El suplente: escenas desde los márgenes

Dirigida por Diego Lerman, la película El suplente, fue estrenada recientemente y llevada a la pantalla grande del 37 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Juan Minujín, Bárbara Lennie, Renata Lerman, Alfredo Castro, Rita Cortese, María Merlino y Lucas Arrúa, encarnan los personajes de una película que habita escenas en los márgenes del Conurbano Bonaerense. El espacio del aula, de una escuela secundaria de Isla Maciel, se conjuga con el espacio de la ciudad de un profesor de Literatura a quien le toca cubrir unas horas con un grupo de alumnxs. Desde Editorial Sudestada, nos hicimos presentes en las Salas de Cine de la ciudad de Mar del Plata donde pudimos escuchar a María Merlino, una de sus actrices, y registrar algunos elementos que construyeron esta película.

Por Natalia Bericat

El guion irrumpe en el espacio cerrado del aula con la pregunta ¿para qué sirve la Literatura? La escena pone en evidencia un discurso repetido donde las cosas solo valen por su lugar en el mercado. Lo que sirve y lo que no sirve abre el interrogante de esta película para dejarnos picando eso que no se vende, pero que llena los espacios invisibles de la existencia. Una misma sociedad con dos caras se plantea en todos los espacios: la sala de profesores, el aula, el club, las casas del barrio y sus calles. Una dicotomía que muchas veces se vuelve maniquea en el discurso de nuestra historia y que nos hace reflexionar en la voz de los personajes. ¿Leíste el Facundo? Bienvenido a la barbarie, le dice una profesora de la escuela a Lucio, el docente suplente, mostrando eso que venimos escuchando desde el siglo XIX y que en el presente se vuelve a cargar de significación.


El lugar del profesor suplente de a poco se va sedimentando de sentido construyendo un discurso colectivo y necesario. Nadie se salva solo, dice el guion, y así la ficción encarna una realidad que nos atraviesa a diario. Cuando lo que nos ofrece el sistema es individualismo y el ejercicio de mirarse el propio ombligo mientras el mundo se desmorona, el arte y el cine nos trae un lente político que ve y registra la realidad que habita en los barrios. La realidad que muestra la película es bastante suave. Es mucho más cruda y es algo no vemos, dijo María en la presentación y agregó: los lugares donde se filmó la película fueron Isla Maciel, Villa Tranquila y Parque Patricios también algunas partes. Fueron ocho semanas de rodaje. Pudimos entrar a Isla Maciel y Villa Tranquila porque nos acompañaron a entrar. Al principio fue distante el vínculo pero fue pasando el tiempo y se los vio muy contentos de que estemos ahí. Hay mucha gente que actúa en la película que es del barrio. Al final hasta nos hicieron un asado. También pudimos proyectar la película en el lugar, al aire libre, en la Plaza de Isla Maciel.


El Suplente nos muestra un fragmento dentro del caos sin caer en lugares comunes y sin provocar eso que ha teorizado el cineasta César González en El fetichismo de la marginalidad, su último libro: cuando un barrio popular o una cárcel aparecen en la pantalla no lo hacen con la máscara de un supuesto realismo, sino que estas locaciones parecieran condenadas a ser representadas a través de lo bizarro y lo circense. No hay acá espectáculo, sino destellos de un aire que se respira en esos territorios donde el Estado da la espalda a la realidad de cientos de pibes y docentes.

Una decisión que realiza Diego Lerman, su director, y es crucial en el resultado del rodaje, es la participación directa en la actuación de personas sin experiencia previa en Cine. Fue un gran desafío actuar de profesora ya que todo el resto que actúa en la película son profesores reales. Estuve trabajando con ellos, los observé en varias oportunidades dando clases, observando su día a día, charlando. Es lo más valioso que me llevo de la película. Los admiro un montón a aquellos que, como Clara, no solamente dan contenidos , sino que están poniendo el cuerpo y conteniendo a las familias. Todos los chicos y las chicas actuaron también por primera vez. No son actores tampoco, sino que salieron de un casting. Son fabulosos y realmente increíbles, dijo María Merlino cuando le preguntaron sobre la construcción de su personaje. Un equipo de trabajo se nutrió de cada uno y cada una de sus integrantes en un intercambio de experiencias que se sienten del otro lado de pantalla.

A las voces reales de una realidad que se intenta representar, se le suma el trabajo con las imágenes donde los detalles de los márgenes toman el primer plano de la cámara. Lerman descoloca, vuelve vertiginoso el movimiento de las escenas, distorsiona la mirada para contar otro relato que no es fijo y que no es único. Los rostros se duplican, la cámara se mueve al ritmo de los pozos del barrio. Los planos se alejan y se acercan para construir un paisaje donde nada se escapa del cuadro. Carteles en las paredes, símbolos que parecen esfumarse pero que construyen eso que se vuelve necesario a los ojos de los espectadores. Cada frase, cada tono es parte del guion que El suplente nos propone.
El espacio del barrio y de la ciudad va y viene. El asfalto y los edificios se vuelven barro en esa frontera de la desigualdad. Un ojo entra y sale mostrando las caras de una cartografía repleta de heridas invisibilizadas. Lucio, personaje encarnado por Juan Minujín, muestra esa bisagra entre un docente que intenta ayudar a los pibes, que intenta sacarlos de ese lugar de carnada del narcotráfico, y por otro lado paterna a una hija que atraviesa una realidad totalmente opuesta a ese chico que representa Lucas Arrua en la película.
El cine argentino, una vez más, mostrando calidad y compromiso. La pantalla grande otra vez generando conciencia sobre esas escenas que tenemos enfrente todos los días y naturalizamos. Vemos El Suplente con la certeza de que el cine es capaz de movernos ese filtro que el capitalismo nos pone en los ojos y que no nos deja ver el alma y la poesía. Entendemos así que, lejos de ser mercancía, el arte es eso que nos mantiene vivos y que personas de carne y hueso lo vuelven transparente.

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