La posmodernidad y el conurbano nacen juntos

El año 2001 fue un punto de inflexión en la historia argentina que marcó el comienzo de una nueva era tanto a nivel social como cultural. Durante ese año, la crisis económica y política que azotó al país tuvo un impacto profundo en la sociedad. La contracara al individualismo posmoderno que se intentó inculcar en esos tiempos será el conurbano bonaerense, re-valorando su identidad, apostando a la autenticidad desde su nacimiento, hasta la actualidad.

Por Tania Pagnola

Uno de los aspectos más destacados del 2001 fue el surgimiento de la posmodernidad en Argentina, un fenómeno que se dio con el acercamiento de las tecnologías y la globalización manifiesto en diversos ámbitos de la vida cotidiana. Esta posmodernidad se caracteriza por fragmentar las identidades, promocionar el individualismo y la falta de compromiso social. Con la crisis económica que nuestro país atravesó en ese entonces, estas características podrían haberse hecho especialmente visibles con mayor facilidad. Pero aparece un fenómeno muy interesante como antítesis, dentro de lo mal llamado “periferia”, el conurbano. La sociedad argentina se vio obligada a cuestionar las estructuras tradicionales de gobierno y a buscar nuevas formas de comprender y enfrentar la realidad, a través de barriadas, ollas populares, cacerolazos que hoy siguen siendo aún la forma más honesta y auténtica de enfrentar las crisis. El conurbano, una región históricamente marginada, juzgada y postergada, se convirtió en un escenario clave a partir de la crisis del 2001 en adelante; El principal lugar donde las profundas desigualdades sociales y económicas que atraviesa el país se hacen carne, también será el epicentro de grandes revoluciones, de la solidaridad, del pensar en comunidad, de comenzar a ser narrados desde nuestro punto de vista y dejar de ser narrados por extraños, ajenos a nuestras costumbres, problemas y necesidades. Entonces, el año 2001 puede ser considerado como un momento fundacional tanto para la posmodernidad en Argentina como para el conurbano bonaerense. Su historia, sus vivencias, construyen un relato contra hegemónico de ese espacio en el que viven aproximadamente 11 millones de personas. Desmintiendo la mirada porteño centrista de “la periferia de la Ciudad Autónoma” con lo primitivo, rural, atrasado y bárbaro. Aunque, el fantasma del individualismo postmoderno avanza bajo una necesidad manifiesta de perpetuarse en la sociedad de la Información, como proyecto moderno que propone que las tecnologías y la globalización significan progreso y desarrollo dentro de las sociedades. Y las ideas de que el conurbano es un lugar peligroso, a normal y sucio comienza a ser repetido por los medios de comunicación porteños: con programas como “Policías en Acción”, que iban a transformarse en programas periodísticos como “La cornisa”, “conurbano ATR”, “Lado C” en canales de televisión, que su vez se hacían relato en noticias sobre inseguridad, estafa,droga, robos y se fusionan hoy con videos ilimitados por redes sociales que refuerzan todo sentido común preconcebido.

¿Cómo se hace frente al individualismo posmoderno?

Mientras que desde los 90 en adelante, la pobreza, la exclusión y la precariedad se hacían más evidentes que nunca en el conurbano bonaerense, surgían voces dentro de la cultura. La música comenzó a ser el reflejo fiel de las luchas y reclamos sociales. Buscaba mostrar un relato diferente al que nos narraban en la TV o la radio, contarnos a nosotros mismos, repensarnos como comunidad, mostrar la exclusión de políticas públicas sobre esta parte de la provincia de Buenos Aires, junto con las estructuras sociales que eran parte de ellas. “La 25 de de Quilmes” reflejó la vida y las costumbres de los barrios del conurbano bonaerense, sus luchas diarias, experiencias de vida, el amor, la violencia.

“Chico Común”:

Él es un chico común

¿Cómo solía haber en cualquier barrio de hoy?

