Guernica: cuando ya no queda nada que perder

Luego de la resolución que pospuso el desalojo la semana pasada, el juez Martín Rizzo accedió al pedido de distintos funcionarios que solicitaron otros 15 días de prórroga para decidir cómo proceder con la toma de Guernica, ubicada en la Provincia de Buenos Aires. El desalojo se posterga para el 15 de octubre.

Por Micaela Arbio Grattone
Fotos Matanza Viva

Amanece en Guernica. Jesica pone la pava en el fuego mientras piensa que al bracero no le queda mucha leña. Se hace un mate y se abriga un poco porque hace frío; todavía el invierno por la mañana se siente y el viento se cuela por las chapas de la casilla. Esa mañana se enteró que el desalojo se postergó para el primero de octubre debido a la resolución que firmó el juez Martín Rizzo del Juzgado de Garantías N°8 de Cañuelas. 

Es madre soltera, tiene dos hijos y no consigue trabajo. Piensa en su futuro y en el de sus chicos. El miedo y la incertidumbre son las únicas emociones que se le cruzan; y un deseo, el de tener un terreno para criar a sus pibes. “¿Dónde vamos a dormir si hay un desalojo?”, se pregunta. Un alquiler no puede bancar, porque si sale a trabajar no solo tiene que cubrir ese gasto sino que tiene que traer a una niñera para que cuide a sus chicos: “Yo pagaba $6000 de alquiler, pero con la pandemia me quedé sin trabajo y no te aceptan pagar por partes”, explica. Durante varios días juntó un par de chapas y se fue para la toma. 

Jesi se hace cargo de la crianza de sus hijos, se separó hace varios años y el único ingreso de plata que tiene es lo que el padre les da los meses que puede, cuando hace algunas changas. Él también contribuyó con la construcción de la casilla. “Me ayudó bastante para que no me faltara nada. Ojalá que no pase nada y nos quedemos, porque todos necesitamos. Hay muchos chicos acá”, cuenta.

Cada vez que un medio de comunicación llega a la toma y le hacen una entrevista aclara: “yo no cobro plata por mis chicos, ninguna pensión ni nada”. El estigma de que se embarazan por un plan está a la vista y cansa. No se embarazan, tampoco cobran un plan. Y si lo cobran, no les alcanza.

La localidad de Guernica se encuentra en el partido Presidente Perón perteneciente al área de la Provincia de Buenos Aires. Este territorio del conurbano bonaerense se ubica en el mapa a unos 37 kilómetros al sur de la Ciudad más rica del país. El paisaje es similar a cualquiera de los barrios más postergados de nuestro país: pocas casas, todas bajas, calles de tierra y mejorado, mucho verde y algunas despensas. Hay algo que es evidente: hay mucha tierra sin gente y hay mucha gente sin tierra. La toma de estas 98 hectáreas comenzó el pasado 20 de julio con la iniciativa de alrededor de 50 familias. Actualmente, son más de 2500 las que se encuentran aguantando con lo que pueden a las embestidas del clima y del gobierno.

Las casillas que se hicieron con los pocos elementos que pudieron entrar no cobijan mucho, pero se la bancan. En una de las entradas ubicada en la calle Manuel Belgrano hay una garita policial que se encarga de filtrar todo lo que intentan ingresar a la toma: materiales de construcción, agua y comida. “Después en la tele sale que somos unos vagos, unos usurpadores, unos delincuentes que agarramos los terrenos para hacer chozas. ¿Cómo no vamos a hacer chozas? Si la policía no nos deja entrar nada”, asegura un vecino. 

El accionar de la fuerza de seguridad que custodia la toma se parece más a la propuesta que lanzó la ex-asesora del Ministerio de Seguridad, Florencia Arietto, cuando estuvo como invitada al programa Nada Personal que conduce Viviana Canosa, que a una medida para cuidar de la población. Es que sí, eso es lo que muchos piensan cuando se embanderan en los derechos de la propiedad privada a la que seguramente tampoco pueden acceder. Hay que “cortarle los insumos”, lanzan al aire, como si esa fuese una solución.

¿Qué va a hacer el gobierno? 

El primer desalojo estaba previsto para el martes 22 de septiembre, pero el gobernador Bonaerense, Axel Kicillof, presentó ante la Justicia un escrito firmado por Andrés Larroque, ministro de Desarrollo de la Provincia, para que la medida no suceda de manera apresurada. Hoy se postergó nuevamente para el 15 de octubre. Están decidiendo qué hacer.

