La fortaleza de Biles y la obsecuencia de Djokovic

La talentosa gimnasta Simone Biles decidió dar un paso al costado cuando estuvo en la cima del éxito. Ella priorizó su salud mental y dejó cinco pruebas seguidas. La deportista y sobreviviente de abuso sexual nos demuestra día a día su fortaleza y no teme a posicionarse por sus ideales, aunque eso conlleve perder seguidores e incluso sponsors. Durante su salida, muchxs deportistas estuvieron a la altura. Sin embargo, otros como Djokovic no.

Por Carola Hs

Voy a comenzar con una confesión: no sé nada de deportes. Mi padre, el “encargado natural” de transmitir esta pasión, consideraba que dicho pasatiempo era para los hombres lo que la ropa para las mujeres: frivolidades innecesarias. En mi casa sólo se averiguaban las fechas de los partidos importantes para ir al supermercado sin cola o viajar en la ruta sin tráfico. Con ese nivel de pasión deportiva crecí, y se ha mantenido hasta el día de hoy. 
Sin embargo, hay deportistas que se han destacado en sus disciplinas lo suficiente para romper las barreras de mi desinterés: Maradona, Sabatini, Ginóbili, Serena Williams, Aymar, Bolt, Michael Jordan, Phelps, y por supuesto, Simone Biles. ¿Cómo no haber escuchado nombrar, incluso dentro de mi raviol, a la mejor gimnasta de todos los tiempos, que aun siendo mujer y negra en un mundo racista y misógino, ha ganado innumerables medallas y cuenta con varias piruetas en su haber, que nadie más en el mundo ha sido capaz de imitar? Esto es sin dudas mérito suficiente como para ser admirada por cualquiera que disfrute del deporte, e incluso reconocida por una marciana como yo. 
Pero la gimnasta hizo también otra cosa: estando en la cima, decidió dar un paso al costado. Ella priorizó su salud mental, y en ese acto hizo mucho más que eso. Conociendo la gloria, supo ver aquel surco que determina un camino fijo, único, lineal, entre ganar y perder, éxito y fracaso. Es ese surco el que asocia el éxito deportivo, académico o monetario, a lo valorado socialmente por un lado, y el fracaso, a la incapacidad individual, a la falta de mérito y a lo insignificante, por el otro. Cada partido ganado o perdido, título conseguido, paper publicado o bien material adquirido moverá a los participantes en una u otra dirección dentro del surco, pero nunca en una dimensión diferente. Se trata de una carrera interminable en donde cada puesto jerárquico, del primero al último es único. La única manera de ascender es pisotear a alguien más, y descender o estancarse implica una pequeña humillación. 
Simone Biles no sólo logró ver el surco, sino también el mecanismo de la azada, y lo dejó en evidencia. Siendo una indudable ganadora dentro del sistema, denunció que era ese mismo sistema el que no tenía sentido. Los costos, incluso para los ganadores, no valían la pena. El sentido, en cambio, estaba en otra parte. Biles nos conmueve al demostrarnos que lo verdaderamente importante no pasa por aquello que la sociedad nos indica como éxito. Tanto en cuanto a la priorización de su salud mental, como en sus recientes dichos a favor de la despenalización de aborto, nos muestra que hay un valor superior en desobedecer el mandato y elegir el propio camino, y que justamente es posible desobedecer y no fracasar. Por eso mismo molesta al obediente. Porque demuestra su incapacidad de ver más allá. Lo deja en ridículo.
Mientras múltiples deportistas salieron a defender a Simone, Novak Djokovic habló sobre este tema y dijo que “la presión es un privilegio. Sin presión no habría deporte profesional”. Biles dejó en evidencia que hombres como Novak Djokovic no son más que hombres excepcionalmente exitosos en su obsecuencia al sistema. Los cuestiona en lo más profundo de sus decisiones: ¿acaso tienen sentido todos sus sacrificios? El tenista necesitó contestarse desesperadamente que sí, y para eso debió empujar nuevamente a la estadounidense al interior del surco y explicar al mundo que en realidad fue ella la que no pudo llegar al extremo correcto, que fue falta de mérito, que en realidad no supo soportar la presión y que no existe nada fuera del surco, no hay cosa tal como una elección superadora. 
Biles desvistió al Emperador, y Djokovic, desnudo, no supo hacer nada mejor que acusarla a ella de ser incapaz de ver ese maravilloso traje. Desafortunadamente para el serbio, ya éramos demasiadas personas las que habíamos notado la palidez de sus glúteos. Y así fue que el pobre monarca terminó también fuera de juego, pero ya no desde la cima, sino enterrado en la zanja, con su raqueta destrozada contra una tarima como hizo tantas otras veces. 
Simone Biles será recordada sin duda por la excelencia de sus piruetas. Pero más aún por la talla de su humanidad. Será recordada por enseñarnos que incluso en un mundo que nos exige y presiona constantemente, es posible a veces detenerse, observar y analizar en profundidad su estructura, ver sus cimientos. Porque sólo de esa manera podremos decidir realmente cuál es el mejor camino personal, dentro de nuestras posibilidades y contexto. Ella será recordada como una verdadera inspiración. Él, como un deportista.

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