Erika Moreno: La rabia como motor de lucha

Erika Moreno nació y creció en Córdoba, pero ahora vive y es una de las grandes activistas de Ushuaia, Tierra del Fuego. Dejó la escuela en tercer año, en aquel momento la catalogaban como “mariquita” y la golpeaba en la escuela por su identidad. A los 18 años, con los edictos policiales vigentes, comenzó a prostituirse para sobrevivir. En la calle ella y sus compañeras tenían que caminar acompañadas porque podían ser perseguidas y detenidas por ser travestis. El delito era “vestir las ropas del sexo opuesto”. 

Por Florencia Da Silva

Al tiempo, la invitaron a trabajar en una whiskería en Río Gallegos, Santa Cruz. Vio casos de trata, explotación y compañeras asesinadas. A los dos años fue a un cabaret en Ushuaia. La idea era ir por 15 días, pero nunca se fue. Empezó a trabajar en una peluquería y lo sostuvo durante 8 años. 
En 2012, se sancionó la Ley de Identidad de Género, pudo tener su DNI y que su nombre e identidad estén plasmados en ese documento. Fue un antes y un después en su vida. Logró tener un trabajo en la Secretaría de Derechos Humanos con el gobierno de Fabiana Ríos. “Por una cuestión de orgullo, porque no había terminado los estudios, quise entrar a trabajar con el secundario terminado. Lo terminé seis meses antes de que ella se vaya. Entre, pero cuando asumió Roxana Bertone me quedé sin trabajo. Tuve tres opciones: volver a la prostitución, suicidarme o levantarme y luchar. Elegí la última”, sostuvo Erika en diálogo con Revista Sudestada. Ahí comenzó el activismo, con la bronca como motor de lucha.

“Quedamos en la calle con mi compañero, porque no podíamos pagar el alquiler. Vivíamos en la calle, no teníamos para comer. Ahí empecé a participar de las manifestaciones, les robaba el micrófono a los sindicalistas, me subía a los escenarios y empezaba a hablar, empecé a dar notas con la coordinadora provincial de la Red Diversa Positiva. Tuve que afrontar el pánico de la exposición pública sin tener conocimiento de nada, más allá de la bronca. Después miré para mis costados y dije: no soy la única, todo el colectivo está en las mismas condiciones, con la diferencia de que yo tuve una oportunidad y mis compañeras ni siquiera eso”, expresó la activista. 

Comenzaron a escucharlas. El sindical empezó a prestar atención, había políticxs que les hacía ruido el reclamo y la televisión la llamaba para entrevistas. “Comencé a activar sin mirar desde lo personal. Pasó a tercer plano lo personal y a primer plano la lucha. Tenía un objetivo: desestructurar la heteronorma y el sistema, creo que logré bastante”.  
Más tarde, empezó a trabajar en la Universidad de Tierra del Fuego. La primera injerencia en la facultad fue en 2018 durante una intervención en el Consejo Superior. “La inocente travesti quería paridad. Estaban peleando por el 50% de mujeres y 50% de hombres, y yo fui con una contrapropuesta: un 40%, otro 40% y un 20% para colectivo travesti-trans. ¿Por qué algún día nosotras no íbamos a tomar el poder de una universidad? Yo iba a molestar a todos lados. A donde iba, iba a cagar a pedos. Un día me reuní con el rector, que escuchó mi reclamó, me dijo que el Cupo Laboral podía llegar a demorar meses y hasta dos o tres años, pero que en principio proponía contratar a dos compañeras travestis, una de Ushuaia y otra Río Grande. Yo quedé muda. Hablé en el grupo de Red Diversidad de Ushuaia y dije que necesitábamos hacer una asamblea. Lo mismo hice en el grupo de Río Grande, les dije: chicas necesito que para el lunes me entreguen un curriculum”. Era la primera posibilidad laboral formal para el colectivo en Tierra del Fuego. El fin de semana tuvieron asamblea, les planteó que tenían que presentar el currículum. La miraron y le dijeron: ¿pero qué estás planteando? “Todos mis hijos me votaron a mí. El cupo lo logramos en 2019. Tuve que hacer trabajo de hormiga, hablar con el sindicato, con estudiantes, consejeros. Ahí aprendí lo que era la rosca, con todas las internas que hay. Yo no tenía idea en la que me estaba metiendo. Ganamos el cupo por un solo voto de diferencia. Todos contentos y yo estaba enojada. Volví a tomar la palabra, me enojé y les dije: ‘¿cómo puede ser que por un voto estemos ganando el cupo, por unas internas políticas que tienen ustedes? ¿por un voto vamos a ganar este derecho? esto tiene que ser unánime’. Al final, solo quedó un voto negativo”. 

Después siguió trabajando, concursó para planta permanente y quedó. Descubrió el sindicalismo. “Ahí empecé a hacer desastres. Al sindicato les solicité la subsecretaría de género, diversidad y derechos humanos. Me lo dieron. Con esa Comisión me fui a las Mesa Intersindical de Género y Diversidades en Buenos Aires y fui a dar con la UBA. Lo último que hice este año fue incorporar -junto a Apuba, Fatun y APTUN- a una compañera en la Facultad de Ciencias Exactas. Con esas herramientas del sindicalismo incorporé el cupo laboral travesti-trans en el Convenio Colectivo de Trabajo de la provincia. Con ese precedente me fui para Buenos Aires. No paré y sigo molestando”. 
El activismo de Erika Moreno por el Cupo Laboral Travesti-Trans es incansable. Cuando le preguntamos sobre la situación actual en Tierra del Fuego, respondió: “El gobernador no acompaña el cupo. Para él no haría falta porque ha incorporado personas travestis y trans durante su gestión. Sostiene que las personas entran por ser personas. Pero a nosotras no nos interesa lo que él piensa, porque él no es travesti. Las incorporó precarizadamente, como monotributistas. Ahora lo que estoy haciendo es enfrentarme a los municipios para que cumplan y las pasen a planta permanente. Yo se que desde el Estado no están haciendo, pero la Ley dice que tiene que ser así. Parches no”. 

La gesta del DNI no binario 

Lo habían logrado en Tierra del Fuego. Fue un precedente nacional. “Fuimos al poder judicial de Tierra del Fuego, ahí ya somos famosas. Cuando caminamos por los pasillos ya nos dicen ‘chicas, ¿en qué andan?’. Decidimos ir al RENAPER. Luego viajamos y hablamos con el director del registro. Le hicimos la propuesta, les gustó y logramos el DNI no binarie”, contó Erika.  

Un día, estaban programando un viaje a Buenos Aires para discutir sobre el proyecto. Fueron a almorzar y al lado estaba el director de Producción Audiovisual de la Universidad de Tierra del Fuego. “Cuando nos levantamos para irnos, se acercó y me dijo ‘¿qué están por hacer qué?’ y le respondo a modo de broma: ‘que estamos por meter el DNI no binarie en Argentina. Estaría para un documental en la Universidad’. A lo que me responde: ‘Ya anoté todo, hagámoslo’. A los pocos días empezamos a filmar. El llevó la propuesta a Canal Encuentro. Mi idea era llevarlo a las aulas para contarle la historia a lxs estudiantes. Pensé que no nos iban a prestar atención. Me equivoqué. Se realizó la serie documental. Empezó a participar en un concurso en Japón en un festival y salimos cuartos a nivel global. Me invitaron a Japón, a Colombia, tenía la idea de viajar a varios lugares y me dio un infarto. Ahí tuve que parar. Como conclusión, entiendo que no hay que dejar de lado la vida personal nunca. Aprendí que lo personal también es político”. 

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