En un momento se hablaba de que una de las soluciones era comprar esas tierras a los dueños, pero el Ministerio de Desarrollo confirmó en diálogo con este medio que no es una opción en la que estén trabajando. La otra posibilidad, más probable, es reubicar a estas personas en otros terrenos fiscales. Muchas de las familias que se encuentran alojadas en la toma no oriundas de Guernica, entonces, el problema se expande hacia otras localidades.

El censo que gestionaron desde el gobierno provincial arrojó unos datos que parecen desfasados de la realidad que atraviesan las familias. Ellos mismos admitieron un margen no contabilizado con fidelidad entre las personas que respondieron y los hechos físicos. Hablan de datos a “profundizar”. 

El ministro Andrés Larroque declaró en los medios radiofónicos que están trabajando a contrarreloj para poder encontrar una solución para todas las familias. Sabe Larroque que el Estado llega tarde un par de años para garantizar el derecho a la vivienda. Aparentemente, el gobierno provincial quiere lanzar un plan de construcción de viviendas, que incluirá la entrega de lotes con servicios, antes del desalojo de la toma. En lo concreto, no hay nada claro. Cuando Sudestada le consultó al Ministerio qué plan estaban preparando, la respuesta textual fue: “La estrategia es dialogar familia por familia, verificar efectivamente sus necesidades y darles una respuesta para que puedan abandonar de modo satisfactorio el predio”. Ya pasaron dos meses de toma. El desalojo es inminente y los vecinos van a resistir. 

Mañana se hubiese cumplido el plazo para que la Bonaerense pueda comenzar con el desalojo. La fecha que había establecido el juez era de carácter definitivo, según habían dejado trascender en los medios los actores del acuerdo, pero la última novedad es que Rizzo accedió al pedido de  los distintos representantes de los sectores implicados: entre otros, los vecinos y algunos funcionarios provinciales. El problema es que las familias no se piensan ir sin la garantía de que van a tener dónde vivir. Una salida eficiente parece empantanarse con cada segundo que pasa y el gobierno se juega varias discusiones en esta solución.

En primer lugar, el déficit habitacional es, hace mucho tiempo, un problema estructural de la Provincia y también de la Capital Federal. Los distritos de Presidente Perón, junto a Lomas de Zamora, Moreno y La Matanza, son los que cuentan con mayores problemas de esta índole, según asegura el Ministerio de Desarrollo. La relevancia mediática que cobró la toma de Guernica obliga a medir con mucho cuidado qué precedente se asienta para futuras tomas posibles. Por otro lado, que se lleve a cabo un desenlace con represión y una expulsión indiscriminada de las familias que buscan un hogar sería la confirmación de que las decisiones que quedan en manos de la Policía Bonaerense y de Kicillof se parecen más a lo que haría el macrismo de la mano de María Eugenia Vidal que a una resolución empática que contemple las necesidades de ese otro que tanto pregonan como “la patria”. 

Tierras ¿para quién?

El terreno que hoy está en disputa es inundable. Esto lo comprobaron los vecinos y las vecinas el fin de semana pasado, cuando la lluvia no cesó hasta el domingo siguiente por la tarde. Aún así, ellos confían en que van a poder mejorarlo y construir ahí una casa para el futuro. El territorio está abandonado hace 40 o 50 años, según relatan. No parece apto para una toma, ¿pero sí lo es para instalar un country? Este es el motivo del conflicto. La necesidad de quienes no tienen techo choca con un emprendimiento inmobiliario: el de la firma Bellaco. Además, está en construcción una autopista que pasaría muy cerca del lugar, lo que potenciaría el valor de las tierras.

Las personas instaladas en este territorio aseguran que no es la primera vez que hay una toma en la localidad. Aunque algunos medios buscaron correr la voz de que la gente del barrio no quiere que se efectúe la conquista de estos terrenos, ellos aseguran que el buen vínculo con los sectores lindantes es justamente porque muchos de los barrios que hoy conforman Guernica nacieron de esta manera. 

A partir de la ley Nacional 26.737 se creó el Registro de Tierras Rurales, el cual depende del Ministerio de Justicia de la Nación, y que asegura que aproximadamente el 35 por ciento del territorio nacional está en manos de 1.250 terratenientes; es decir, 62 millones de hectáreas de la República Argentina. Además, el medio Chequeado realizó una investigación que detalla que “un 5,57 por ciento del territorio rural argentino hoy está en manos de extranjeros. Son 12.520.826 hectáreas, equivalentes, por ejemplo, a casi la mitad de la provincia de Misiones o a 622 veces la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”. El libro Tierras SA, que aborda la extranjerización de los territorios nacionales, de los periodistas Andrés Klipphan y Daniel Enz, agrega que entre ellos se encuentran Luciano Benetton y Joseph Lewis. Es que claro estos poderosos encuentran en Argentina todo eso que desean: la falta de regulación jurídica y la ausencia de un Estado que controle la venta territorial.

