Luca vive

Hoy, a 69 años de su nacimiento, recordamos a Luca como lo que fue: una esencia rebelde que no buscaba revolucionar nada a su alrededor. Vestía su hipersensibilidad como pocos y estaba lejos de querer ser el héroe de alguien. La única estructura que conocía era la de aquellos escenarios donde subía a cantar.  

Por Florencia Rad

Luca George Prodan nació un 17 de mayo de 1953 en Roma, Italia. Hijo de un padre turco con ascendencia italiana, rumana y austríaca y una madre nacida en China.
Radicado en Escocia estudió en uno de los colegios más prestigiosos, pero poco le importó eso ya que en su último año de escolarización abandonó los estudios escapándose del Instituto para recorrer Europa. Tenía 17 años y su personalidad descarrilada y libre de ataduras ya hablaba por sí sola. 
Se mudó a Londres y más tarde formó su primera banda, The New Clear Heads, con la que se presentó en algunos pubs y grabó un cassette donde aparece una de las primeras canciones escritas por él y que luego sería retomada con Sumo: “White Trash”. 
Luca llegó a la Argentina alrededor de los años 80 y conoció a Germán Daffunchio, cuñado de un amigo suyo, y a Alejandro Sokol, un vecino de éste. Unidos por la pasión musical comenzaron a componer temas y así, con Luca, Sokol en el bajo, Daffunchio en guitarra y Stephanie Nuttal, amiga inglesa de Luca que tocaba la batería, se lanzaron sin más a una discoteca en el oeste del Gran Buenos Aires para dar su primer concierto de Sumo. 
La segunda formación de la banda fue parida en Hurlingham. Prodan en voz, Daffunchio en guitarra, Sokol en batería y Diego Arnedo en el bajo. Luego, se unió Roberto Petinatto como saxofonista. En 1984, Sokol deja la banda cediéndole su lugar a Alberto “Superman” Troglio y Ricardo Mollo, amigo de Arnedo, se sumó con su guitarra. 
Entre 1985 y 1987 Sumo editó tres discos: “Divididos por la felicidad”, “Llegando los monos” y “After Chabón”. 

No sé lo que quiero pero lo quiero ya 
Rolo Gutiérrez fue a ver a Sumo por primera vez a sus 15 años. En comunicación con Sudestada, contó el primer contacto que tuvo con Luca Prodan: “El público de Sumo era la fauna más extraña que había visto en mi vida. No volví a ver otro tipo de gente como esta en otro recital. Yo era del heavy metal, no tenía ni idea qué era Sumo. Mi amigo Alfredo ya los había ido a ver algunas veces e insistía en que yo tenía que ir y ver eso. Pasaron muchos meses hasta que decidí acompañarlo. Estábamos esperando que la banda salga a tocar y de golpe aparece un pelado y me dice, enojado, ¿vos qué haces acá siendo tan chiquito? Le explique que venía a ver a una banda que se llamaba Sumo y me preguntó si estaba buena la banda. Cuando le quise responder me interrumpe y me dice: ¿vos leíste a Borges? Lo miré extrañado y le respondí que no. Luca me dijo: Yo viví en Londres y me leí todo de Borges, vos sos argentino y no lo leíste nunca. Anda a tu casa y cultivate. 
Además, sostuvo que Sumo era incalificable y jamás fue reconocido hasta que Luca falleció. Tocaba como si hubiera 40 mil personas y no había ni 40. “Esa noche, después del recital no pude hablar más, el lunes fui al colegio y estaba como ido. Era demasiado extraterrenal lo que se vivía en cada show. Luca vivía a una velocidad meteórica y nunca hacía de él. Luca no era un personaje, así era él. Nunca vi un recital de Sumo igual a otro. Más allá de su antinomia, de su amor por la vida y por la muerte, era muy sabio. Él tenía eso de desdibujarse a sí mismo, de desmitificarse. Una vez Sumo tocó en una especie de boliche, y el que se encargaba de poner la música había puesto Mejor no hablar de ciertas cosas. En eso sale Luca y le dice: ‘sacá esa mierda’. Y comenzó a cantar”. 

Si podrías definir a Luca en una palabra ¿cómo lo definirías?
Yo creo que Luca fue y será un aglutinador. Una persona que acumulaba gente y lo hacía para hacer el bien, para dar amor a través de su música. Él decía que lo más importante era el amor. 

Y así sigue siendo. Luca se volvió un ícono de la cultura del rock nacional. Murió a sus 34 años, un diciembre del 87 tras sufrir un paro cardíaco debido a una hemorragia interna causada por una cirrosis hepática. Sin embargo, vivió su corta vida como quiso, sin pedir permiso y con su sentido de la libertad a flor de piel. Sembró la semilla de sonidos irreverentes y desafiantes. No buscaba en absoluto convertirse en una leyenda, pero de todas formas, lo logró. 

Compartí en tus redes favoritas

Leer anterior

Entre filtros y prejuicios, el mandato de belleza en la actualidad

Leer siguiente

Natacha Jaitt: No tan sola contra el mundo