La cultura senegalesa en Argentina

Por: Camila Brizuela // @camibrizuela15

Fotos: Nacho Amiconi –  Senegal Platense

Idrissa Diop es uno de los tantos senegaleses que viven en Argentina. Él es bailarín profesional y llegó al país hace tres años por trabajo: estaba de gira por Sudamérica. Cuando quiso volver a su ciudad natal, su documentación venció y no pudo renovarla. Su estadía fue inesperada pero lo que lo motivó a quedarse fue darse cuenta de la poca cultura senegalesa que había acá.

“Mi idea siempre fue mostrar la cultura de Senegal porque toda mi vida es arte, yo vivo de la danza, en mi país y en todos lados”, dice Idrissa a Revista Sudestada, convencido de su pasión. Hoy da clases de sabar, un tipo de danza senegalesa que recibe el mismo nombre que los tambores que generan sus movimientos. En Argentina comenzó brindando clases en un estudio de danza en Villa Crespo. Por la pandemia, se trasladó a la modalidad virtual y ahora da clases en las plazas: en el Parque Centenario, Saavedra, en Tigre y en Belgrano.

En Senegal es muy fácil encontrar un espectáculo de sabar en las calles, solo basta con seguir el sonido que generan los tambores hasta encontrar el lugar del show. En la Ciudad de Buenos Aires, Idrissa se encarga de que su danza llegue a la gente: argentinas y argentinos, de todas las edades, concurren a las clases del senegalés, quien se destaca por su vestimenta ancha, colorida y su amplia y blanca sonrisa. Cuando se baila sabar, todas las partes del cuerpo se mueven y ninguna queda afuera. 

Mientras las tardes de Idrissa transcurren al ritmo de la danza, los días de Cheikh Gueye se pasan con la venta ambulante en la Calle 12, una de las más comerciales de La Plata. El comerciante es el vocero de la comunidad senegalesa de esta ciudad, que está compuesta por 260 personas.

Tal como sucede en el país africano, la mayoría de los migrantes senegaleses en Argentina son musulmanes y en este momento, los practicantes de la religión islámica atraviesan el noveno mes de su calendario lunar, el ramadán. Durante este tiempo las personas musulmanas deben ayunar desde el alba hasta la puesta del sol, sin beber, comer y tener relaciones sexuales. Es un periodo para profundizar en la vida espiritual.

En esta religión, y más aún durante este mes, es necesario rezar 5 veces por día. Cheikh, al igual que muchos otros senegaleses, utiliza la aplicación Muslim Pro para practicar la religión fuera de su país de origen. Esta plataforma permite conocer los horarios de rezo y también ofrece el Corán completo, entre otros servicios. Antes de la pandemia, los integrantes de la comunidad de La Plata se juntaban todos los domingos a las 10 de la mañana para rezar. Ahora cada uno lo practica desde su casa pero Cheikh se anima a más: siempre que puede, lo hace en la calle, al menos el rezo de las 13 y de las 17. “Yo lo estoy intentando porque es un pecado no hacerlo, no sé si está bien o está mal pero la intención está”.

La mayoría de los jóvenes trabajan fuera de sus casas durante todo el día y por eso el rezo lo hacen dentro. Pero Cheikh afirma que también es cierto que el resto no lo hace en la calle por la falta de oportunidades, porque si uno reza afuera está sujeto a la inseguridad y a la discriminación. “La gente te mira mucho pero a mí no me importa lo que opinen, yo me enfoco en lo que estoy haciendo nada más”, dice Cheikh. 

Cheikh rezando en las calles de La Plata

Por su parte, Idrissa celebra el ramadán dentro de su casa y con su familia. En el tiempo que estuvo acá, conoció a su pareja argentina, con quien se casó y tuvo un hijo. Su mujer también es musulmana y entre los tres practican la religión. A veces concurren a la Mezquita de Palermo Rey Fahd, donde reciben comida gratuita por ser musulmanes. “Para mí lo importante no solo es la danza, es ayudar también”, explica Idrissa. Y es por eso que ellos mismos son los que a veces cocinan alimentos para entregar a quienes duermen en la calle. 

En la comunidad senegalesa de La Plata hay una mujer llamada Astou que se encarga de cocinar y vender las comidas típicas de Senegal. Su ingrediente principal es el arroz, que se prepara de muchas formas pero también debido a la ubicación costera del país africano, el pescado es una carne frecuente en los platos. Una de las comidas nacionales de Senegal es el Thieboudienne, que es un pescado marinado acompañado de legumbres y arroz. En ramadán Astou solo hace unos sánguches típicos que vende por la tarde cuando se rompe el ayuno. Pero en el caso de Cheikh, como ahora vive solo y no le gusta cocinar, ella se encarga de realizar sus cenas. 

Cheikh llegó a La Plata en junio de 2014, después de vivir seis años entre España e Italia, que terminó con su deportación a Senegal. El Estado español al expulsarlo le impidió volver a pisar ese país. Así fue cómo surgió la posibilidad de venir a Argentina para probar suerte. Por un tiempo vivió con su hermano y su sobrino, pero actualmente se encuentra solo.

Él llegó a ser el presidente de la comunidad senegalesa de La Plata porque es uno de los que mejor habla español, el idioma que aprendió durante su estadía en España. En Senegal se hablan múltiples dialectos, entre los cuales predomina el wolof pero por su pasado colonial, muchos dominan el francés. El español es una lengua extraña que deben aprender para desenvolverse en este país. La mayoría lo habla en la calle, como es el caso del bailarín. Cuando Idrissa llegó a la Argentina no sabía hablar español, y hoy en día, tres años después y con una familia argentina, ya sabe dominar el idioma. 

Celebración Gran Magal de Touba

La numerosa presencia de senegaleses en Argentina, y especialmente en La Plata y en la Ciudad de Buenos Aires, hace que se reúnan en comunidades y se organicen para no olvidar sus raíces. Esto se ve reflejado, todos los años, cuando se celebra el Gran Magal de Touba, la festividad religiosa y cultural más grande de Senegal. Es una peregrinación que tradicionalmente da lugar a múltiples actos rituales. En esta festividad le rinden tributo a Ahmadou Bamba, un líder religioso de Senegal de la época de la colonización francesa.

Los senegaleses que viven en Argentina realizan el encuentro a puertas abiertas, comparten comidas, bebidas de forma gratuita, y mucha música y bailes tradicionales de su cultura. En la ceremonia le dan gracias a Allah, pero también reivindican sus derechos como migrantes y trabajadores. Con los lemas “migrar no es delito” y “trabajar es un derecho”, la comunidad senegalesa se organiza contra la criminalización y la persecución policial.

Desde que Idrissa y Cheikh llegaron a Argentina, fueron partícipes de esta celebración. En el caso de Cheikh, en las peregrinaciones de La Plata e Idrissa estuvo presente en las de la Ciudad de Buenos Aires y también en Catamarca.

“Todo lo que haces en Senegal, lo podés hacer acá”, concluye Cheikh y agrega que por el trabajo muchas veces se complica seguir las tradiciones, pero siempre es posible vivirlas. En este mismo sentido, Idrissa afirma que él es la misma persona tanto en Senegal como en Argentina porque, entre otras cosas, su trabajo artístico lo puede llevar a cualquier lugar. 

“Yo quiero que la gente argentina conozca Senegal, porque no se sabe nada y se piensa que es un país pobre, pero ahí tenes de todo”, finaliza Idrissa, que siempre baila con la idea de derribar prejuicios, pero sobre todo con el fin de difundir y ampliar el conocimiento de la cultura senegalesa en cualquier lugar que visita.

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