La organización del barrio 

Muchos dirán que la pandemia puso en jaque al sistema capitalista. Luego de más de medio año en cuarentena, la realidad demuestra que nada cambió demasiado. Los que más tienen siguen acumulando riquezas y los que menos tienen son cada vez más expulsados, más desprotegidos y más olvidados. “La situación se puso muy crítica. Algunos hacen changas de albañilería, pero no es continuo. Trabajamos una semana y después se para todo porque el trabajo de la construcción no está habilitado”, cuentan algunos de los vecinos.  

La organización del barrio está marcada por la división de cuatro sectores: 20 de julio es el primero, y luego están San Martín, La Lucha y La Unión. Las parcelas están divididas con cuerda y madera. Algunas calles fueron delimitadas y señalizadas por ellos mismos. Con algunas fotocopias que pudieron hacer, los vecinos y las vecinas difundieron varias de las reuniones para realizar las asambleas generales en donde se discuten y debaten las próximas decisiones a seguir. 

En varias oportunidades, mujeres y otras identidades disidentes se agruparon para gritar que desde los feminismos no habrá Ni Una Menos sin vivienda. “Lo que nosotras queremos es tierra para vivir, feminismos para habitar”, titulan en un material compuesto por las voces de distintxs compañerxs que participan de la toma.

Algunos quieren resistir contra todo, otros consideran la posibilidad de irse a otro lugar en caso de que se los ofrezcan. No van a aceptar migajas, eso está claro. “Nos quieren solucionar con 45 lucas. Si voy a alquilar ¿qué hago?”, cuestiona uno de los vecinos después de que el sábado 26 se acercaran personas vestidas con pilotos amarillos con intenciones de “dialogar”. Sobre este hecho, el Ministerio negó el accionar, pero aseguró que “estuvo la Pastoral Social para ver cómo podían acompañar”. 

Voluntad de la gente no falta. Lo que escasea es el empeño dirigencial para que poco a poco la toma se transforme en un barrio. “Estamos sin luz, sin agua, con una casilla precaria que es una lona en donde los chicos se quedan a dormir de vez en cuando, porque hace mucho frío”, afirma otro vecino.

El pueblo alza una bandera: “No al desalojo, tierra para vivir”

¿Y qué pasa con todos esos a los que no les alcanza ni para llenar la olla? ¿Qué pasará con estas miles de familias si el desalojo se lleva adelante? ¿A dónde van a ir? ¿Cuánta falta de sensibilidad se puede tener cuando una madre no sabe qué darle de comer a su pibe o cómo hacer para bancar el alquiler? La historia parece repetirse una y otra vez.

El debate sobre la legalidad o no de la toma de tierras se puso en el centro de la escena en estas últimas semanas. Muchos apelaron a la meritocracia y salieron a defender la propiedad privada como una cuestión socialmente innegociable, aunque paguen un alquiler, aunque solo tengan ese autito que se pudieron comprar ahorrando algunos mangos, aunque no se hayan podido ir de vacaciones el verano pasado. Aunque pertenezcan a una clase no pudiente que solo tiene un poquito más que el de al lado. Pero qué más da, si lo que importa es tener y tener. Aunque en esta cuestión esté escondido el hecho que muchos tienen y otros no tienen, y los que no tienen defienden más a los que más tienen que a los que no. 

Mientras muchos chamuyan con teorías económicas y libritos sacados de alguna universidad, los pibes de Guernica juegan a la pelota al lado del charco que dejó el diluvio del fin de semana. Se tiran al piso sin importar hasta dónde se tengan que embarrar para defender cualquier tirito al arco. Es que esa canchita imaginaria que no tiene líneas que marquen los límites se volvió el único lugar que los resguarda de la realidad que los golpea duro. Es que la toma se volvió ese rayito de sol que les empieza a pegar en la jeta cuando la tormenta se va despejando. Una llamita que se prende como el fuego del brasero cuando hay que poner el mate. Esa ilusión que resiste cuando ya no queda nada que perder. 

*Los nombres de los vecinos y vecinas citados en esta nota fueron modificados con el fin de resguardar su identidad

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