Daniel Buira: “el tambor es el primer instrumento del ser humano”

Foto @caroderumba

Daniel Buira es baterista y percusionista. Forma parte, como músico fundador, de la banda Los piojos y es el creador de la Escuela de Percusión La Chilinga desde 1995. Dani participó, junto a otros músicos de casi 100 discos. Actualmente vive en El Palomar y desde allí tuvimos la oportunidad de charlar con él sobre sus orígenes y el enorme crecimiento que hoy tiene la Escuela que dirige.

Por Natalia Bericat

Quería arrancar por el origen de La Chilinga. Siento que hay como una onda sonora que se empezó a expandir cada vez más. ¿Cómo fue el inicio de eso que arrancó y que hoy se va ampliando en diferentes lugares?
Arrancó en 1995. No había nada de tambores. Es más, no había lugar donde comprarlos. Yo me acuerdo que cuando iba a Brasil era el momento en que traía tambores para acá. Y me contacté con un amigo que era zinguero. Y dije, “mira, hacé esto, pero hacelo de esta manera. Vamos a probar así, así”. Y así empezamos. De hecho, yo le pedí que los haga de una manera que no sea como los brasileros. Quería tratar de buscarle un sonido diferente, un poco más grave. Me imaginaba que el sonido al sur tenía que ser más grave. Cuanto más al norte es más agudo el sonido. El calor y el frío. Más graves y más cortitos. Así salió un sonido bastante propio, diferente al tambor de Brasil.
De ahí comenzó un mundo de tambores que hasta el día de hoy siguen siendo una sorpresa. Los tambores se fabrican, siguen siendo diferentes. Antes de eso no había nada. Era sorpresivo y el éxito estaba en lo que la gente veía. No eran negros los que tocaban, no eran brasileros, no eran uruguayos. Era la familia, era la tía, era el vecino, era el kiosquero. Entonces la gente se quedaba como con sorpresa. “¡Ay yo quiero, yo quiero!” Y fue fuerte desde el primer momento eso. Esta bueno decir que fue una realidad fuerte en ese momento. Yo tenía mucha relación con el comienzo de HIJOS, que empezó también en ese mismo año.

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Claro. La época de los escraches…
Sí. Fue en el mismo año. En el 95 se armó la agrupación. Yo tenía relación con un par de chicos del MST, y el PTS, un par de partidos que yo no militaba pero estaba. Y se armó y en los primeros escraches me dijeron, “dale, trae los tambores”. Y yo todo contento y al llegar a los escraches se me fue la risa. Fue tipo ¡Ah! ¿Qué pasó? Y ahí como que enseguida se tiró una orientación. Y como que enseguida toda esa gente que venía, el kiosquero y todo, cambió el rumbo y empezó a venir toda la gente con un pensamiento que era más real, más de la realidad que estábamos viviendo en ese momento. No era tan político, era más real. Era más de derechos, era más estar en la realidad. Era una época que era muy difícil estar con el gobierno.
Los 90 fueron muy difíciles. Un poco como ahora, muy parecido. Y donde tenías miedo a que te saquen el tambor, miedo a que te lleven, miedo a que te prohíban tocar en algún lugar. Era todo así, era todo miedo. Entonces, andábamos siempre juntitos, nos íbamos juntos. Era jodido. Entonces como que ahí nace la escuela, por esos momentos aparece un programa nuevo, novedoso en la tele, que era El Aguante. Pero también tenía mucho de calle, era como lo subversivo de la tele y nosotros le hicimos la música y aparecíamos todo el tiempo ahí. Entonces eso y los escraches y Los Piojos con Verano del 92 le dio una identidad al toque a La Chilinga, que fue ese camino desde ahí en adelante. Hubo montones de momentos donde la escuela podría haberse tropezado, podría haber agarrado otra ruta, podría haberse descarrilado. Sí, montones. Pero no era la intención y por suerte yo tenía la cabeza fresca en eso, no me interesaba nunca, qué sé yo, meterme en esa. Las caravanas de Duhalde me habían ofrecido 80.000 pesos, en ese momento era un montón de plata, y no, yo sabía que se me iba a disolver la escuela.

