La música desde y en los márgenes

Muchxs artistas viven a las sombras de lo que la industria de la música impone, aun así, sus historias tienen importancia en contextos locales donde producen sus obras, de forma independiente o autogestionada, y, también, de manera colectiva. El músico y sociólogo Howard Becker considera a la actividad musical como una práctica social cooperativa, colaborativa y colectiva, en este sentido, resulta vital recuperar las voces de todxs lxs agentes que intervienen en la producción musical, como, así también, analizar sus prácticas y representaciones.

Por: Valeria Spinetta
Fotos: Eliana Sanabria

Nuevos desafíos para la producción musical

El contexto de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, decretado a causa de la pandemia covid-19, alteró la vida cotidiana. En el plano musical, las presentaciones en vivo se interrumpieron abruptamente para dejar de ser lo que eran. Las plataformas digitales, los shows vía streaming o redes sociales fueron ocupando el lugar vacío que dejó el recital en vivo, y que, para ciertxs musicxs significarían nuevas formas de percibir ingresos -mediante un pago prefijado o bajo la modalidad a la gorra-. Pero, para muchxs otrxs artistas estos nuevos desafíos implicarían nuevas formas de precariedad.

El recital en vivo compromete a un grupo de personas -no sólo a artistas, sino también a técnicxs, sonidistas, iluminadores, fotógrafxs, etcétera- que colaboran para realizar una obra. El trabajo de esa red de personas se vio afectado por la interrupción de la actividad. Algunxs pudieron reacomodarse en la nueva normalidad e incluso pudieron obtener ingresos, pero muchxs son lxs artistas que no acceden a este nuevo circuito. Esto se exacerba en el caso de la producción musical independiente y/o autogestionada, y de artistas alejadxs de las tecnologías digitales. Entonces ¿cómo se reinventan lxs artistas frente a los desafíos que imponen los nuevos contextos? Las alternativas son múltiples y variadas, pues son diferentes lxs actores, sus posibilidades, realidades, perspectivas y particularidades.

Mientras tanto… desde los márgenes

Para quienes disfrutan de la música, octubre de 2020 fue un mes que, pese a esta intermitencia, habría comenzado a lo grande. Y es que ACDC, la mítica banda australiana, ha confirmado su regreso con su formación clásica y un nuevo disco “Power Up”, y, además, ha lanzado un primer anticipo: el tema “Shot in the dark”. Poco duró la emoción de esta vuelta tan ansiada, dado que, durante los primeros días del mes, músicos destacados a nivel nacional e internacional abandonarían el plano corporal dejando un gran acervo musical. El legendario guitarrista Eddie Van Halen, fundador de la banda de hard rock estadounidense Van Halen, falleció a sus 65 años. Días después, falleció a sus 54 años el músico, poeta e historiador porteño Gabo Ferro, quien, un año atrás, había sido distinguido por la Legislatura porteña como Personalidad Destacada de la Cultura. Desde el norte y desde el sur, ambos músicos perdieron la batalla contra un enemigo en común.

Pero, antes de tales acontecimientos, otra perdida había azotado a la cultura, al arte y la música. Esta noticia conmovió a lxs músicxs de la ciudad de Avellaneda, ubicada en la zona sur del conurbano bonaerense de la Provincia de Buenos Aires. Allí, desde los márgenes de la estandarización de la industria cultural dominada por las grandes empresas multinacionales, y en eso que suele llamarse escena independiente, el lunes 5 de octubre por la madrugada fallecía el Gran Señor Roberto Calissi, un laburante y músico de 63 años de edad, oriundo del barrio Villa Corina.

Recuperar la voz de lxs actores

En La interpretación de las culturas (1973), el antropólogo estadounidense Clifford Geertz ha propuesto privilegiar la perspectiva de los propios actores sociales, es decir, ha planteado retomar el punto de vista de los actores, para intentar comprender como piensan y actúan. Dicha propuesta es una alternativa fructífera para estudiar la escena musical independiente, a sus musicxs y sus particularidades en contextos locales específicos; y, más aun, cuando en muchos estudios sobre rock nacional se tiende a excluir las voces de los actores, es decir “se habla de ellos, sin ellos” (Avenburg, 2010). A su vez, el sociólogo francés Loïc Wacquant, en su obra Entre las cuerdas (2006) ha propuesto un enfoque que toma al agente social como un ser que participa del universo que lo crea y que contribuye a construir. Al retomar estos lineamientos, resulta central incluir y resaltar no sólo las voces –múltiples, variadas y cambiantes-, sino también las particulares experiencias, comportamientos e historias de lxs actores, en el hábitat cotidiano.

El Gran Señor Roberto Calissi

El viejo, como le decían afectuosamente sus amistades, era portador de una estética, un estilo y una voz blusera que se conjugaba con los sombreros que portaba. Él transportaba a toda persona que lo escuchase y/o viera a los años 60 y 70 del rock nacional, para encontrarse en este viaje con bandas como Manal, Almendra y Los Gatos. Vivía en Avellaneda, en el barrio de Villa Corina, a unas cuadras del cementerio donde yacen los restos del líder de Sumo y donde alguna vez también estuvieron los del líder de Flema. Además de su dote artística, el viejo tenía otras habilidades, su capacidad de sacarle una sonrisa incluso a la persona más seria. Y es que así lo recuerda su familia: “siempre de buen humor, a pesar de todo lo malo que le estuviera pasando”. Vivía contando anécdotas sobre su juventud llena de rock, de risas y de algunos excesos. Solía charlar sobre música, sus planes, su familia, y, últimamente expresaba su alegría dado que estaba grabando con una nueva formación de Gran Señor, una de las bandas que lideraba y que mayor emoción le generaba.

“Estos son mis últimos dados”, solía decir cada vez que se refería a sus proyectos musicales. Tocar era su vida, la música era su pasión, pero también su mayor problema. Es que nada es fácil en el under, aunque si hay algo que sobra son proyectos. Pese a la situación de aislamiento, el viejo no perdía las ganas de tocar y de crear. Hacía algunos meses había expresado sus ganas de dar clases de canto: “quiero empezar a enseñar canto, ahora sí tengo la paciencia que no tenía antes”, decía. El viejo se hacía problema cuando las cosas en la música no le salían como quería. Su mayor angustia llegó con la pandemia y el contexto que estableció. Estaba cansado del aislamiento y no veía la hora de tocar, “ya vamos a poder tocar de nuevo”, decía con optimismo. Él no consideraba a la virtualidad una opción. Él quería hacer música, de forma tradicional, ensayar con su banda, tocar en vivo, estar con sus amigxs. En octubre de 2020 el viejo falleció… sin poder hacer lo que más le gustaba y apasionaba: cantar.

De Avellaneda pal´ mundo

            En el conurbano bonaerense hay historias y un potencial artístico que pocas veces es reconocido. Es necesario visibilizar estos procesos que si bien son micro representan las vivencias de artistas independientes y/o autogestionadxs que cotidianamente crean y recrean su práctica musical, y, que, pese a los obstáculos con los que se topan cotidianamente, no por ello limitan su creatividad. Es importante, entonces, advertir sobre los aportes que pueden realizarse desde las ciencias sociales y humanas para no sólo recuperar la voz de artistas locales, sino, también, visibilizar sus historias, trayectorias y la labor artística, cultural y social que muchas veces queda invisibilizada. Resulta indispensable, entonces, dar a conocer el aporte de artistas que habitan en los márgenes y exaltar esas huellas culturales y artísticas que contribuyen a conformar un acervo cultural local.

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