Elvio Báez, el poeta de Villa Itatí: “Escribir libera la opresión del ser”

@esajuli.foto Julieta Piermaría Gómez

Elvio Báez es poeta y vive en Villa Itatí. “Las hojas que caen a tiempo” es su primer poemario sacado de manera autogestiva, y en diálogo con Sudestada nos contó cómo fue escribir este poemario desde el territorio de su barrio.

Por Natalia Bericat

¿Qué te impulsó a la escritura y a la poesía?
Escribir libera presión, la opresión del ser. Descomprime la historia y ayuda a seguir luchando, a dar batalla por ese suceso pasado, reciente y futuro. Creo en que hay que dejar registros de las cosas que han sucedido o suceden. Es marcar la historia por siempre. Por eso elijo imprimir la historia con tinta oscura. Y la poesía es mi marca, porque son las preguntas que me hago de la vida, de este instante en este mundo de cómo estoy, cómo estamos, por qué pasan estas cosas en la vida, de algún modo existencial y sin romantizar tanto la realidad que vivo, quiero dejar en claro mi intención, que la “oscuridad” de este lado, el submundo, el bajo mundo es poético y crudo, desenredar lo misterioso que hay de este lado. Los barrios populares han dejado lágrimas del pasado que han pisado todo, nuestra luchas, el progreso, los sueños, las resistencias, la voz, los estigmas, y los prejuicios hacia las villas miserias. Los años pasan y esa sombra oscura seguirá como ese sueño inocular que dejan las marcas del ayer, con ese sosiego caprichoso de querer gritar BASTA. Escribo poesía porque amo la vida, me da alegrías, me da amor, me da esperanza, pero sobre todo existencia y una nueva marca.

¿Cómo fue escribir tu primer poemario desde el territorio de tu barrio?
Fue difícil porque tuve temor, tuve frío, tuve calor, tuve añoranzas y mucha esperanza, pero supe que desde este lugar podía ser libre de decir, de contar y sentir. Entendí cuál era la historia. Mi historia en un lugar del mundo, con mis vecinxs, fue un descubrimiento filosófico. La poesía es increíblemente la herramienta por excelencia para mí del arte, me hace sentir cómodo y es un lenguaje que te enseña a ver tus profundidades más internas, analizarlas y sacarlas al mundo, es una exploración personal que se convierte en colectiva a partir de sentir y luego compartir. Este es un ejemplo, porque el proyecto esconde cosas, es misterioso, esotérico, personal y colectivo. Es mi herramienta espiritual, cultural y político para exigirle a este mundo que la transformación empieza por uno mismo, Analizando ese yo interno, oculto, es más logrado el sueño de explotar al escritor oculto que habita en nosotrxs.

¿Querés contarnos cómo nace este título “Las hojas que caen a tiempo”?
Me llevó dos instantes pensar el título, primero porque el título es un poema en sí, quería que fuera así, misteriosa, hermosa, ella nació en mi patio, en otoño con la propuesta de agregarle al mundo un por qué más.
¿Por qué caen las hojas a tiempo? Me pregunté, y ¿por qué ahora en este tiempo y no en otro? Comprendí que era el momento de alzar mi voz más fuerte, escuchar y gritar. Basta de armas, basta de llorar, es hora de sacarnos el disfraz, de parar la pelota y empezar a jugar.
Este título refleja mi intención de oportunidad, y la necesidad de decir algo a tiempo. Por un momento, dejo de lado mi piel, mis pelos y este mundo para ser yo en otro modo. Me di cuenta mirando al cielo oscuro en Itatí, que esta era otra forma y que valía la pena intentarlo, gritar, contar, que la vida es así en otro lugar. Desnudar la oscuridad, mostrar la historia, la identidad. La otra realidad. El título es una antesala a los clímax que existen dentro de la obra, nace en una época para dejar una hoja escrita más, sobre mi pasado, el presente y el fututo.

¿Cómo fuiste construyendo las imágenes poéticas de Villa Itatí?
Las fui uniendo en base al amor que proyecto sobre ellas. Lo que más amo de mi barrio son los pasillos, vivo caminando sobre estas venas villeras, recorro las historia y ellas van pateándome para despertar la tinta que dejan sus imágenes cotidianas. Ellas dejan en mí la suela de mi zapatilla, ver que estoy marcando mi camino, el camino de un lugar oscuro, terrible, crudo, tembloroso y conmovedor porque duele escribir, y dejar las lágrimas oscuras caer al suelo, porque las palabras de mis vecinxs, sus miradas, sus historias, esconden luz. Esa luz es la que me llena el alma, son sus seres que la habitan las que cuentan la realidad. La atmosfera poética que se respira en esta vida, de este lado. Es la misma lágrima negra del pasado que compartimos todo lo que inspira a darle vida a las penas villeras, para dejar atrás las viejas armas y agarrar estas nuevas, la palabra hablada y escrita, la acción más valiente.

Hay algo de lo crudo y al mismo tiempo del amor que se conjuga en tu poesía ¿Cómo fuiste uniendo esos lenguajes?
Hay una sombra que nos sigue y por amor quiero transformar eso en otra cosa. Es contar cómo vivimos, cómo sufrimos, cómo luchamos y cómo sobrevivimos. Algo tan esencial de conjugar la oscuridad, la pasión por un lugar, es describir un escenario con la vana esperanza de prolongar un recuerdo.
El mundo ya ha perdido los colores parece y estos matices nuevos tan singulares de aquellas noches olvidadas donde la memoria impoluta se entumece por una sólida multitud de días difíciles, he enterrado las caricias, los cuerpos y todo lo que alguna vez fue duradero; pero la poesía, con su eterna y maternal propiedad, me cuida, me abriga y nos abriga bajo su seno. El eco rotundo de los tiempos, de la vida, de los sentimientos, del recuerdo de una noche que jamás dejará de desarrollarse sin que la poesía este presente, hasta el último desliz de esta vida.

Imágenes: Julieta Piermaría Gómez

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