Los Pérez García: Volverse a encontrar

La música en vivo está de regreso. La frontera (infranqueable) de la virtualidad, a la que obligó la pandemia de COVID-19, empieza a mostrar la orilla. De a poco los escenarios vuelven a estar habitados y las butacas también.

Gustavo Grazioli

El sábado pasado, las puertas del teatro Ópera se abrieron para Los Pérez García. La banda de Aldo Bonzi, que cuenta con 25 años de trayectoria, aterrizó en la avenida Corrientes y obsequió a sus seguidores un show de más de dos horas. En la previa: músicos, asistentes, acompañantes, todos derrocharon ansiedad. La espera en el camarín se combatió con caminatas de aquí para allá, abrazos –protocolo mediante– con colegas, amigos y conocidos que llegaban.  
20:30 el grupo saltó al escenario. La gente, acomodándose en las butacas, soltó los primeros gritos y aplausos. Nadie podía pararse ni sacarse los barbijos. Beto Olguín, cantante y guitarrista, no pudo ocultar la emoción de volver a encontrarse con su gente. Miró y contempló un teatro repleto al máximo en su aforo permitido. El famoso sold out, protagonista estelar. La banda acompañó la iniciativa de todos sentados y acondicionaron el escenario como si fuera el living de una casa. Alternaron un show que en su esencia se anunció como acústico, pero la guitarra eléctrica no pudo ausentarse y, como dice Adrián Dárgelos, hubo estado de rock. Pero siempre sentados. La primera canción que sonó fue “Resucitame” y los fans acompañaron en algunas partes. Fueron de menor a mayor en intensidad.  

Foto: Gustavo Herrador

La lista continuó con algunos clásicos y se coreó con Más fuerte, Más alto, Más lejos, Knock Out, Trucos, Ni tan diablo ni tan santo, Miro, Para volver, A Callejear, Magdalena. La gente se acaloraba cada vez más: algunos barbijos se ubicaron en la pera, se paraban para saltar. El tire y afloje con el laser verde, entre los empleados del teatro y el público fue un duelo aparte, en el que Olguín tuvo que intervenir para pedir colaboración. El primer invitado fue Juani Rodríguez (cantante de Andando Descalzo) y la canción elegida fue Deshoras. Siguió Tren Fantasma, A los tumbos y sobre el final dieron el presente Curarte, que tuvo lugar para otro invitado y subió Cóndor Sbarbati de Bersuit, siguió Resaca de carnaval y hubo lugar para algunos covers. A Mi elefante, la ensalzaron con Rock del país de Los Redondos y la tregua por mantenerse en los asientos explotó por los aires. 
Olguín, hizo un gesto con sus manos como pidiendo calma. La próxima canción la introdujo y recordó el disco que Los Abuelos de la Nada grabó en el Ópera en 1985. “Fue acá, en este mismo lugar donde estamos nosotros. Discazo”, dijo. “Va nuestro homenaje para Miguel Abuelo, Andrés Calamaro, Cachorro López, Gustavo Bazterrica, Polo Corbella”, remató y sonaron los acordes de Costumbres argentinas. El público acompañó y quedó suspendido en la parte que dice: Esperando, esperándote /costumbres argentinas de decir no. Cerraron la noche con Un vals después de todo, Después de hora y Todo eso que nos queda. Queda tiempo, queda gente/ Sobre todo buena gente/ Quedan amigos como soldados/ Que siempre están a mi lado. 
La banda, que completa Fede Esquivel en guitarra y coros; Mingo Catanzariti en bajo; Julio Medina en teclado y coros; Pablo Tofanari en batería y Tatu Garibaldi en percusión, regresó a los grandes escenarios para hacer lo que mejor saben: canciones. Tocar las fibras intimas de la emoción popular. Los liderados por Olguín atraviesan un gran presente. En el 2018 llenaron el Gran Rex y tienen pendiente un show en Obras, que se postergó varias veces por razones sanitarias. Y… ¿Vendrá un nuevo disco este año?  
“Estoy conmovido todavía. Volvimos a tocar, a trabajar. Acá se mezcla lo laboral con lo emocional. La puta música”, concluyó el cantante post show.    

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