Ella es la chica bien que vagaba sola en aquella vieja estación

Y se cruzaron aquel día de tarde y el silencio partió.

“Barrio viejo”: Hace referencia a la vida en los barrios antiguos, la nostalgia por

los tiempos pasados y la identidad que se forja en estos entornos. 

Nada es nuevo todo escrito está.

La gente es buena, las casas son iguales

Saludo a un tipo que jamás lo vi y volveré a ver

Pero se extraña sabes, ese barrio viejo.

“La Rockera”: Una canción que retrata la vida de una mujer del conurbano que

vive el rock como una forma de escape y resistencia.

Siempre descontrolaba, nadie la esperaba, nadie la vio partir

Excesos de cama rock y marijuana se quiso quedar

Casi sin comer

Siempre sin dormir

Él se suicidaba cada vez que lo dejaba por otra mujer

Cuando vivas este infierno, pensarás en volver

Ese día te dejó la vida rodar o morir.

¿Para qué me has traído hasta aquí?

En un mundo de excesos, fronteras y rezos, no cabemos dos

Él no la emocionaba, no sentía nada, igual moría por él.

El indio Solari, oriundo de Entre Ríos, fue otro de los cantantes de los que el conurbano supo hacer suyas sus letras, así como Divididos, Attaque 77, Kapanga, Viejas locas, Hermética, Almafuerte. Hoy muchos de estos siguen siendo íconos y podemos sumar otros artistas contemporáneos que hicieron eco de este espíritu conurbano, entre ellos: L-Gante, El Noba, Tiago PZK, entre otros como Willy Bronca, un pibe de José. C. Paz (más al noroeste) que relata el día a día de los barrios populares desde el rap, letras como su tema H.A.R.T.O retratan esta realidad : “Miles vendiendo lentes justo enfrente de un local de comida por peso. Hace un año estoy sin gas así que ese será mi almuerzo.”

La música, entonces, fue un eslabón muy importante para reforzar la identidad conurbana, como contracara del relato hegemónico, dándole felicidad al pueblo frente a una posmodernidad que demoniza lo popular, lo colectivo. Con un objetivo: La división social, una sociedad a la que le sea imposible llegar a un mínimo principio de acuerdo, junto con la destrucción de las instituciones del Estado.

Esta nueva era, busca profundizar en el viejo dicho “miente, miente, que algo quedará” y se le suma, además, odio y trolls. En una realidad donde a nadie le importa lo que es cierto o no, ya que lo que importa, es “pertenecer” a un grupo que reafirme esta nueva identidad individual, las personas se atrincheran en la comodidad de los prejuicios que ordenan su mente en función de este nuevo mundo.

Quienes controlan los medios de producción (en este caso la TV, Radios, las redes) son quienes tienen las herramientas para orientar, como una marea, los grupos de pertenencia que surgen e incluso, capacidad de instalar grupos no espontáneos que influyan en sus creencias y accionar. Mientras la sociedad del mundo común tiene estas problemáticas, que no nos son ajenas para nada, el conurbano, sigue funcionando igual que siempre. Molesta que lo que surgió desordenado aún no se pueda ordenar, que sea la otra cara que viene a desmentir el relato de que el individualismo triunfará en Argentina.

El conurbano es. Con su identidad, sus problemáticas, sus costumbres, su día a día y va gestando una fortaleza muy difícil de derrumbar y socavar. La crisis de ese año no solo evidenció las fallas del modelo económico y político imperante, sino que también abrió la puerta a nuevas formas de pensar, sentir y actuar en la sociedad conurbana. El nacimiento de la posmodernidad y el protagonismo del conurbano bonaerense en este proceso son dos caras de una misma moneda, que reflejan la complejidad y la diversidad de una época de profundos cambios y transformaciones. Ahora tendremos que reinventarnos para atravesar este desafío y seguir enfrentando la batalla cultural.


Imagen de portada: Nehuen Rovediello

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