Divididos en Vélez: somos los mismos de siempre

fotos: Ignacio Arnedo- Agustín Dusserre

La noche del sábado 13 de mayo del 2023 va a ser recordada como un día histórico para el rock argentino. Divididos comenzó a festejar sus 35 años con show multitudinario y una avivada contra el poder político porteño: le cedieron sus instrumentos y su escenario para que toque La Renga, la banda más popular de nuestro país que tiene vedada la posibilidad de tocar en Capital Federal. Un hecho político.

Por Pablo Flores

Abuelos, hijos y nietos. Tres generaciones fueron testigos de una de las grandes revanchas del rock argentino de la historia. Ante la presencia de “la familia y los amigos”, como dijo Arnedo cuando intentaba agradecer, un poco emocionado, al público presente, la aplanadora del rock and roll volvió a enchufar equipos en el escenario de Vélez. Había que transformar aquel contradictorio recital en Vélez de 94. Divididos se había ganado, en muy buena ley, el apodo de la aplanadora.
En términos artísticos fueron la novedad y originalidad. Pero también fueron la novedad para los buitres del mercado y los mercenarios, que tan solo les importan los cuadros colgados en sus paredes. En un sistema donde rige la ganancia y los acuerdos comerciales, a la banda le pidieron cosas que no estaban dispuestos a hacer y por eso los dejaron tirados, como decimos en los barrios. Unos meses después de ese Vélez, el público empieza a mermar. Se pasa de los Obras al palo a lugares como el Teatro Arlequines y el Viejo Correo. Pero cómo lo aprendieron de Luca, había que tocar, tocar y tocar. Salir a pelar. Entonces ahí comienza un largo camino hasta el encuentro con ellos mismos. Como las oportunidades que se presentan para las revanchas siempre están, hay que estar preparado para esos momentos. Para eso había que trabajar. Quitarse de encima a los parásitos que buscan el hit. Parásitos que nunca podrán sentirse invencibles al escuchar una canción (Isaac Castro (2020): Alejandro Sokol. El cazador).

La Renga


Un show que transitó los 35 años de arte que esta banda ha podido construir y compartir. Más de tres horas de sentir en el pecho como los dedos de Diego se deslizaban por el diapasón del Fender Jazz Band, el mismo del estuche roto de cartón. Por momentos confundir el bombo de Catriel con el bajo de Arnedo. Emocionarse con la voz de Ricardo. Abrazar a un desconocido, o a uno que te dice que estuvo con vos hace 13 años en el Roxy de Quilmes, abrazarlo fuerte, porque estamos todos en la misma, con las mismas sensaciones y emociones. Y si algo le faltaba a la noche para ser histórica, sucedió lo poco imaginado. Primero sube Chizzo de la Renga a hacer Sobrio a las piñas/¿Quién se ha tomado todo el vino? Hermoso vínculo entre Mollo con el Chizzo. Si Pappo los unió musicalmente, “Despedazado por mil partes”, disco editado por la Renga en 1996, los unió en la creatividad artística. Mollo fue productor del disco que impulsa a la Renga a copar estadios a lo largo y a lo ancho del país. Entonces, Chizzo se calza la SG de Ricardo con la que grabó ese disco y arranca con el riff. Chizzo se saca la campera y aparecen el Tete y Tanque de la Renga. ¡Estos tipos están locos! ¡¿Cómo van a invitar a tocar a la Renga a un estadio de la Capital Federal?! Como cuando sos chico y a un amigo le prestas la pelota o tus juguetes para jugar un rato. Así fue como Divididos le cedió el escenario, su fiesta, a la Renga.


Miles de fanáticos al grito de guerra de vamo’ la Renga se abalanzaron hacia adelante. Lo que hizo Divididos fue un acto subversivo en muchos aspectos, pero hay uno que es el principal: a la Renga no la dejan tocar en Capital. Desafiar con una guitarra y un poco de distorsión a la censura cultural que recibe la banda de rock más convocante y popular de la actualidad fue un acto de justicia. Mientras el Chizzo les preguntaba a los miles de asistentes ¿en qué lugar habrá consuelo para mi locura?, Ricardo, sentado como un niño, los miraba de costado. En el rock todo lo que das vuelve. La acción del último sábado no empezó ahí. En el 2005 La Renga tocó en Vélez. Habían pasado siete meses de la masacre de Cromañón y como el chivo expiatorio fue el rock, la política tradicional no tuvo mejor idea que empezar a cerrar bares y lugares, entonces las bandas no tenían lugares para tocar.
En ese marco, la Renga cedió su escenario para que una decena de bandas, que la venía peleando desde hace años, puedan tocar antes que ellos, sin nada a cambio. El acto solidario de Divididos del sábado fue una continuidad de todo lo aprendido en la resistencia del rock. Esa solidaridad y amistad que se parió durante la noche menemista, en los recitales para las Abuelas de Plaza de Mayo o en las fechas que se armaban para pedir justicia por el asesinato de Walter Bulacio. En el hombre mediocre, José ingenieros arranca así: “Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misteriosos de un Ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custiodala; si la dejás apagar no se reenciende jamás” Por suerte Divididos nunca, en 35 años, apagó esa luz del ideal. Por qué una banda tan potente y llena de valores no nace de la nada y tampoco se sostiene en la nada. Y contra eso no hay compañía discográfica, ni corporación mediática que pueda destruir. En una sociedad donde nos cuesta tanto sostener proyectos colectivos, donde nos venden liquidez e inmediatez, Ricardo, Diego y Catriel (y la enorme cantidad de personas que trabajan en la oscuridad junto con ellos) son la resistencia. La resistencia y un andamio de ideales para apoyarse y sostenerse mientras seguimos encontrándonos, transitando nuestros dolores y pesimismos. Gracias Divididos. Adelante con todo.

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