Hasta siempre, Sara

Por Editorial Sudestada

Falleció Sara Rus, una enorme luchadora, Madre de Plaza de Mayo y sobreviviente de Auschwitz, cuando tenía apenas 12 años. Se vino desde Polonia, su país natal, y comenzó una nueva vida, pero en el 77 fue secuestrado y desaparecido por el terrorismo de Estado su hijo Daniel, que era físico nuclear. Un año antes, había ingresado a trabajar a CNEA, la Comisión Nacional de Energía Atómica, donde fue secuestrado junto a varios compañeros. Sara dedicó su vida por la lucha de la Memoria, la Verdad y la Justicia, no solo de Daniel, sino de los más de 30 mil, de un causa que trasciende y que es ejemplo para el mundo entero.

Hoy cierra los ojos pero continúa abriendo millones, como cada Madre de la Plaza, esas mujeres que partieron al medio a la historia, que enfrentaron a monstruos en tiempos en los que el silencio cómplice dominaba, el terror invadía, y los cobardes de uniforme las subestimaron justamente por ser mujeres, y tratándolas de “locas” para que ese mensaje se replique en el territorio. Pero las “locas” no frenaron ni un solo día, y el pañuelo blanco se estampó en un pueblo que no olvida y que lucha, más aún en los tiempos del negacionismo, los reivindicadores de genocidas, y los que dicen no estar “ni de un lado ni del otro”, pero escupen a diario su veneno. 

Hoy despedimos a Sara, con una historia muy fuerte, sentida y que todavía sangra. Duele, pero duele mucho más que otra de nuestras Madres después de tanta lucha, se vaya de este mundo con un gobierno nacional amigo de la Junta Militar y con los aprendices de genocidas en la Rosada. Pero acá un pueblo te abraza Sara, a vos, y a cada Madre de la Plaza, porque como ustedes nos enseñaron: la única lucha que se pierde es la que se abandona.

Hasta siempre, compañera.

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