Gabriel R. Molina: “siempre hay en nosotros fusilados que viven”

Fotografía: María Juliana Rodríguez

Gabriel Rodríguez Molina es escritor, poeta y estudiante de medicina. Vive actualmente en la ciudad de La Plata. Recientemente publicó dos libros con Editorial Sudestada: Severino y Guevara. En el ciclo “La distribución de la palabra”, charló con Revista Sudestada sobre el proceso creativo de su último libro y sobre esta serie de textos que contienen biografías poéticas de “personajes” de nuestra historia.

Por Natalia Bericat

Acaba de salir del horno Guevara. Este libro que bueno, un  poco tiene el formato de tu libro anterior que también salió hace muy poquito: Severino. Y una de las primeras cosas que quería charlar con vos es la cuestión de la puesta de varios géneros que se empiezan a fusionar. Por un lado nos encontramos con una tapa que dice novela, pero por el otro , cuando abrimos el libro, hay una especie de biografía poética, Hay un juego ahí con los géneros muy interesante.

Como decís, hay una forma de entender la literatura, una forma tradicional que vos bien mencionas. Y que una literatura que en Argentina tiene una tradición y en este caso, yo vengo de la poesía. Lo primero que he publicado, y todas mis referencias, siempre tienen que ver más con la poesía y luego sí con el teatro, la crónica, pero siempre teniendo ese primer ladrillo, esa piedra filosofal de alguna manera. Y bueno una de las claves, una de las llaves a la que siempre acuerdo es entender a la poesía como su antiguo término de la poiesis (el hecho creativo).  En el siglo veintiuno, la poesía va abrazar al resto de los géneros cómo vos decís. 
Hay algo de información histórica, hay algo de una voz más teatral que se imposta a través de la primera persona, hay algo de una cadencia narrativa, pero a la vez toda esa contención, esa urdimbre, tiene por detrás y operando si se quiere en las sombras a la figura de la poesía. 

Estamos ante personajes emblemáticos se podría decir, revolucionarios. Hombres que marcaron como fuego diferentes sectores. Si bien, Severino es diferente a Guevara hay unas líneas que se entrecruzan. ¿Cómo fue la elección del personaje?,¿Cómo aparece Guevara en tu cabeza?

Sin dudas que uno tiene esa referencia, desde que empieza a caminar la adolescencia. En mi caso que estudio medicina, también es entender la medicina de otra forma. Siempre de alguna manera, llegaba la figura de Ernesto Guevara de la Serna. Y en los últimos tiempos lo que a mí más me venía inquietando era descubrir mucho su faceta de escritor y de lector, que era una parte de su espíritu, de su alma que nadie me había mostrado. Siempre uno cae, en la violencia, en lo mítico, en la épica, pero nadie te dice que detrás de eso anidando en el vástago por debajo de la tierra estaba un escritor de poesía y un gran lector.  Uno de los desafíos es traer a cuenta, esa raíz que se oculta debajo del suelo y exponerla un poco a la luz, desnudarla de alguna manera. En ese caso, Severino era un gran poeta, y cuando uno lee sobre su figura lo primero que lee son los atentados a los bancos, sobre la épica y  el fusilamiento. Entonces me parecía que una de las apuestas, era remitirme a lo que yo creía o a lo que más me interesaba a mí que era la escritura poética y la lectura de estos personajes. Y a la vez, coincidir que eran dos personajes que tenían ese vigor y esa pasión de haber encarado a la muerte de una forma tan valiente y haber sido fusilados. Justo el otro día recordaba que una de las grandes frases que forjan la literatura del siglo veinte es de Rodolfo Walsh “ Hay un fusilado que vive”. Me parece que esos fusilados, es una frase válida para toda nuestra literatura y siempre va haber en nosotros fusilados que viven y nos hablan de alguna manera. 
Entonces bueno, era buscar esas poéticas, sin caer en un relato periodístico, histórico.