Buena lectura. Pensemos lo que pasó después con Darío Santillán y Maxi…
Ni hablar…Llovían cosas así, de ese estilo, o programas de radio para que hagamos las continas, o también Tinelli, Mirtha Legrand, Susana Giménez, que nos invitaban a la tele. Y mi propuesta era diferente, o sea, lo que yo les pedía para ir a la tele no encajaba con lo que ellos hacían, y no íbamos. Y un grupo de chilingos siempre se quejaba porque todo el mundo iba y nosotros no hacíamos nada, y bueno, pero un poco yo tenía la idea de que no. Ya van 28 años y la escuela sigue más viva que nunca, si vas con la verdad, no hay con qué darle, es así. Siempre se mantuvo esa línea en la escuela. Costó un montón, porque un montón de profes y alumnos también han cuestionado cosas de ese estilo, y “por qué no vamos ahí, por qué no hacemos esto”.

Donde esta La Chilinga está el pañuelo de las Madres ¿Cómo se preparan para este 24?
Como todos los años. Yo ya estoy hablando con las Madres, con  Tati, hay una relación ya de familia. O sea, La Chilinga ya entró, ya está, ya es parte de la familia. Y además, sabés que son organismos muy difíciles, no es fácil. Pero somos familia, cuidamos a Las Madres, fuimos seguridad de Madres muchas veces, ya en la época donde a mí ya me empiezan a amenazar, ya empiezan a venir autos a la puerta, a esperarme, a vigilarme. Es muy loco eso, es muy bizarro ¿Porque a mí que me pueden sacar?

Sí, bueno, pero es muy fuerte lo que se genera. Vos estás dirigiendo algo que es bien popular y eso molesta
En marzo fuimos una de las organizaciones, de esas 500 organizaciones que fueron escuchadas, y en esa época nos han entrado a robar, y nos han robado solo las computadoras, nada más. No nos han llevado ni una guitarra, ni un equipo de audio, solo los CPU.

Claramente se trata de persecución…
Claro, se han llevado los CPU de las sedes, y ahora ya empieza eso, ¿viste? Esa vigilancia donde ya es un poco graciosa, para mí es un poco graciosa.

Me parece clave lo que ustedes hacen. Empezar como a mostrar y a visibilizar que hay un montón de organizaciones populares. Hay un montón de gente que milita desde la cultura, que está buenísimo poder visibilizar…
Volviendo un poco para atrás. Entonces todo arrancó ahí en el 95 y vos en paralelo todavía estabas en Los Piojos ¿Cómo fue vivir esas dos experiencias juntas?

Y yo terminaba de tocar en Atlanta y al otro día tocaba en la vereda del Posadas. Y era más fuerte todavía, o sea, me ponía más nervioso porque las distancias eran muy cortitas. Yo trataba de que no me sacuda la multitud, la fama, eso no, te pega. Pero no. Ese año me tome el tren para ir a mi casa, me puse la capucha, con mi novia en ese momento y me tome el tren. Después me arrepentí. Pero porque era difícil estar en La Chilinga y estar en Piojos en ese momento.

Sí, aparte fue el momento de los Piojos con más auge. Tercer arco escuchándose en todos lados…
Sí, yo necesitaba volcar la percusión en algún lado, o sea, en Los Piojos ya no podía meter más nada. Los pibes me decían, “ya está, que más querés hacer?. Nace como un proyecto de divertimento, pero enseguida cambio, enseguida se hizo una realidad.

