Bioceres busca imponer su trigo transgénico en toda América Latina

Tras obtener permisos parciales en Colombia y Brasil, aceleró negociaciones en Uruguay, Paraguay y Bolivia. También apunta a México mediante una alianza con un ex Jefe de Gabinete de López Obrador. Y evalúa el escenario en Perú y Ecuador. La “Monsanto argentina” busca masificar su OGM resistente a un herbicida 15 veces más tóxico que el cancerígeno glifosato.

Por Patricio Eleisegui

Tacha países en el mapa y va por más. El plan, funesta imitación doméstica de aquella Monsanto hoy propiedad de Bayer, es abarcarlo todo. Y lo más rápido posible. Algo de ese objetivo se está cumpliendo: desde la liberación comercial del 7 de octubre de 2020 a esta parte, Bioceres ha obtenido luz verde para la colocación –con avales que varían según el país– de su trigo transgénico HB4 en Colombia, Brasil, Nueva Zelanda, Australia y, por supuesto, la misma Argentina. A fines de junio la empresa de origen santafesina, dueña de un respaldo y una promoción gubernamental como no se veía desde los tiempos del menemismo y su affaire con, justamente, Monsanto, avanzó otro paso rumbo a una de sus prioridades económicas: colocar el organismo genéticamente modificado (OGM) en Estados Unidos. 
La local Administración de Alimentos y Medicamentos –FDA, sus siglas en inglés– informó que la semilla sorteó con éxito su nómina de requisitos. Y ahora sólo resta el aval del Departamento de Agricultura del país norteamericano para la aprobación completa del uso, siembra y consumo del transgénico resistente al glufosinato de amonio –herbicida 15 veces más tóxico que el cancerígeno glifosato– en ese territorio.
En Bioceres, Hugo Sigman, Gustavo Grobocopatel, Héctor Huergo y Federico Trucco –accionistas de peso y CEO de la firma, respectivamente– se relamen. Claro que la ambición no se agota en el inminente desembarco en los Estados Unidos: la compañía ya negocia con las autoridades regulatorias correspondientes para promover la siembra del HB4 en Uruguay, Paraguay y Bolivia, la comercialización de harina a base de ese cereal OGM en Chile –que importa desde Argentina el 60 por ciento del trigo que consume–, además de cerrar tratos con firmas que podrían abrirle el mercado de México. 
Asimismo, Ecuador y Perú también aparecen en el radar de posibilidades dado que adquieren de Argentina gran parte del trigo que requieren fronteras hacia adentro. Si bien mantienen regulaciones que vetan la siembra de transgénicos, lo cierto es que la habilitación para el cultivo del HB4 en la misma Argentina podría implicar el ingreso del OGM a partir de la contaminación de cargamentos importados.
Prácticamente el 50 por ciento del trigo que Perú compra en el mercado internacional proviene, justamente, de la Argentina. Por el lado de Ecuador, la producción local sólo alcanza para abastecer el 1,13 por ciento de la demanda molinera de ese país. Junto con Canadá y Estados Unidos, Argentina está en el podio de los principales abastecedores de trigo a esa nación. 
Estos movimientos tienen lugar mientras, ya dentro de nuestra geografía, el Juzgado de Responsabilidad Penal 2 de Mar del Plata acaba de prohibir la comercialización del trigo transgénico HB4 en provincia de Buenos Aires. La Justicia fijó, vía una cautelar firmada por el magistrado Néstor Salas, un freno a la expansión de la superficie sembrada y el uso de este tipo de semillas para la investigación en campo.

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La movida en Uruguay
La estrategia de Bioceres para imponer su trigo transgénico en la región reposa mayormente en la presencia expandida de Rizobacter, firma que la santafesina pasó a controlar a fines de octubre de 2016 y que al día de hoy exhibe presencia comercial en más de 40 países. 
Fue a través de ese nombre que Bioceres elevó en mayo de 2019, y ante las cúpulas de funcionarios de carteras como Ganadería, Agricultura y Pesca, Salud, Economía y Finanzas, y Relaciones Exteriores, entre otras, el pedido para efectuar ensayos a campo en Uruguay.
El expediente que generó el pedido ante las autoridades orientales guarda detalles clave respecto del transgénico e incluso aporta detalles de su evolución en la Argentina. Por ejemplo, expone que los organismos reguladores de nuestro país aprobaron los ensayos a cielo abierto con el HB4 durante el año 2007. 
En un apartado, la Oficina de Bioseguridad uruguaya señala que, además de la inmunidad al mortífero glufosinato de amonio, el trigo transgénico de Bioceres presenta secuencias genéticas que generan resistencias no declaradas por el desarrollador. 
“En cuanto a los aspectos moleculares, el grupo GAHCIM (caracterización e identificación molecular) identifica la presencia de otras secuencias además de los genes de interés, entre las que se hace notar el gen bla que confiere resistencia a antibióticos ß-lactámicos como ampicilina”, se señala en el informe.
En el trabajo también se expone que representantes del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente y el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) advirtieron sobre riesgos al momento de habilitar los ensayos a campo abierto. Los técnicos del IILBCE convocados, precisa el informe, informaron de “un riesgo medio asociado a la realización de los ensayos de investigación” incluso “con condiciones controladas de bioseguridad”.
Sin embargo, el lobby de la “Monsanto argentina” pudo más y el 1° de septiembre de 2020 el Gabinete Nacional de Bioseguridad autorizó “a la empresa RIZOBACTER URUGUAY S.A. la realización de ensayos a campo de Evaluación Nacional de Cultivares realizados por INASE, de trigo con el evento HB4-PAT”. Lo que viene, según reconocen en las filas de la misma Bioceres, es una aprobación comercial que ocurriría antes de que concluya 2022.