Abrimos Guevara y nos vamos encontrando con una especie de fisonomía, que vas construyendo, ¿Cómo se construyó este Guevara tanto de los físico? Sentimos su jadeo, su respiración en cada recurso poético que utilizas. Hay una puesta ahí importante por mostrarnos así como en carne viva, diría yo, al personaje. ¿Cómo construiste eso?
Sin dudas, uno de los rasgos que más uno se encuentra cuando se enfrenta con el cuerpo del otro. Me parece que ahí siempre hay que estar muy atento y poder escuchar. Sin desplazarlo de su de su cuerpo, pero bueno hay un juego sin duda que plantea con la otredad. Qué es un cuerpo, qué historia, qué es un mito. En ese sentido, fui a lo mínimo te diría, intenté no rodearme de mucha información. Sentía que de esa manera iba hacer un trabajo imposible; iba hacer un eterno naufragio. Y me fui a lo mínimo en su cuerpo. Sin duda pensar en la soledad; él que se  sabía solo. Estar 11 meses en la selva boliviana. Acompañado de cada vez menos gente, mandando cartas sin respuesta y relacionándose tal vez de una forma más pura,  cada vez más con la naturaleza y con su propio pensamiento. Ahí hay una relación con la soledad y con el pasado ¿no? También como charlamos la otra vez,  cuando el futuro es muy frágil y el presente así que se desvanece el pasado aparece como ese gran aleph. De alguna manera empieza hacer una acumulación de recuerdos difusos que empiezan a parecer, en ese cuerpo frágil y casi desahuciado. Sabemos que cuando lo encontraron a Ernesto Guevara pesaba menos de 50 kg. Se tenía que inyectar adrenalina cada dos por tres para poder respirar, estaba muy frágil. Bueno toda esa fantasmagoría que uno se puede llegar a imaginar en la soledad del monte, también en relación al monte intenté tejer de una manera poética del espacio que también. Que hablará el monte y se sintiera un poco el Yo. Intenté buscar referencias más orientales o de la poesía un poco menos despersonalizada y también dejar que aparezca la naturaleza en él.

Pienso un poco en los grandes héroes de la mitología y un poco en el circuito  del héroe que aparece acá en el texto...
Sin tal cual. Cómo vos  planteabas recién. Hay esa  cuestión mitológica y heroica que nos convoca a  lo sagrado. Y me parece que el desafío es bajar ese manto sagrado, que todos los héroes tienen y llevarlo en diálogo a lo profano, a lo terrenal, a la carne,  al hueso,  a la fragilidad,  esa propia soledad. A mí siempre me sirve mucho como vos decís, referirme algunos mitos.
Entonces siempre hay algo de esa cuestión del héroe que nos viene,  incluso la sangre y las lecturas. Las propias lecturas de Ernesto Guevara: sabemos que uno de sus libros  preferidos era el Don Quijote. Eso ya me parece que nos traza un lector muy amante de esa literatura del héroe, de la ética.  Ahí bueno, como vos planteabas esa  cuestión de la muerte y de la vida se desdibuja. Sabemos que los héroes son eternos, de alguna manera, siempre. Y en él esa búsqueda en la poesía también era una búsqueda de lo eterno. Cuando él  leía el Fausto y él leía el Don Quijote, cuando leía la propia poesía de Vallejo. Cuando recordaba perdido en la selva la marcha triunfal de Rubén Darío que podría estar buscando si no le eternidad de la poesía. 

En el final de ese texto que leí recién, hablaba de esto dije alguna vez que creía que América era una sola. Estamos leyendo a Martí  también ahí. Te iba a preguntar eso, ¿Cómo se fue construyendo la biblioteca Guevara? Porque de alguna manera, estamos ante a Guevara como lector, como escritor, y todos estos  personajes escritores  que aparecen en los epígrafes. ¿Cómo fuiste armando este entretejido? ¿Hay un diálogo entre tu escritura y Guevara, y estos escritores, grandes escritores  de la literatura, como Martí por ejemplo?
Sí. Seguro. Ahí aparece también mi lectura de Ricardo Piglia  en su ensayo Rastros de lectura. Guevara  en el mítico libro El último lector. Hay sin dudas un gran lector, un profundo lector,  Ernesto Guevara. La búsqueda fue más yendo primero a la poesía que le gustaba. Tal vez un sesgo de mi gusto por la poesía también. Ir a  Rubén Darío, ir a Vallejo, a Neruda. Y también saber qué lo único que le dejó a su mujer antes de irse a Bolivia fueron las grabaciones de tres poemas, lo único que le puedo dejar una carta a sus hijos y una grabación, que es muy bella,  que se puede escuchar: Ernesto Guevara leyendo los “Heraldos negros” de Vallejo por ejemplo.
Él decide dejar versos, sabiendo incluso que podía ser lo último que su ser amado escuche de su boca. Me parecía que ahí hay una importancia muy fuerte con la poesía. 

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