¿Te acordás cuándo fue la primera vez que te conectaste con los tambores?
No, no mucho. Yo me acuerdo que en el 91, cuando fuimos a Francia con Los Piojos, fue ver a grupos africanos, tocar con ellos y ver que tocaban entre el público, vos pensá que no había internet, entonces no conocíamos nada de eso, nada. Acá no había venido nunca un grupo africano, entonces no sabíamos lo que era. No sabíamos nada de eso. A lo sumo un cassette que te llegaba. Conocía a Santana, que tenía un poquito de percusión.. ¿Y qué más? Tito Puente, pero diez personas conocían a Tito Puente, y después no había más nada. No había nada. Y llegar y ver esos grupos de percusión que comenzaban arriba del escenario y terminaban abajo, los tambores. Todo eso me cambió la vida, directamente. Me cambió la vida.

Después que te vas de Los Piojos igual tuviste la experiencia de estar con un montón de grosos y grosas, Estuviste en un montón de bandas, ¿Cómo fue tu experiencia?
Sí, creo que es parte de todo lo que es el placer de hoy. El otro día grabé un disco con una gente amiga que me decía qué es mi disco 101. Hubo épocas que necesitaba comer y grabe mucho. Pasé por muchos estudios: Mercedes Sosa, Calle 13, Pedro Aznar, tantos…

La experiencia con Calle 13, el que los nombren en la canción, fue como un boom, ¿no?
Eso fue porque cuando escucho el demo, antes de que salga, René nombra a Rubén Blades. Y yo digo, “ché, nombrás a Blades y no nos nombrás a nosotros”. Dice, “tenés razón, tenés razón. Ya lo meto”. Y al otro día me manda el demo con La Chilinga incluida.

Justo fue que explotó Calle 13 en ese momento con Latinoamérica y La Perla...
Yo me hice muy amigo de Ismael y de Ileana. Ismael es baterista y la hermana de René es la cantante. Vinieron acá, estuvieron en casa, acá en la placita. Acá cuando todavía no eran conocidos. Los llevé a la sede, que conozcan la sede de la escuela. Yo tengo mucha relación con ellos dos vi su trayectoria, cómo crecieron. Es una re-banda. Ellos eran percusionistas antes de Calle 13, eran una banda de percusión,  hacían samba y pudimos grabar con ellos. Pudimos grabar con Pedro Aznar ,con tantos, con Vicentico, con un montón.

Pensaba esto de cómo uno se nutre de los otros ¿no? En lo que hacés hay un montón de géneros dando vueltas. Está lo afro, está la murga. ¿Cómo te vas nutriendo de eso?
La Chilinga tiene eso, vos viste el show del otro día en el Condon Club. Ese show me quedó como entre los diez mejores shows de La Chilinga de mi vida ¿Qué tiene ese show? Tiene alumnos nuevos, alumnos viejos, gente grande, gente chica, profesores viejos, profesores nuevos. Cuando vos hablás de gente grande, toca con una sensibilidad de una persona de 60, 70 años. Toca ya con una historia de vida cargada, donde nosotros no les enseñamos técnica, no les enseñamos a decir “esto se toca así”. Solo dejamos que toquen como quieran. Al dejar que toquen como quieran, estás largando tu sensibilidad. Las cosas que vos querés decir las estás largando ahí en el tambor. Nosotros solamente ordenamos el toque, el ritmo. Entonces, un samba reggie que es de origen brasilero no va a sonar nunca a brasilero porque no le decimos cómo tiene que tocar la técnica. Entonces va a sonar argentino porque está cada uno tocándolo a su manera. Entonces no va a haber nunca un grupo que se parezca a La Chilinga. Te pasa que estás casi a la par de ellos tocando. Y encima de eso los Chilingos, cuando termina algún toque, aplauden como si te estuvieran aplaudiendo a vos.

