Esther Vivas: “La maternidad no puede ser un privilegio de clase”

El libro “Mamá Desobediente” es un material necesario para entender a las maternidades en clave feminista. Además, es un recorrido histórico, un facilitador de información y un espacio de consulta constante para desandar los prejuicios y tabúes sobre la cuestión de “ser madre”. Este texto no sólo invita a pensar en la maternidad como un derecho sino que propone sacarnos los prejuicios históricos para entender qué espera el sistema de los nacimientos. La autora, Esther Vivas, periodista y socióloga estuvo en diálogo con Sudestada.

Por: Micaela Soledad Arbio Grattone

¿Qué rol cumple el feminismo cuando hablamos de maternidades?

La maternidad ha sido, hace mucho tiempo, un tema complejo para el feminismo. El problema radica en que nos la han impuesto como un deber desde una perspectiva patriarcal. Contra esto las mujeres de los años 60’ y 70’ se han rebelado, reivindicando su derecho a decidir. El conflicto es que en ese camino de lucha han caído en un discurso antimaternal y antireproductivo, entonces no se abordaron desde los feminismos las contradicciones de la maternidad. Hoy en día la maternidad sigue siendo propia de los sectores más conservadores. Por eso, hay que rescatar a la maternidad del patriarcado y tener un discurso propio.

¿Qué es una maternidad feminista? ¿Por qué decís que debe ser rebelde?

Implica plantear una reflexión distinta a la hegemónica, por lo tanto, para lograrlo debemos rebelarnos contra el mandato de maternidad establecido. La maternidad debe ser feminista para poner en el centro las necesidad y los derechos de la madre y de la criatura. A su vez, debe ser rebelde e insumisa para enfrentar a este mandato como único destino. La madre ideal es aquella que le es útil al modelo de cuidado del sistema patriarcal y capitalista que quiere a la mujer en la casa, sacrificada. Hoy en día no sólo tenemos que ser angelicales, modelo que le impusieron a nuestras abuelas, sino que debemos ser la “supermami”. Esa madre que llega a todo, que está disponible para el mercado de trabajo y que, además, tiene un cuerpo perfecto. La experiencia, con sus luces y sus sombras, cuando es elegida es muy importante, tenemos que defender el hecho de poder decidir sobre nuestro cuerpo, embarazo, parto y lactancia.

¿Por qué debemos pensar a la maternidad como un derecho?

Desde el feminismo debe ser tan importante reivindicar nuestro derecho a abortar, como nuestro derecho a tener criaturas. Lo que vemos hoy en día es que en un contexto de precariedad y crisis socioambiental cada vez más mujeres tienen dificultades para tener hijxs. Hay una disminución de los índices de natalidad. Muchas mujeres posponen sus maternidades hasta que tienen una buena situación laboral, esto hace que cuando se plantean embarazarse a veces ya es tarde. Entonces, ¿quién se puede permitir decidir sobre su maternidad? Quienes están en una situación más acomodada. Está claro que en Argentina es distinto a España, pero creo que cada vez habrá más perfiles sociales que pospongan este plan. Por otro lado, ¿qué sucede si no quedás embarazada en el momento que corresponde? ¿Quién paga los tratamientos de fertilización asistida? Por estas cuestiones es que hay que mirar el tema en clave de derechos. La maternidad no puede ser un privilegio de clase.

¿Cómo impactan los estereotipos en las mujeres?

El sistema pone en cuestionamiento nuestro cuerpo y nuestra capacidad de decisión, esto afecta tanto a quienes son madres como a quienes no lo son. Cuando vos decidís no ser madre, se te cuestiona. A pesar de que ahora tenemos más capacidades de decidir, aún en el imaginario colectivo se asocia la feminidad a la maternidad. Hay que señalar que este proceso es una elección.

En tu libro vos hablás de los tabúes que hay en la maternidad, ¿cuáles son?

A mi me costó quedar embarazada y me parecía importante romper con estos tabúes porque cuando tenés problemas de infertilidad la sociedad te juzga y considera que has fracasado. Entonces te creés que estás sola, te escondés, no hablás de eso y te sentís culpable. Es importante ponerle palabras porque no es un problema individual, tiene mucha relación con otras cuestiones como, por ejemplo, la exposición a tóxicos ambientales y alimentarios que minan nuestra fertilidad. Por otro lado, también hay factores socioeconómicos que nos hacen posponer la maternidad. El segundo tabú es el dolor por la pérdida gestacional que es cuando esperás un bebx y muere en tu vientre. Esto la sociedad no lo entiende, porque espera que si vos estás embarazada de ese parto nacerá una criatura viva y, a veces, esto no es así. Las personas consideran que fracasaste, pero en realidad vos sos madre. Es importante reconocer el dolor y acompañar el duelo para mejorar la salud psicológica de estas mujeres El tercer tabú que nombro en el libro es el del postparto. Este se puede sufrir, por ejemplo, por tener un parto traumático. A veces no te sentís apegada a tu bebé, no le tenés cariño y esto es parte de la depresión postparto. Es fundamental vivirlo sin vergüenza para poder pedir ayuda y apoyo.

¿La lactancia es un privilegio? ¿Qué rol cumple la culpa?

A las madres se nos hace sentir culpable por todo, si le das la mamadera a tu hijx te miran mal; si le das la teta, te cuestionan porque seguro no engorda lo suficiente. Ni te cuento si le das la teta a tu hijx hasta los dos, tres o cuatro años, parece que estás cometiendo un acto obsceno. Es importante ser consciente de que nada de lo que hagamos nos dirán que lo hicimos bien. Tenemos que acabar con los ideales de la “superwoman” porque nos pone delante de un espejo que no tiene nada parecido a nuestra realidad y nos hace creer que somos malas madres. El problema no somos nosotras, es este sistema que nos impone ideales imposibles mientras le pone todas las trabas a la maternidad, a la crianza y a la lactancia. ¿Cómo se supone que vos vas a darle de amamantar a las criaturas durante sus primeros seis meses de vida (como recomiendan todas las organizaciones de salud) si la licencia laboral es de tres o cuatro meses? Este es solo un ejemplo de cómo la sociedad ignora este proceso. Yo defiendo la lactancia materna porque creo que es lo mejor, pero cada madre hace lo que puede. No se trata de juzgar, debemos hacer lo que nos encaja mejor con nuestra vida.

¿Cómo fue tu proceso de maternidad?

Una vez que quedo embarazada empiezo a plantearme dónde dar a luz, cuestiones relativas al embarazo y el parto. Entonces tomo conciencia de lo poco que se habla en los movimientos alternativos de la maternidad. O, si se habla, es desde un lugar edulcorado, color rosa, que no tiene relación con la maternidad real. Es a partir de ahí que comienzo a leer y a escribir. La maternidad es una experiencia muy importante para las mujeres, pero a la vez es muy poco nombrada por los feminismos. Creo que deberíamos hacernos eco de estas necesidades y reivindicarlas como derechos. El sistema ya nos la complica bastante.

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