“El feminismo para mí es una posición desde donde mirar el mundo”

Sofía Calvo es Licenciada en psicología y recientemente publicó por Editorial Sudestada su primer libro “La generación de Cristal”. Estas páginas, que podemos pensarlas como una caja de herramientas para las nuevas generaciones, presentan un inventario que recorre los diferentes mandatos por los cuales pasamos a lo largo de nuestras vidas. La familia, la sociedad y los vínculos son un punto de anclaje desde donde la autora construye este libro. En diálogo con Sudestada nos contó, sobre el proceso creativo y los desafíos que se vienen a partir de la publicación de su primer libro.

Por Natalia Bericat

A partir de este libro iniciás tu camino como escritora ¿Qué significa esto para vos este nuevo paso?
Es un montón el hecho de nombrarse una como escritora. Al no estar habilitada con un título que diga “soy escritora”, a veces une tiene esa cosa protocolar de decir no sé si me puedo llamar así. Escribo desde que tengo 8 años. Es la relación más larga de mi vida la escritura. Tuve épocas y períodos, pero materializarlo ahora, tener un libro en papel, tenerlo en mis manos es materializar 21 años de sueños. Para mí es una total locura.

Llama la atención el título, “La generación de cristal” ¿Cómo nace ese título?
El título fue lo primero que escribí. Fue la puerta de entrada al libro. Agarré un término que por lo general se usa de manera despectiva. Se refiere a que supuestamente es la generación que se enoja por todo o es muy frágil, que cualquier cosa lo influye, lo lastima o le duele. Sí, estamos orgullosos y orgullosas de poder ser esa generación que de repente muestra esa fragilidad, que no la esconde. Aprender a mostrar nuestras fragilidades, en algún punto, significa aprender a poner límites si alguien me hace sentir que lo que yo soy o lo que yo deseo está mal. Yo tengo que poder decir que eso me afecta, cómo me afecta y defender mi postura.
A veces no es tan fácil enfrentar una familia o una sociedad que se encarga de hacernos sentir todo el tiempo que estamos errando y que tenemos que ser de determinada manera, que el molde en muy chiquito y tenemos que entrar todes y si no entramos estamos haciendo las cosas mal. La fragilidad de nuestra generación nos llevó a pelearnos con quienes teníamos que hacerlo para tener los derechos que hoy en día estamos obteniendo. Nos falta un montón, pero si fuimos alcanzando un montón de cosas. Celebro esa fragilidad porque empezó a abrir ese límite. Mi libertad está acá. No te voy a permitir transgredir, hasta acá te puedo soportar y hasta acá no. Cuando no mostramos la fragilidad o soportamos demasiado, tienen un peso muy grande en el padecimiento subjetivo o bien lo transformamos en ira, en depresión, en ansiedad. Nunca está bueno bancarse cosas que vienen de afuera y que nos afectan. Tenemos que defender lo que somos y los pensamientos que tenemos. Creo que esta generación es la que más mostró esa fragilidad. Pero no hablo de esta generación como la mejor, única e insuperable, no. Hay un montón de cosas que esta generación se tiene que poder plantear para seguir avanzando y si estamos donde estamos hoy en día es gracias es a que un montón de personas de otras generaciones lo hicieron con toda la sociedad en su contra.
El tema de los mandatos… hay una parte del libro que abre el interrogante “¿cuánto de lo que sos y de lo que hacés realmente lo elegiste?”. Me parece interesante pensar en tu libro como una caja de herramientas ¿Lo pensaste así?
Ojalá sea así. Mi intención nunca fue dar respuestas. Mi punto es más que nada generar ciertas preguntas, repensarse. Me interesa mucho que este libro genere preguntas, que alguien me diga “me quede pensando tal cosa”. Si eso pasa está logradísimo, el libro funcionó. Es lo que más me importa.
Lo más paradójico con el libro es que cuando lo empecé a escribir fue como un vómito de información que tuve. Así soy, empiezo algo y lo termino. Mientras lo escribía, pensaba desde la macroestructura a lo mínimo. Empiezo desde la sociedad, que nos atraviesa y que hay que situarse, luego voy a la cuestión familiar, ese pilar inmenso, y luego la cuestión vincular. La familia es el origen desde que somos niñes, niñas. Vamos creciendo hasta que en un punto nos empezamos a replantear los vínculos y es un duelo muy zarpado que se hace en la adultez. Nos preguntamos si es el lugar donde nos sentimos bien, si es la familia que elegimos y empezamos a apoyarnos en otros vínculos. A veces encontramos la familia en la familia de una amiga, un amigo. A veces encontramos la familia en una amiga, en un vecino o vecina, en una maestra, pero la familia inicial es algo en lo que siempre debemos trabajar y hacer un balance de cómo me influye, cómo me quiero vincular, si quiero seguir dependiendo o no. Ciertos vínculos en la adultez son super importantes porque son una forma de salir de lo que ya se nos había impuesto, porque son personas elegidas. Y luego terminé el libro con cuestiones más personales que me interesaban a modo informativo, de términos, para dar un repaso por la ESI para llegar a lo más personal, para poder procesar su propia subjetividad.
¿Cómo trabajaste los casos particulares? Hay un laburo interesante con la identificación y la empatía…
Los casos que tomé son casos reales que tuve en el consultorio. Sentía que servían para generar identificación. Uno cree que tiene que rendir en la facultad, la cantidad de padecimiento que genera y alguien cree que le pasó solamente a ella o a él, las presiones, los finales. Otro caso tenía que ver con las preocupaciones de un chico con su primer debut sexual y pude explicar que hay detrás de eso. Hay casos que no siempre salen bien. Los elegí porque detrás de esos discursos mucha gente va a poder decir que no es la única. Cuando alguien pone en palabras lo que le tocó atravesar, de repente a otras personas les puede resultar más fácil enunciar que están atravesando lo mismo. Esos casos apuntan a eso, a que la gente diga no estoy fallada, no hay algo mal en mí, hay otras personas que atraviesan lo mismo. Es una forma de encontrar consuelo, soporte o impulso y a través de la terapia poder salir de eso. Realmente la capacidad que tenemos de poder sacar de adentro cuando nos damos cuenta que hay alguien más que está pasando por lo mismo, es muy sanadora. Lo que pasó con Thelma Fardin por ejemplo, ella fue un ícono en ese momento y hasta el día de hoy, ojalá que sepa la cantidad de efecto que tuvo. Eso quise lograr con esos casos.


