Desentrañando el rompecabezas ruso-ucraniano

CNN español

Sudestada dialogó con Diego Gómez y Martín Paolucci, analistas internacionales que abordaron la actual guerra entre Rusia y Ucrania desde diferentes ángulos e hipótesis.

Por Leandro Albani

Hace apenas una semana, el gobierno ruso ordenó ataques y operaciones militares sobre el territorio de Ucrania. El presidente Vladimir Putin explicó, entre otras razones, que la seguridad se encontraba en peligro ante el avance de la Alianza del Atlántico Norte (OTAN), la coalición militar creada por Estados Unidos y Europa cuando todavía existía la Unión Soviética (URSS) y el mundo era leído y comprendido entre dos bloques de poder e influencia.
Desde Moscú también denunciaron que las Repúblicas de Donetsk y Lugansk, ubicadas en la cuenca minera del Donbass, al este de Ucrania, sufren hace ocho años de ataques masivos por parte de las fuerzas militares ucranianas, en las que participan unidades y grupos abiertamente neo-nazis. Además, el gobierno ucraniano y sus aliados occidentales se negaron durante ese período de tiempo a discutir la propuesta autonómica del Donbass, algo contemplado en los Acuerdos de Minsk. Al reconocer la independencia de esta región, Putin movilizó al ejército ruso para proteger a ambas repúblicas, al mismo tiempo que justificó la medida para “desnazificar” al Estado ucraniano.
Occidente, con Estados Unidos y Gran Bretaña a la cabeza, lanzaron una batería de sanciones contra Rusia, pero dejaron en claro que solamente enviarán armamento a las fuerzas ucranianas, sin intervenir en el terreno.
Poder, dinero, recursos naturales, intereses imperiales, disputas inter-capitalistas, conflictos étnicos sin resolver y –lo más crítico- pueblos como el ucraniano y ruso a merced de más muertes y destrucción, conforman por estas horas un rompecabezas explosivos.
Para desentrañar este nuevo conflicto bélico que conmociona al planeta Sudestada habló con el sociólogo e historiador Diego Gómez, y con Martín Paolucci, profesor de Relaciones Internacionales y periodista especializado en Medio Oriente, ambos integrantes del Centro Émile Zola https://centrozola.org/

-¿Cuáles son las razones concretas que generaron el actual conflicto en Ucrania?

Diego Gómez (DG): La primera razón implica ir un poco más lejos en el tiempo y entender cómo fue tomando forma el Estado ucraniano. Para eso, podemos ir hasta principios de siglo XX, concretamente a la Revolución Rusa, y a la consecuente formación de la URSS, que es donde nace Ucrania como Estado. Ucrania era una de las repúblicas de la URSS. Con la desintegración de la Unión Soviética, a finales de 1991, Ucrania pasa a ser un Estado independiente. Esa región, desde hacía muchos siglos, había formado parte del Imperio Zarista, por lo tanto había muchos rusos viviendo ahí. El ucraniano es un idioma similar al ruso, es un idioma eslavo oriental, y en términos culturales hay muchas cosas similares. En términos esquemáticos, los rusos son cristianos ortodoxos y los ucranianos son, en buena medida, cristianos católicos, pero también hay ucranianos que son cristianos ortodoxos. La cuestión es que eso formó parte de Rusia durante mucho tiempo, desde el Imperio Zaristas, luego de la URSS. Como consecuencia de eso, en Ucrania, cuando se independiza a partir de 1992, en ese Estado-nación hay rusos viviendo, sobre todo en las regiones oriental y del sur, me refiero al Donbass o a Crimea, donde los rusos son mayoría. En buena parte de Ucrania, hay rusos parlantes, y hay muchos que se consideran ucranianos de nacionalidad, pero que son rusos parlantes. Lo que tenemos ahí es un Estado-nación que toma el nombre de Ucrania, pero que en su interior hay dos nacionalidades, la ucraniana y la rusa. Esta es la base desde la cual se puede explicar la cuestión.