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La mira en Paraguay y Bolivia
Es también a través de Rizobacter que Bioceres negocia para iniciar la siembra del HB4 en Paraguay. En 2018, pidió autorización a la Comisión Nacional de Bioseguridad Agropecuaria y Forestal (CONBIO) –dependiente del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) paraguayo– para una liberación del OGM que empezaría a allanarse tras el aval en la Argentina y el visto bueno casi total cosechado ahora en los Estados Unidos.
La empresa santafesina ya abrió una puerta para la imposición del trigo a través de otro producto de su línea resistente al glufosinato de amonio: la soja HB4. Habilitada un año antes, la semilla comenzó a sembrarse en Paraguay en 2020 a partir de un convenio rubricado entre el local Instituto de Biotecnología Agrícola (INBIO) y Verdeca LLC, compañía originada a partir de una alianza entre Bioceres y la estadounidense Arcadia Biosciences.
Desde INBIO reconocen que la soja HB4 hoy prolifera en lotes sembrados en los departamentos de Alto Paraná, Itapúa, San Pedro y Boquerón. “Los planes son que para la campaña 2024/2025 el INBIO pueda lanzar al mercado algunas de las variedades que tienen el evento HB4 y para eso se está realizando el mayor de los esfuerzos. Se están haciendo dos campañas por año, para acelerar el proceso, principalmente de los primeros pasos”, anticipó Estela Ojeda, gerenta general del instituto.
En simultáneo a estas tratativas en Paraguay, Bioceres gestionó un pedido de evaluación de sus eventos HB4 ante el Comité de Bioseguridad Alimentaria de Bolivia. En sociedad con la local Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO), la compañía procura hacerse con un permiso inicial para la soja que incorpora esa modificación genética. El paso siguiente será solicitar luz verde para su trigo OGM.

Grain Food Group


“El mes anterior ANAPO ha hecho la solicitud y se tienen que cumplir las evaluaciones respectivas, tanto ambientales como económicas y de inocuidad. Si se cumplen los requisitos establecidos por el Comité de Bioseguridad no tendríamos ningún inconveniente. Si (el evento) va apoyar a incrementar y garantizar la alimentación de los bolivianos, se emitirá la norma que establece la Constitución”, informaron fuentes del organismo boliviano vía declaraciones divulgadas por la prensa local a fines de junio.
Jaime Hernández, gerente general de ANAPO, expuso recientemente detalles adicionales ante medios bolivianos: “A partir de 2019 comenzamos las gestiones con las empresas obtentoras de las tecnologías HB4 e Intacta, Bioceres y Bayer, respectivamente, para que se animen a preparar la información técnica para respaldar la solicitud de este año”. El trigo está entre los eventos transgénicos que el Comité de Bioseguridad Alimentaria evaluará en meses sucesivos.

También interesa México y ya hay aval en Colombia
En febrero del año pasado, la dueña del trigo transgénico firmó un convenio con Nature Source Improved Plants (NSIP) para profundizar la difusión de la línea HB4 en Norteamérica. Si bien la segunda cuenta con oficinas centrales en Nueva York, Estados Unidos, lo cierto es que la dirección ejecutiva de NSIP corre por cuenta de Alfonso Romo Garza, ex Jefe de Gabinete de Andrés Manuel López Obrador, actual presidente de México, entre 2018 y 2020.
“A través de una de las compañías de su emporio, Nature Source Improved Plants (NSIP), Romo viene de asociarse en febrero pasado con la empresa argentina biotecnológica Bioceres, dirigida por Federico Trucco, en un acuerdo de investigación y servicios”, publicó DiarioAR en marzo también del año pasado.
La alianza con Romo Garza acerca a Bioceres la posibilidad de acceder a México más allá de que ese país mantiene un veto –por demás de poroso, por cierto– a la distribución y siembra de semillas transgénicas. Los OGM ya ingresan a esa nación vía contrabando y a través de productos como el maíz que la industria de los comestibles mexicana adquiere de organizaciones agrícolas estadounidenses para la elaboración de harinas. 
Con la posibilidad concreta de que Estados Unidos libere por completo el trigo HB4, la “Monsanto argentina” accedería al mercado mexicano a través de dos vías: en principio, por efecto del vínculo comercial entre ambos países de Norteamérica y la injerencia de NSIP para consolidar la ruta comercial del transgénico a un lado y otro de la frontera. 
Luego, mediante los embarques de trigo que la misma Argentina envía a México –segundo proveedor de ese mercado– dado que, reconocen en el sector molinero doméstico, la aprobación de siembra realizada por el gobierno de Alberto Fernández en mayo pasado originará, más temprano que tarde, la contaminación de todo el cereal con el OGM. 
La hoja de objetivos cumplidos de Bioceres tiene a Colombia en la nómina de países que rápidamente abrazó la salida comercial del HB4. A fines de diciembre de 2020, y a través de la resolución 082350, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) autorizó a Rizobacter a comercializar el trigo transgénico “para consumo directo y/o como materia prima para la elaboración de alimentos para animales domésticos”.

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Colombia hasta se anticipó a Brasil en la aprobación de la manipulación de laboratorio que vende Bioceres. El gobierno de Jair Bolsonaro espero hasta noviembre del año pasado para otorgar el permiso de compra de harina basada en el trigo HB4. En Bogotá, en cambio, primó el apuro de los organismos oficiales por intentar imponer que el transgénico resulta “seguro”. Esto, a menos de dos meses de establecida en Argentina una autorización inicial para el OGM –comunicada el 7 de octubre de 2020– y cuyo cumplimiento recién se formalizó a mediados de este año.

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