Gustavo Yuste: “La ciudad te permite ser un turista perdido”

Recientemente publicada por Penguin Randon House, “Turistas perdidos”, es la última novela de Gustavo Yuste. Atravesada por el tópico de la separación, la escritura nos lleva a los lugares íntimos de una voz que cuenta esos días donde todo parece derrumbarse. El espacio interno, como así también el paisaje urbano, acompañan este relato que abre y cierra elementos tangibles, como cajas de mudanzas, como procesos de la propia existencia. En diálogo con Sudestada, pudimos conversar con el autor sobre su novela y la poesía que en ella habita.

Por Natalia Bericat

En tu novela se ven diferentes textualidades ¿Cómo fue la selección de estas tres partes? ¿Cómo fuiste pensando esta estructura? Hay mucha relación entre las cajas y lo textual…
Primero el texto surgió con cierta respiración de prosa poética y es con lo que más coquetea esta primera parte. Después se me terminó revelando como una novela, como una cuestión mucho más narrativa que poética. Entonces los primeros textos de prosa poética terminaron adoptando la forma de la caja, del espacio limitado. Hay una idea de caja que la propia novela va desarrollando: eso que no se puede terminar de abrir del todo. Entonces, esos primeros acercamientos a la historia, terminaron tomando esa forma en el primer capítulo, pero después en la segunda y tercera parte me atraía otro tipo de estructura que estaban bastante relacionadas con el texto.
Terminé decidiendo que cada una de las partes de la novela tuviera una forma de narración que dialogara con el momento que se estaba contando. La interrupción y lo cerrado en la primera parte, con cada caja textual. Luego, en la segunda parte, mucha más fluidez, pero interrumpida todo el tiempo, como cuando una pareja empieza a desmoronarse que son secuencias que se van dando entrecortadas. Y por último, el flashback del amor, la fluidez: una anécdota que se cuenta de principio a fin (no hay interrupciones, la historia avanza). Cada una de las formas terminó jugando con la falta del amor.

Hay como un doble movimiento, de lo que se abre y lo que se cierra. Juega un rol el espacio del adentro y del afuera..
Esta buenísima la pregunta porque me acaba de bajar una idea que no tenía. Hubo dos trabajos: uno que sí fue consciente, en la primera parte se juega mucho con el encierro y el protagonista hace esos esfuerzos de salir, de conocer el barrio y tratar de conocer un poco más, pero siempre termina volviendo a las casas cerradas. Hay algo de ese encierro que plantea esas cajas conteniendo esa vida que acaba de terminar y el encierro en el departamento. Esto de “estoy acá y no hablo ni con mis amigos ni con mucha gente, muy encerrado en mí mismo”. Pero sí fue inconsciente y que me disparó tu pregunta, es que la primera parte que termina siendo la última de la novela, se da todo en un espacio abierto, la mayoría.
No fue una decisión, fue pura inconsciencia. Desde el primer capítulo, quise jugar con la desesperación en el lector, eso de “esta persona no arranca más”.

Sí. Hay como una letanía en el texto. Es como que el tiempo está detenido ¿no?
Es todo lo que puede entrar en 2 o 3 días, en el fondo no termina pasando mucho más tiempo que eso. Cada noche queda bastante registrada. No llega a pasar una semana de que esa persona está en esa situación. Y parece que caben mil vidas, mil recuerdos. Cuando uno está muy encerrado en su propia cabeza genera eso, que pasa por muchos estados y capaz no te moviste ni dos centímetros de la silla y eso termina siendo agobiante. Ese tiempo contenido tanto en la cabeza, es el mismo tiempo contenido que está en las cajas. Por eso uno no se anima a abrirlas porque no quiere desarmar lo que en algún momento estuvo armado.