Ph: El Periódico

-Martín Paolucci (MP): Una razón es la disputa entre la OTAN y sectores de las clases dominantes ucranianas más cercanas a la OTAN, con Rusia. El problema detrás es que Ucrania va a ser un Estado subsidiario de Rusia, o de la OTAN, y por lo tanto de Estados Unidos. Podemos pensar que este conflicto tiene diferentes raíces, que nacen con la caída de la Unión Soviética, pero sin dudas el origen más reciente es hace 16 años, con la llamada Revolución Naranja, que comenzó un período de disputa de poder y de alternancia entre sectores pro-rusos, que representan a una minoría -que es casi un tercio de la población ucraniana-, y sectores pro-OTAN. Lo importante de señalar es que, aunque lamentablemente los pueblos se creen muchos de los mitos de los nacionalismos, es que este conflicto no beneficia a los pueblos ruso y ucraniano, y que en verdad es simplemente una disputa de poder.

-DG: Con respecto a las causas concretas más contemporáneas, tenemos que ir a unos 10 años atrás cuando la Unión Europea lleva adelante negociaciones con el gobierno ucraniano de ese momento para firmar un acuerdo de cooperación económica. En ese contexto es que surgen ciertos inconvenientes que tienen que ver, por el lado europeo con unas limitaciones a firmar el tratado, porque consideran que no son del todo limpia las instituciones de Ucrania y que la democracia no es como debería ser. Por otro lado, el principal socio comercial de Ucrania, que es la Federación Rusa y el resto de los estados de la ex URSS, aliados de Rusia, y entonces esto deteriora un poco esta situación. Hay presión de Moscú y el entonces gobierno de Víktor Yanukóvich. Ante esa circunstancia, surge lo que se llama el Euro Maidan, que quiere decir la Plaza Europea: son manifestaciones en contra del gobierno ucraniano, que se había negado a firmar el acuerdo con la UE. Estas manifestaciones son heterogéneas, hay muchos estudiantes, pero después se suman grupos de derecha, como el Pravy Sektor y Svoboda, que son grupos y partidos políticos y militares de extrema derecha, conformados por nacionalistas que reivindican la figura de Stepan Bandera, un nacionalista ucraniano que fue aliado de los nazis en el marco de la invasión a la URSS. Estas manifestaciones son pro-europeas pero, al mismo tiempo, nacionalistas. Esto desencadena en una suerte de golpe de Estado y abandono del gobierno de Yanukóvich. Ahí comienza el conflicto que sigue hasta hoy en esas regiones separatistas, con pequeñas guerras civiles, hasta que llega este año, en el cual Ucrania se ve más seducida por Europa y la OTAN, y hay firmes intensiones del gobierno ucraniano de firmar su incorporación a la alianza atlántica. Esto es lo que el gobierno de Vladimir Putin ve como algo intolerable y decide reconocer, legitimar y legalizar la independencia de estas dos repúblicas rusas del Donbass, y proceder a la defensa de esos territorios a partir de la operación militar, ya que Putin no la llama guerra, para garantizar su supervivencia. En un principio, esto es lo que dice Putin. 

-¿Qué intereses están en disputa en la región, principalmente entre Estados Unidos y Rusia?

-MP: Sobre todo hay un interés geopolítico-militar. Para Estados Unidos, ese es el único interés: el hecho de poder sumar a Ucrania a la OTAN y, obviamente, a la Unión Europea. Esto le permitiría tener un territorio más que se le quita del espacio de influencia a Rusia. Para Moscú es un gran peligro estratégico en lo militar el hecho de que de la OTAN tome control y sume a este país a la alianza, lo que dejaría a Rusia completamente rodeada y sin posibilidad de expansión. Si pensamos al revés, es como si Rusia pusiera bases navales y sume a su alianza militar a Canadá o a México. Obviamente, Estados Unidos no lo permitiría. Lo mismo que Estados Unidos evita que se haga dentro de América Latina, es lo que Rusia hace ahora. Por supuesto, no lo hace en beneficio del pueblo ruso sino de los propios intereses de la clase dominante y, sobre todo, del Estado ruso, que tiene intereses autónomos, incluso autónomos de la propia burguesía rusa. También hay un interés importante para la Unión Europea que tiene que ver con lo económico: el gas ruso, el gas ucraniano y el acceso a energía medianamente barata. Para Rusia, el tema de la compra de ese gas también es importante, porque es una de las mayores entradas que tiene a sus arcas.

