La última noche de Patricio Rey

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota fue la banda que enseñó a decir que no. Fue lo más representativo a la independencia y siempre se mantuvo de espaldas a los placeres efímeros. La rotura de ese comando tripartito que formó el Indio Solari, Skay Beilinson y la Negra Poli, significó un vacío estético e idiosincrático. Lo que primero iba a ser un parate de un tiempo, terminó en una grieta que nunca más se pudo reparar. La traición, la copia de los videos, las vidas diferentes, las formas de vivir la música. El combo es grande y las preguntas todavía se acumulan. Ríos de tinta derramaron diferentes porqués, se aventuraron a cranear hipótesis, pero las respuestas apenas se aproximan. 

Por Gustavo Grazioli

En medio de ese amplio archivo, que busca seguir camino al corazón de las tinieblas ricoteras, aparece el libro que editaron Pablo Marchetti, Martín Correa y Humphrey Inzillo: La última noche de Patricio Rey. Entrevista con el Indio, Skay y Poli (Gourmet musical, 2021). Estos experimentados periodistas fueron protagonistas del último reportaje que dieron Los Redondos. Después de esa noche, sin querer, sin saberlo, llegó el fin. “¿Por qué ocurrió esa noche? Es un misterio. Los vimos reflexionar, emborracharse, reírse, en lo que parecía un encuentro de amigos. Fuimos testigos privilegiados de esas risas, en el caso del Indio, casi hasta el llanto. Y también los vimos y los escuchamos exponer sin vueltas ni conflictos sus grandes, enormes, abismales diferencias”, escriben sobre el final del libro.
El miércoles 30 de octubre de 2001, semanas antes de que el país estalle por los aires, Inzillo, Marchetti y Correa fueron hasta Palermo para entrevistar a Los Redondos. Con la excusa del show que iban a dar el 8 de diciembre en la cancha de Unión de Santa Fe, se encontraron con la plana mayor de Patricio Rey en el extinto Bar Onduras y mantuvieron siete horas de charla para la mítica revista La García. El reportaje en sí fue de tres horas y doce minutos, pero entre el parate para comer, la sobremesa y demás, el tiempo se estiró hasta la madrugada. El Indio fue el que tomó la posta esa noche y habló bastante. Skay hizo algunas intervenciones y Poli, de vez en cuando, repuso datos y su visión de algunos temas. 
Cervezas, pizzas y fernet fue lo que adornó la extensa noche. Los temas iban y venían: “Estamos tomando cerveza, diciendo boludeces y hablando del universo al bife”, definió el Indio. Posiciones musicales, las vidas de cada uno, filosofía, fútbol y política. En lo que respecta a lo musical, Solari aprovechó para explicar sus gustos por la música de edición y expuso la génesis de un universo que conecta con otro audio, con samplers y con la huella de lo que vendría después en su carrera solista.
En líneas generales se adelantó a la etapa actual que está atravesando la música y estableció algunos límites con el rocanrol ortodoxo. “No hay que confundir la música tecno, de discoteca, que es otra cosa. Eso existió toda la vida. La música electrónica incluye montones de subgéneros. Lo mismo que la cultura rock. La cultura rock es una cultura que se fagocitó montones de subgéneros. Yo creo que lo primero que está escapando de la cultura rock es esto, este sonido. Porque tiene otras características”. 
Alrededor de las 3 de la mañana llegó la hora de la despedida. Medios entonados todos, se saludaron. Inzillo, Correa y Marchetti compartieron un poco más de un cuarto del día con los responsables de la banda sonora de sus vidas. A lo lejos, mientras presenciaban cómo se iban abrazados el Indio, Skay y Poli, todavía no se procesaba aquel encuentro como el último. Para ellos, para todos, aún había Redondos para rato. Pero, como canta Jorge Serrano en la canción “Un osito de peluche en Taiwan”, aquella noche no fue más que “la calma que antecede al huracán”. 

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