Sí. Te hacen parte, es bien colectivo.
El chiringo termina el toque y aplaude. Es tremendo eso. ¿Cómo lo explicas? Aplaude a la gente por estar ahí. Nunca vas a ver un artista que termine un toque y aplauda. Es raro. Eso pasa en La Chilinga. O sea, esa mixtura del médico, el chico que vende chocolates en el colectivo, el profesor de Educación Física, la psicóloga, todos tocando juntos y cada uno alargando su vida, hace que suene a Chilinga. Y el otro día eran casi 80 tambores haciendo eso, en una fiesta. Llena de gente, aparte.
Si vos a una persona la corregís, ya la vas a hacer imitar. O sea, esa persona va a empezar a imitar. Y la imitación te lleva a un lugar más profesional, a un lugar donde ya tenés que estudiar. En la escuela no tenés que estudiar. Está prohibido estudiar. Está prohibido el examen, está prohibido estudiar, está prohibido pasar de año. O sea, lo es popular para todos. Si vos a una señora le vas a tomar un examen, no, ya no es popular, la estás restringiendo. O sea, si le cuesta, bajamos todos el ritmo para que lleguemos al ritmo. Vamos ir al ritmo de la persona que le cuesta. Porque vamos a ir a ese ritmo. Va a estar buenísimo igual. Por eso es popular. Por eso a veces se confunde un poco lo popular. Cuando vos le ponés un molinete a la entrada, ya no es más popular. Cuando dicen en la cancha, entrada popular y hay un molinete, no es para todos. Nosotros tenemos una cuota social, pero si no la podés pagar, no la pagás. Porque es popular.

Aparte lo autogestivo es muy difícil me imagino: los instrumentos son caros. El transporte, no sé, ir a tocar, es un montón de plata.
Claro, claro. A veces se confunde eso. Sí, somos populares. Bueno, a ver. Vamos a ver qué es popular, cobrás una cuota y si no tiene plata el alumno, ¿lo dejás estar?… Bueno, ahí se mide mucho lo popular. ¿Le vas a tomar un examen?, ¿lo corregís?, ¿le decís que si no aprendés esto no puede seguir viniendo? Le decís a un alumno, “aprendelo para la semana que viene”. Eso ya no es mas popular, es académico. Ya lo pusiste al alumno entre la espada y la pared. De hecho, cuando un alumno no viene más, yo le pido a los colegas que traten de averiguar por qué no viene. Porque a veces el tema es económico. A veces te da vergüenza decir “no tengo plata”. Pero tratamos de llegar a esa persona para ver de que manera puede seguir viniendo.. Porque además, los grupos hacen eso, juntan plata para el colectivo, juntan plata para mil cosas. Está buenísimo lo que sucede en los grupos. Por eso es grupo. La palabra grupo tiene un montón de condiciones para llamarse grupo, que tiene que ver con eso.

Me parece que está buenísimo esto que vos proponés. Hay una memoria en el cuerpo cuando escuchamos los tambores. Hay algo del ritual. No es tangible, pero uno siente que hay algo que te mueve solo, ¿no?
El tambor es el primer instrumento del ser humano junto con la voz. Pero antes que la voz esta el tambor. No hablábamos en los principios. El tambor era cuando los huesos se tocaban, los huesos de animales ya empezaban a percutarse. Fue el primer instrumento del ser humano. O sea, eso dice algo. Después, lo afro, con todo Sudamérica, lo afro fue muy groso, Todo el norte era afro. Tucumán, Salta, San Luis, el 70 % negro.

