucinante, fue hermoso todo. La profesionalidad, la capacidad, la bondad, la simpatía de Natalia es algo que valoro mucho. Y con Jorge Drexler, le dije si se animaba con un tema, se re prendió, y finalmente la grabó en España, fue uno de los últimos temas que grabamos del disco, y es un dueto tremendo. 

Y ahora estamos en plan de presentar disco nuevo, de volver al público de otra manera, y eso moviliza mucho. Estoy muy copada con este nuevo trabajo, y estoy como en un renacer, como la primavera.

¿Cómo te interpela la lucha de las pibas?
Es una lucha fundamental, y tiene un fundamento teórico, que si bien decimos “la lucha de las pibas”, viene de mucho tiempo atrás, de mujeres unidas por conseguir libertades y derechos, y las pibas tomaron esa lucha y la masificaron, es muy grande este movimiento. Es hermosa la sensación de sonoridad que nos pasa en la calle, por ejemplo cuando vemos una piba con el pañuelo verde en la mochila, y sabés que hay alguien ahí que está con vos, son señales, códigos, y claves. Esa red implícita se va ampliando. Y no es de ahora, es parte de la historia. Una vez leí que las mujeres chinas tenían un idioma y una escritura milenaria que solo conocían las mujeres, que es una escritura más conceptual, por decirlo de alguna manera, una raya con un punto, y cosas así, y a la vez es más espiritual. Esa comunicación secreta ha estado en la historia en distintas manifestaciones, quizás en un lugar se dejaban dos piedritas y era para decirle a la vecina que esa mujer quería hablar con ella. Siempre ha habido códigos secretos. La sonoridad, y entender el concepto de esto, es revolucionario. Cuando fue lo de la ley del aborto yo crucé para Argentina, no lo dudé, y toqué bajo la lluvia y el frío. Antes de ir les dije a la banda, “yo voy a ir a tocar, quien me quiera acompañar que venga”, y les aclaré que por supuesto no había un mango. Vinieron todos, los titulares, los suplentes, éramos como ocho arriba del escenario. Me siento afín al movimiento y agradecida. Es muy fuerte darte cuenta que cosas que tomábamos como naturales eran abuso, no estaba bien que yo me sienta con miedo de caminar porque podía pasar cualquier tarado a decirme cosas, a tocarme el culo, y no tener derecho a reaccionar porque me podía pasar cualquier cosa. Está claro que falta mucho todavía, incluso en la deconstrucción de hombres y mujeres, pero vamos por un muy buen camino y todos los avances son necesarios y fundamentales. Yo estoy criando a un varón y quiero que sea un buen tipo. 

¿Cómo ves el panorama latinoamericano?
Hablábamos de la lucha de las pibas, y también va de la mano con la lucha por los derechos, todas las luchas van de la mano, la ley de identidad, matrimonio igualitario, hambre y miseria en los pueblos, la ley de salud sexual y reproductiva. Y si bien hay muchos avances, el pueblo sale a las calles, también está la derecha que siempre va a querer cortar derechos. Y vamos como en avances y retrocesos, es una lucha permanente. El Estado debe estar para mejorar la vida de la gente y no de las empresas. 

¿Soñás con que llegue el día en Uruguay que se enjuicie a los genocidas y el negacionismo pierda la batalla?
Lamentablemente siento que esto es algo que no sé si lo vamos a poder lograr. Estamos logrando cosas, pero cuesta mucho. A las nuevas generaciones por más que les cuentes cómo fue la cosa, a muchos de los jóvenes no les interesa, y eso genera un dolor en el alma demasiado fuerte. A mí se me cierra el pecho por la injusticia, por los desaparecidos, ver que las Abuelas y las Madres se están muriendo ya, pasa el tiempo, y acá en Uruguay cuando tuvimos la oportunidad no lo hicimos bien, hay que hacerse cargo de eso. La izquierda, el Frente Amplio, no lo militó lo suficiente, se perdió esa gran oportunidad, y hoy te dicen “vamos a dejar eso quieto”, “no vamos a estar removiendo”, es muy difícil el panorama. Sin embargo, cada marcha del silencio que se hace acá es muy movilizante, cada año se suma más gente, yo voy siempre, incluso con Huguito, y se renueva la bronca, el dolor, la impotencia, y ver a los familiares caminando adelante con los carteles, cada vez más viejos, más tristes, y la gente atrás, 15 cuadras caminando en silencio, con un respeto profundo, y al final se pronuncian las palabras de cada desaparecido, y al grito de “Presentes” que te hace llorar y te remueve todo.

¿Tus sueños?
Son sueños colectivos. Sino soñamos en lo colectivo es imposible que individualmente te puedas desarrollar en la vida. Hay que comprender la necesidad de desarrollarse con otres. Y como sueños puntuales, es que las personas puedan entender esto, que podamos darnos cuenta que vivimos en un planeta que está vivo, que vivimos con un montón de especies, que estemos con mayor contacto con la naturaleza. Y que nos respetemos más, y que soñemos desde lo individual para aportar a lo colectivo. Está demostrado que desde lo solitario no conseguimos nada. Por eso me alisto a las luchas que considero necesarias y justas, y desde mi pequeña trinchera, que son las canciones, la guitarra y el escenario, poder comunicarme con las personas, y seguir aprendiendo. Cuanto más grande y más vieja estoy me doy cuenta de todo lo que no sé. Quiero seguir aprendiendo con los otres, para que vayamos hacia un lugar más sano, más justo, y fuera de la burbuja cerrada. 

Imágenes: Gentileza de Ana Prada

Compartí en tus redes favoritas

Leer anterior

En la peluquería

Leer siguiente

Sudestada en Quilmes, La Matanza y Escobar