Sí. El caso de Thelma y de tantas otras mujeres que se animaron a hablar nos cambió a todas ¿Qué cambió el feminismo en tu vida?
Quiero aclarar que el feminismo no es solamente la lucha de la mujer contra la violencia de género. El feminismo para mí es una posición desde donde mirar el mundo. No se trata de odiar al hombre y de querer que se extingan. Se trata de construir una sociedad justa, simplemente eso. Que ser mujer no sea un factor de riesgo: a eso apunta el feminismo. Quisiera muchísimo que hombres cis género puedan leerlo y preguntarse un montón de cosas, porque también nombro el sufrimiento que tienen causado por el machismo. Todes somos víctimas del machismo. Obviamente que las mujeres sufrimos los efectos mucho más devastadores, básicamente no se muere un hombre por una cuestión de género cada 24 horas. Nosotras estamos en completa desventaja. En mi caso, me costó muchísimo en lo personal. Fui la primer feminista en la familia, de hecho mi papá y mi mamá tenían una postura super patriarcal en un montón de aspectos. Si bien mi mamá me dio esto de ser una mujer fuerte, independiente, nunca dejarme pisotear, ambos intentaron deconstruirse en el camino cuando yo iba dando mi punto de vista. El feminismo me abrió los ojos a preguntarme cosas que me dieron mayor libertad. En la ética me considero una profesional que va por la perspectiva de género y eso me parece muy valioso.

Podés conseguir el libro de Sofía Calvo en Librería Sudestada

Compartí en tus redes favoritas

Leer anterior

Bioceres busca imponer su trigo transgénico en toda América Latina

Leer siguiente

“Siempre hubo diversidad dentro del tango, pero fue tapada”