Etchecolatz: morir solo y preso en cárcel común

Así murió esta madrugada el genocida más siniestro de la provincia de Buenos Aires. Solo, sin mostrar arrepentimiento, y con el silencio y la oscuridad con la que convivió toda la vida. Investigado y juzgado por más de 20 causas de crímenes de lesa humanidad cometidos en la estructura represiva en el denominado “Circuito Camps”, condenado por 9 causas que incluyen secuestros, asesinatos, torturas, desapariciones y robo de bebés, denunciado por centenares de crímenes, pasó los últimos años entre rejas, pero intentando eludir a la justicia tras pedidos permanentes de “prisión domiciliaria”. Durante el gobierno anterior gozó de ese privilegio por dos meses en Mar del Plata, y tras la movilización de vecinxs, organismos, y del movimiento por los DDHH de nuestro país, volvió a la cárcel para quedarse.

Por Natalia Bericat y Jorge Rodríguez

Se fue un asesino en serie, que bajo su órbita funcionaron alrededor de 20 Centros clandestinos de detención y otras tantas maternidades clandestinas. Se fue sin dar información, manteniendo el pacto de silencio perverso del terrorismo de Estado, sobre el paradero de las compañeras y compañeros detenidos y desaparecidos, de los bebés que nacieron en maternidades clandestinas como Clara Anahí. Se fue sin decir una palabra sobre el paradero de Jorge Julio López, desaparecido el 18 de septiembre de 2006 tras declarar en su contra. Se fue y la imagen de ese papelito con el nombre “Julio López” y la palabra “secuestrar”, como también la risa hacia los familiares de las víctimas, lo pinta de cuerpo entero. Pero la justicia es justicia a medias. El secreto lo llevó con él, se lo guardó, y así murió, solo, como mueren los cobardes y los monstruos, en la soledad que merecen. 
Organismos de DDHH y familiares se expresaron durante todo el día. Abuelas de Plaza de Mayo publicó en sus redes: “Condenado por centenares de crímenes de lesa humanidad, a los 93 años, murió el genocida Etchecolatz, que hasta el último día mantuvo el pacto de silencio. Se lleva la verdad sobre el destino de nuestrxs hijxs y nietxs, pero logramos justicia y memoria para sostener el Nunca Más”. Los pañuelos de nuestras Madres y Abuelas durante décadas llevando adelante esta lucha por Memoria, Verdad y Justicia, se enfrentaron a los cobardes en cada ronda y en cada acto de justicia. De ellas hemos aprendido que ante el horror, el amor será siempre una bandera para levantar con fuerza. Nunca triunfará el odio mientras de este lado sigamos manteniendo prendida la memoria. Taty Almeida también, con su coraje y fortaleza, se expresó en el día de hoy: “Murió sin arrepentirse de todos los crímenes que cometió. Estoy segura que jamás va a descansar en paz”.

Murió el genocida Etchecolatz - En Linea Noticias

Hoy las redes y los portales también se llenaron de otras imágenes: ¿Dónde está Julio López? es una pregunta que nos seguimos haciendo y que el genocida Etchecolatz se llevó para siempre. Rubén, hijo de López también habló sobre la muerte de quien fue sin dudas el responsable: “Tengo una especie de dolor de estómago. Estoy nervioso, no es por tristeza, tampoco es por alegría porque se haya muerto una persona que quizá fue el culpable de la desaparición de mi viejo. Es muy difícil explicar el sentimiento que tengo en este momento. Esta situación genera pensar en todas y todos los que pelearon tantos años para que haya justicia en este país y que lograron que Etchecolatz muera condenado y en cárcel común”.
Etchecolatz se fue de este mundo con el repudio social, incluso con el repudio de su propia familia. Mariana Dopazo, quien era su hija, decidió cambiarse el apellido y aportar datos e información. Sobre él, sobre su persona, decía cosas como esta: “Nunca existió un vínculo real con él. Me produjo inconmensurables angustias, huellas de traumas infantiles, a eso se le suma lo que todos nos fuimos enterando sobre su rol criminal en el terrorismo de Estado. Fue la encarnación del mal en todos los ámbitos”.

Desde algunos sectores nos piden que perdonemos a quienes jamás pidieron perdón, que nos reconciliemos con quienes nunca mostraron arrepentimiento, que olvidemos cuando la memoria es parte de nuestra identidad. Los genocidas deben morir así, solos, en cárceles comunes, y con el repudio social. Y festejaremos el día que haya justicia, que todos los criminales y cómplices estén entre rejas, que sepamos el paradero de nuestras compañeras y compañeros, y que encontremos a todas las nietas y nietos que estamos buscando. Ese día se festeja. Mientras tanto seguimos luchando por Memoria, Verdad y Justicia. Y en palabras de nuestra querida Norita Cortiñas, siempre VENCEREMOS.
Nunca Más. 30.400 Compañerxs detenidxs desaparecidxs PRESENTE. AHORA Y SIEMPRE.

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