Siempre se escucha “no hay negros, no hubo”. Hay como una negación. ¿Y las personas que se acercan a La Chilinga se interesan por conocer esto del origen de la percusión?
Bueno, no sé. Cuando les contás, se quedan como que les interesa y si les gusta. Pero si no les contás, no. Es como muy contemporánea la percusión ahora. Es más, yo llegué a decir, y tuve un quilombo importante con los afros, yo les decía que esto es percusión blanca y no es percusión negra, y quizás digo que es percusión blanca, porque lo afro se toca de otra manera y si yo paso un toque afro, no lo saben tocar. Cuesta tocarlo. Entonces ya ahí hay que estudiarlo un poquito. Cuando vos tenés que estudiar un ritmo, ya no es natural, ya sale de lo popular. Si yo tengo que agarrar un pandeiro, lo tengo que aprender. Ya no es popular para mí. Para un brasileño el pandeiro es popular.
Esto lo comprobé en una charla con un brasileño en Bahía. Yo decía, “tocá esto”, y él hacía otra cosa. Y él decía,” y ahora vos tocá esto”. Y yo sentía que lo hacía igual, y él decía, “no, no, no, lo estás tocando mal”. Bueno, eso es lo que yo intento decir con lo blanco, con el ritmo blanco. O sea, el candombe argentino para mí hay que aprenderlo y cuesta. Los afros lo saben tocar naturalmente. Para mí esto, los chicos, lo aprenden natural. Lo tocan en la primera clase los chicos. Y no es un ritmo candombe argentino. Para mí esto tiene que ver con ritmos argentinos. “Una más, y no jodemos mas” Y para mí eso es ritmo blanco. Nace en lo afro. O sea, todo le debemos a lo afro. No se discute eso. Pero hay una cadena que se rompió en un momento. Y que gracias a “queremos comer, queremos comer”(Dani toca los ritmos en la punta de la mesa) a través de todo eso, nace el ritmo blanco, nace nuestro ritmo. Que lo teníamos adentro. “Argentina, Argentina”, y que nos daba vergüenza sacarlo. Verano del 92, por ejemplo. Yo hice una investigación de qué es lo argentino. Porque lo único que había hasta esa época era Matador. Yo decía, yo no quiero que suene como Matador.
Matador es como “Pa, pa, pa, pa, pa, pa, pa, pa. Matador, Matador”. El video es medio latinoamericano, y yo decía, “no, Los Piojos no podemos ir para ese lado”, yo decía, “tiene que ser tanguero, tiene que ser más milonguero”…”Fasolita querido” tututum (Dani sigue tocando con la mesa)

Claro, eso es la cancha
Sí. Esas canciones que cantamos en la cancha. Es el tango, es la milonga. Fasolita es un ritmo mas a tierra y es el primer ritmo que enseñamos en la escuela. Se llama Chilinga 1.. Es el ritmo de Verano del 92. Cuando los chicos vienen a la primera clase, les decís, “vamos a aprender el ritmo de Verano”, se quedan todos como diciendo,”¡ no!”. Y ya sale en la primera clase. Salen con emoción.

Me imagino que muchos también llegan a La Chilinga por Los piojos, ¿no?
Ya no tanto. En la época de Los Piojos, sí era todo el mundo por Los Piojos.

¿Sos un poco nostálgico de la época de tu formación?
Fui medio aparato con eso. Medio viví en un tupper. Yo sigo escuchando a David Bowie. Recién ahora que mi hijo cumplió 19 y le empiezo a respetar su música. Me hace escuchar cosas que están buenísimas. A mi me gustan los clásicos y los ritmos que compongo en La Chilinga. Tienen mucho eso, de influencia. Muchísimo.

Y sí, capaz que lo hacés inconsciente, no estás pensando en la banda, pero sale el sonido igual.
Sí. Después lo escucho y me doy cuenta que… “Uy, mirá, suena re Clash”. Suena medio rockero La Chilinga y eso me gusta. Eso está bueno.

Te iba a preguntar Dani, si tenés algún sueño. Esto está creciendo un montón, La chilinga no tiene techo… ¿Cómo ves el futuro cercano?
No. Yo pienso que cuando pensás en, por ejemplo, no sé, digo cualquier cosa, “vamos a llegar a River a tocar”. Cuando te propones eso, ya empezás  a saltear camino, ya  empezás a buscar atajos para llegar. Y te perdés cosas. Yo creo que no hay que buscar. No hay que buscar llegar a algún lugar porque empiezan los atajos, ¿viste? Y en los atajos lastimás gente, olvidás gente. Me da un poco de miedo eso. Es el día a día. Estamos hablando acá y hay un montón de bloques ensayando, al mismo tiempo. Y termina el día y mando un mensajito a todos, “¿Como fue el día? Y ahora pienso en el festival que hay en abril, y después pienso en las muestras. Ahora viene la marcha del 24, también. Pero no voy mucho más adelante.

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