-DG: La disputa entre Rusia y Estados Unidos la explicaría de la siguiente forma: en el marco de la Guerra Fría, existía la OTAN y el Pacto de Varsovia, que era su par antagónico del lado del comunismo de Europa Oriental. La desintegración de la URSS trae como consecuencia la desaparición del Pacto de Varsovia, pero la OTAN no solo no se desintegra -porque se había fundado para evitar un posible ataque ruso y era una alianza militar defensiva-, sino que comienza a actuar de manera ofensiva. Las intervenciones de la OTAN, de manera concreta, son en la guerra de desintegración de Yugoslavia, en 1994 y 1995. Después hace su “obra más importante” que es el ataque la República Federal de Yugoslavia, que es la pequeña Yugoslavia, que su líder era Slobodan Milosevic, bombardeando el país con uranio empobrecido durante tres meses y quitando a ese país la región de Kosovo habitada por albaneses. Después, la sustitución de Muammar Al Gaddafi en Libia, y otras intervenciones más. También hay que decir que muchos países miembros de la OTAN no están dispuestos, como lo estaban antes, a seguir a Estados Unidos. La cuestión es que hay un avance de la OTAN y un acercamiento, cada vez mayor, al territorio ruso. En ese marco puede entender la tensión entre Estados Unidos y Rusia, porque la OTAN es, más bien, Estados Unidos. Por ejemplo, Polonia, Hungría, Eslovaquia, República Checa, Bulgaria, todos eran miembros del Pacto de Varsovia, como Letonia, Estonia, Lituania, pero además eran integrantes de la URSS, y hoy son parte de la OTAN. Las negociaciones con Ucrania estaban muy avanzadas para que formara parte de esa alianza. Esta es una de las cuestiones más destacables e indicadores más fuertes que pueden explicar la tensión entre Rusia y Estados Unidos. La invasión rusa a Ucrania es una estrategia defensiva, un intento –creo yo-, de por un lado frenar los intereses de la OTAN, y por otro lado avanzar en una idea, un poco mitológica y obviamente imperialista y capitalista rusa, sobre territorio ucraniano, amparándose en un pasado de dominio territorial en la región.

-¿Qué importancia tiene el Donbass?

-DG: Esta región estuvo casi despoblada hasta entrado el siglo XVII, es decir que no tiene mucha historia. Y su gran avance es, ya en el marco de la Revolución industrial, a mediados del siglo XIX. Anteriormente, en el siglo XVIII se descubre carbón en la región, pero se empieza a extraer en el siglo XIX. En 1869, un empresario británico, que se llamaba John Hughes, levantó en la zona una industria muy importante, y ahí se terminó de dinamizar la cuestión. Hoy en día, esa región tiene un poco esa riqueza, pero es una zona muy industrial, bastante contaminada, dentro de los límites de la industria ucraniana. No es la parte de la pradera, sino una zona industrial.

-¿Cómo afecta la “disputa por el gas” en la guerra entre Rusia y Ucrania?

-MP: Esta hipótesis es muy interesante para pensar: el gran negocio de Rusia es la venta de gas a Europa. Al mismo tiempo, para gran parte de Europa Occidental, con alguna excepción como puede ser España, comprarle gas a Rusia es mucho más económico que comprarle a otros. Se me ocurre, y es una tesis que también tienen otras personas, que puede haber, maquiavélicamente hablando, un interés económico de Estados Unidos atrás de este conflicto: Porque si Rusia se enfrenta y recibe sanciones y la UE no le compra su gas, Europa va a tener que comprar gas a Estados Unidos. Un ejemplo reciente es que cuando hubo un aumento en el precio del gas, para bajar ese precio y que no se fuera al diablo la tarifa de los hogares europeos, se compró mucho gas licuado mucho más caro a Estados Unidos, pero sirvió para abastecer a las casas. La pregunta es esta: ¿no hay un interés de Estados Unidos por generar este conflicto y ganarse como cliente a Europa? Porque, salvo España y un poco Francia, que puede acceder al gas de Argelia, de Marruecos y de Túnez, y del Magreb en general, los demás está muy complicado, sobre todo Alemania. 

-¿Existe la posibilidad de una guerra abierta en Ucrania, con las intervenciones de Estados Unidos y Rusia?