El título de la novela me llevó a lo urbano. Hay mucha presencia de algunas partes de la ciudad, puentes, plazas. Esto también está presente en tu libro de poesías “Electricidad” que publicaste con nosotrxs ¿Cómo interfiere en vos, en tu escritura, lo urbano?
En mi caso, es mi cosmovisión del mundo. Por ejemplo, en Italia estuvimos en un pueblo muy chico bastante tiempo, nos generó un contraste muy lindo, pero por otro lado extrañaba la ciudad, como alguien que nació en el mar y extraña el mar, alguien que nació en la montaña y extraña la montaña. En mi caso, haber nacido en la ciudad de Buenos Aires, residir toda mi vida ahí, extrañaba la posibilidad de manejarte sin que nadie te conozca. Para mi lo urbano me marca bastante mi manera de sentir.
Aunque en mi caso está entrecortado un poco con el mar. Desde que tuve un mes de vida me llevaron a donde estaba la familia veraneando. Estar en Barcelona no me es casualidad.
La urbanidad es una manera de sentir y de ver el mundo. Tomo un subte y estoy. Tomo un colectivo y estoy. Tomo un colectivo y me quedo atrapado en el colectivo. La ciudad te permite ser un turista perdido. Uno siempre se pierde, se desorienta. En un pueblo chiquito es difícil que te pase. A lo sumo podés perderte de otra manera. Acá de repente agarraste mal una calle y te desviaste 5 cuadras. La idea de ser un turista perdido la transito urbanamente. Otra idea que encierra el título es que todos somos turistas perdidos de nuestra propia vida, desde los sentimientos. Cuando sentimos algo lo hacemos más desde el desconocimiento que desde el conocimiento. Siempre vamos a ser ese turista preguntando o viendo el mapa. Nunca vamos a terminar de estar cómodos donde estamos.

¿Cómo fue el proceso de escribir esta novela? ¿Fue en pandemia?
Sí. Fue en pandemia y algo del encierro también está ahí. Fue inconsciente también. No hay metáfora al respecto. Tanto esta novela como la mía anterior, las pensé con mucho tiempo. Después el tiempo de escritura fue relativamente breve. Tengo mucho trabajo de pensar que es previo a sentarme a escribir. En la poesía tengo otros tiempos de trabajo, más desordenado.

¿Siempre tuviste la decisión de escribirla desde la primera persona? Ese “yo” que nos lleva directamente al interior, a una especie de caja interna…
Creo que en este caso se dio muy natural. Ahora que lo pienso la otra novela también es en primera persona. Son protagonistas un poco desorientados. Meter un narrador externo era no dar cuenta de eso. La idea es que los lectores y las lectoras también se pierdan con el personaje. Los sentimientos de ese protagonista aparecen de una manera más filosa, más directa.

Algo que me llamó la atención de tu texto es el tema de la puntuación. Me detuve ahí, como por ejemplo en el uso reiterado de los dos puntos. Creo que en el uso de la puntuación está todo.
Es un estilo propio. Ya me lo han dicho varias veces a lo de los dos puntos, sobre todo en mi trabajo periodístico. Hay que tener cuidado igual porque puede ser excesivo a veces. Los dos puntos ahorran mucho en el decir. A veces parece que después de los dos puntos viene una sentencia y me gusta romper con eso. Tomo carrera, pongo los dos puntos, y no la digo.

Gustavo Yuste nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, en 1992. Es Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires, periodista cultural y escritor. Colaboró para distintos medios como El Ciudadano (Chile), Revista Noticias, Perfil, Am750, Revista Kamchatka, el blog de Eterna Cadencia y es cofundador de la revista digital La Primera Piedra.
Publicó, entre otros los libros de poesía, La felicidad no es un lugar (Santos Locos), Electricidad (Sudestada) y Accidentes del ánimo (Santos Locos). En 2019 publicó su primera novela Personas que lloran en sus cumpleaños (Paisanita), en 2020 el diario de viaje El viento trae noticias. Postales desde Cuba (Entre Ríos), con edición en Argentina y España, y en 2021 el libro apto para todo público La fidelidad de los gatos (Mágicas naranjas). Turistas perdidos (Ediciones B, 2023) es su segunda novela publicada. En 2017 fue seleccionado en la Bienal Arte Joven Buenos Aires dentro de la categoría Escritores. Actualmente coordina talleres de escritura y lectura de poesía. 

*Podés conseguir todos libros de Gustavo Yuste en Librería Sudestada

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