“Las futbolistas son profesionales pero no tienen el respeto en las condiciones y los salarios”

La Selección Femenina Argentina está en la cancha, buscando su espacio en las competencias, mientras que batalla por el reconocimiento que merece en nuestro país. Aunque sean parte de la competición, solo pasan sus partidos por DirecTV Sports, cuando a la selección masculina se la pasa por Tv Pública. A pesar de que desde 2019 se haya profesionalizado el fútbol femenino, gracias a la lucha feminista y a partir de a denuncia formal que inició Macarena Sánchez, las condiciones de la mayoría de las jugadoras son precarias. Muchas de ellas están en la informalidad en sus clubes, tienen que sostenerse con otros trabajos y reciben un salario menor en comparación con los jugadores varones.

Por Florencia Da Silva 

“La AFA y el sindicato Jugadores de Fútbol Profesional Agremiados firmaron un Acuerdo Marco, en el que profesionalizan el fútbol femenino, e invitaron a los clubes de Primera División a que durante el lapso de un semestre profesionalizaran sus planteles de jugadoras. Ahora bien, varias cuestiones son más que llamativas en esta pronunciación. La primera es que se exigía un mínimo de ocho contratos profesionales -en 2019-. En segundo lugar, y no menos importante, la mención que se manifestó sobre el salario, nuevamente, abrió la brecha de la desigualdad, ya perpetrada por hechos. Una jugadora de Primera División A percibirá un salario igual que el de un jugador varón de la Primera División C”, explica la abogada Melisa García, que defendió legalmente a Macarena Sánchez, en su artículo “Profesionalización del Fútbol Femenino ¿Conquista de derechos o igualdad aparente?. 
En diálogo con Sudestada, la abogada sostuvo que “la AFA actualmente hace muy poco. Ellos se quedaron en la comodidad de semi profesionalizar en marzo de 2019, con que se iba a exigir a los clubes de manera gradual el reconocimiento de contratos a jugadoras. Hoy hay un piso de 12 contratos, pero no lo cumplen todos los clubes. Incluso especulan a quién contratar y a quién no de los planteles. Justamente no hubo modificación legislativa. Tanto en el estatuto como en el convenio colectivo de trabajo no se modificó ni se incluyó a las mujeres y disidencias”. 
El contexto de vulneración de los derechos de las futbolistas irrumpió el espacio público ante la denuncia de Macarena Sánchez, aunque eran muchas -y son todavía- las que estaban en la misma situación laboral. En su artículo, García retoma el caso de Sánchez para ejemplificar y cuenta cuando la futbolista comenzó a jugar en el Club UAI Urquiza, para justificar sus ingresos -la participación en torneos de Primera División que organiza la AFA- percibía en carácter de viáticos la suma de $400. Para poder vivir, el trato de palabra con el club era el siguiente: Trabajar como administrativa en una de las empresas Clean Baires SA de 8 a 14 de lunes a viernes. 

También, en el artículo, retrata la historia de una jugadora de San Lorenzo, que tuvo que enfrentar la misma precarización: “Hasta que el fútbol femenino de la AFA se semi-profesionalizó, nosotras cobramos viáticos, que variaban como en todos los clubes. Como ese sueldo no alcanzaba, empecé a trabajar como administrativa en el archivo del club, que en ese momento estaba ubicado en Avenida de Mayo, en el centro. Iba directo del trabajo al entrenamiento. Si teníamos partido durante la semana podía ir a trabajar un ratito o me permitían faltar. Todavía conservo ese trabajo, aunque ahora está en la sede de Avenida La Plata, más cerca. Lo conservo porque los sueldos de las futbolistas de Primera en Argentina no se pueden comparar ni un poco con los de los varones”, cuenta la mujer para la investigación. 
Pero ¿cómo puede suceder esto de manera legal? “En realidad falta visibilizar la cuestión legal de la profesionalización. Se empujó el cambio social, los clubes implementan nuevas políticas. Desde la secretaría de deportes se viene trabajando fuertemente, pero falta el marco legal. No puede ser que las jugadoras queden a su suerte cuando el club las desvincula. Primero fue reconocerlas como jugadoras profesionales, ahora es igualar salarios y condiciones y modificaciones legislativas, porque sino es un gris donde las jugadoras siguen estando vulnerables, a la suerte del club que las convoque, y silenciadas porque si reclaman las dejan afuera y ningún otro club las va a contratar. O peor aún, no les dan contrato y cuando las desvinculan niegan la existencia de compromiso entre el club y la jugadora. Son consideradas profesionales pero no tienen el respeto en las condiciones, trato y salarios”, expuso la abogada.
Además, agregó: “Hoy hay pocos clubes que tienen más contratadas, como es el caso de San Lorenzo, que es 15, pero no es así en todos los clubes. Siguen insistiendo que el fútbol femenino da perdida por eso se manejan esta forma. Ahora bien: el trasfondo es patriarcal, discriminación por género y violencia. Hoy estamos en el marco de la Copa América en Colombia y ni siquiera se televisa en forma pública. Hay temor a visibilizar el femenino y desterrar la cofradía masculina hegemónica en el fútbol”. 
Las mujeres y disidencias están en el deporte hace muchos años. La primera evidencia data de 1869: jugaron con polleras, corsets, tacos y sombreros en Escocia. En Argentina, hay un registro que indica que en 1913 se jugó un partido integrado por mujeres. Ellas siempre estuvieron. Las futbolistas vienen hace años luchando por la conquista del territorio, por tener su lugar en la cancha. Ellas también pasaron en los picaditos, los potreros, en las copas, los mundiales, aunque siempre bajo el estigma de que no servían para el deporte y las violencias patriarcales que buscan detener su crecimiento. 
Ellas gambetean, traban la pelota, la paran, piensan y patean: dentro de la cancha y afuera, para que un fútbol distinto sea posible.

Esta imagen tiene un atributo alt vacío; el nombre del archivo es BANNER-coloaborar.gif
Compartí en tus redes favoritas

Leer anterior

Escenas narradas de “Los amores urgentes” de Juan Solá

Leer siguiente

Jorge Fandermole: “El lenguaje es un campo de batalla”