-DG: Creo que no, porque no es el interés ruso y Estados Unidos no está dispuesto a hacer ese gasto. La verdad es que todas las expediciones lejanas de Estados Unidos, en Vietnam, Afganistán, la ocupación de Irak, la invasión a Libia, no terminaron bien. Estados Unidos está cada vez más lejos de querer comprometerse en un accionar de este tipo. Hay que recordar que Rusia y su poderío militar es muchísimo más fuerte que Serbia y Yugoslavia, que el Irak de Saddam Husein y la Libia de Gaddafi, y ni que hablar del poder de los talibanes en Afganistán. 

-MP: No sabemos qué puede suceder, porque en la historia de la humanidad han sucedido cosas muy inesperadas, pero la realidad es que es muy difícil creer que pueda haber una confrontación directa entre Estados Unidos y Rusia, que son dos potencias nucleares. También es muy difícil una confrontación directa entre la OTAN y la Federación Rusa, porque eso implicaría que Estados Unidos se involucre, Francia o Gran Bretaña también, que son países con armamento nuclear. 

-DG: No solo las intenciones de Estados Unidos son más débiles, sino que las posibilidades militares son más débiles y menos apoyadas por sus socios de la OTAN. Además, del otro lado hay un rival mucho más grande. No veo posible un enfrentamiento y ojalá que no lo haya. La intensión de Putin es frenar el avance de la OTAN.

-El conflicto en Ucrania y el Donbass, ¿Se puede trasladar a otros países de la región?

-MP: También lo veo difícil. La única posibilidad es si hay, por ejemplo, algún conflicto alrededor de la frontera con Polonia. Pero es muy improbable, no creo que Rusia se anime a tanto. Y que eso esté en los intereses de nadie. Igual, podría haber un conflicto proxy, una guerra por interpuesto país.

-DG: Si sucede, no van a ser guerras entre estados, pueden llegar a ser guerras dentro de un Estado en particular, con conflictos bélicos de baja o mediana intensidad al interior, no como está pasando ahora en Ucrania. No creo que Ucrania ataque Rusia, no está en condiciones.

-Desde que comenzó la guerra hay niveles muy grandes de desinformación. ¿Cuál se puede destacar entre los más asombrosos?

-DG: Una cosa interesante es comenzar a hablar seriamente sobre el estereotipo, del sentido común de cierto progresismo nacional y popular, y de cierta izquierda burguesa argentina, que se hace sobre una especie de continuidad bastante trucha entre la URSS y la Federación Rusa capitalista. Es más, el mismo Putin, en el discurso de hace unos días atrás cuando ordenó los ataques, se encargó de desmarcarse y de criticar a Lenin, a Stalin, e inclusive a Nikita Jrushchov y sus políticas hacia la cuestión de Ucrania. Putin dice que uno de los principales culpables de esto fue Lenin, quien luego de la guerra civil rusa viabilizó la creación de la República de Ucrania como parte de la URSS. Putin ni siquiera nombra a León Trotski, que fue el encargado de firmar la paz con el tratado de Brest-Litovsk, que según dice Putin resignó territorio del Imperio Zarista. Luego culpa a Stalin, porque después de la Segunda Guerra Mundial resigna territorios que le otorga a Polonia en detrimento de Rusia. Y luego critica a Jrushchov, porque al poco tiempo de asumir en la década de 1950 cede la península de Crimea para que pase a formar parte de Ucrania. Es decir que se desmarca de la URSS, de lo que fue la política de las nacionalidades de los bolcheviques, que siempre tuvo que ver con la autodeterminación nacional, con crear muchas repúblicas, un Estado federal, y autonomías en el interior de cada república, provincias autónomas, con posibilidades de educación en los idiomas nacionales, con respeto a las minorías. Putin hace, más bien, una vuelta a lo que fue el Imperio Zarista y la política de la nación y la hegemonía rusa. Putin no tiene nada que ver con los bolcheviques y sí propone un poco una vuelta a lo que fue el zarismo, con un Estado ruso fuerte y hegemónico que se impone sobre el resto de las nacionalidades y pueblos del territorio. 

Compartí en tus redes favoritas

Leer anterior

Ucrania bajo fuego

Leer siguiente

“La manada somos nosotras y estamos furiosas”