Mara Gómez: “Mi mayor anhelo es romper con el binarismo”

Imagen: Telam

Afouteza es un término gallego que traduce la valentía, el valor, osadía y coraje que se pone en toda lucha contra todo tipo de impedimentos, barreras o adversidades que se encuentran en el camino. Y este concepto muy bien la identifica a Mara Stefanía Gómez, la primera jugadora transgénero en la liga mayor del fútbol femenino en Argentina, la misma que el 7 de diciembre de 2020 marcó un hito en el deporte rey cuando debutó en el club Villa San Carlos.

Por Pablo Mendoza

Mara nació en La Plata un 7 de marzo de 1997 dentro de una familia humilde y así recuerda su niñez: “Viví en una etapa de inocencia, de ilusiones y de todo lo que vamos absorbiendo desde que tenemos conciencia. Lo que sí puedo recordar es que vengo de una familia totalmente humilde, muchas veces ante la necesidad de vivir de lo que se podía y no de lo que queríamos. Mi papá era albañil, mi mamá ama de casa, así que era todo muy difícil, pero después recuerdo todo lo que recuerda un niñe que es jugar, ir a la escuela”. Justamente cuando ella tenía 8 años, sus padres se separaron y aún utilizaba el pronombre masculino, pero al poco tiempo comenzó a expresar sentimientos profundos que empezaban amanecer en su interior: “A los 8 años empecé a tener como sueños, incomodidades, por ejemplo sentirme intimidada frente a un compañero de la escuela que me gustara. Estaba descubriendo quién era yo con mi identidad, creo que fue ahí cuando descubrí que algún día iba a llegar a ser Mara Gómez. Si bien en ese momento no sabía que iba a ser trans, porque podría haber sido gay o no binarie o lo que fuere. En esa etapa de mi vida empecé a descubrir que me estaban gustando los nenes, me estaba gustando jugar con muñecas, con cosas que en ese momento se consideraban que eran para nenas. Entonces yo iba a todo lo contrario, iba en el rol de todo lo que ‘correspondía con ser mujer’. Fue ahí donde empecé a comprender lo que sentía, una nena por dentro, pero para el afuera el varón de la familia. En mi adolescencia a los 13 años, fue cuando lo compartí con ellos, y les conté que era una mujer: quiero ser Mara. Fue ahí que realmente lo hice algo abierto”.
El incorporarse a las sociedades como seres con derecho era un miedo que tenía Mara en su adolescencia y así lo asegura: “En la adolescencia tenía miedo a no tener una vida digna, de trabajar, de estudiar. Creo que realmente a raíz de la resiliencia, hoy soy enfermera y futbolista profesional, tengo salud, estoy con mi familia, estoy en pareja. Mi pasado me hizo una persona fuerte para poder transitar la vida y para seguir buscando más allá de lo que tengo, continuar en la búsqueda de más objetivos y seguir rompiendo con un cúmulo de asuntos sociales hacía nuestro colectivo”.

Imagen: Nike

Mara, actualmente juega en Estudiantes de La Plata y se recibió de enfermera el año pasado. A ella no le gustaba el fútbol, pero el deporte llegó a su vida gracias a una vecina: Su vinculación con el deporte comenzó cuando promediaba su adolescencia. Ella empezó a jugar al fútbol a los 15 años, justo cuando estaba en un proceso de cambio con su identidad de género, con su sexualidad, que vino con olas de discriminación, exclusión y el bullying en la escuela. Hasta que un día, una vecina amiga, que se llama Adriana la acercó al fútbol: “Me invitó a jugar a la pelota en una canchita de barrio, pues ella ha sido parte de un suceso en mi vida en el cual he intentado suicidarme, entonces iba a jugar al fútbol, sin saber jugar, me di cuenta que era un medio de socialización. Un lugar donde por un rato podía disfrutar de lo que estaba haciendo y olvidarme de lo que estaba viviendo, por lo tanto lo tomé como una terapia. Me aferré a él como para salir adelante con mi estado emocional y desde ese instante arranqué a jugar hasta que llegué al profesionalismo”.
Su aventura en el fútbol transcurrió por varios equipos antes de dar el gran salto a la primera división, vistiendo la camiseta de Villa San Carlos. Su primer equipo fue Las Lolitas, con el cual compitió en torneos barriales relámpagos en La Plata. Luego en 2018 empezó a jugar en Toronto City, un club emblemático de la Ciudad de las Diagonales que participa en la Liga Independiente de Futbol Infantil Platense Amateur (LIFIPA). Después llegó el turno de la Asociación Iris, para la Liga Amateur Platense, más tarde llegó la hora de la UOCRA, en la liga de Chascomús; de Cambaceres, en la liga de Ensenada y antes de llegar al profesionalismo jugó en Las Malvinas (Liga Platense), en donde logró ser goleadora y bicampeona. Su revolución no se quedó en dejar la huella en la historia llegando a primera división, sino que su voz es sinónimo de militancia por seguir con la lucha de la conquista de más derechos para el colectivo de personas LGBTQ + y así lo hace saber en cada aparición pública o en muchos de los posteos que realiza en sus redes sociales, donde expresa el sueño de un mundo con más amor y menos odio. 
Claramente tiene muy claro el sendero a seguir y viene luchando para lograr romper con el binarismo en la instituciones deportivas y poder llevar este cambio a la FIFA. “Vengo trabajando con Lorena (Lorena Berdula, su representante). La idea es llegar a la Conmebol y FIFA, así como AFA nos escuchó. El fin es también que se pueda empezar a generar inclusión con perspectiva de género, que el deporte sea el encuentro de todas las personas, que el fútbol sea inclusivo en género y sexo y que todas las personas podamos ser y pertenecer al profesionalismo. Ahora estoy compitiendo como profesional, pero también me gustaría migrar a otros países y algún día poder vestir la camiseta de la Selección Argentina. Lo ideal es tener la oportunidad de plantearlo y que puedan comprender que más allá de la competencia, esto debe ser un derecho básico para que se pueda empezar a vivir con una perspectiva de género”. También piensa en quebrar el binarismo en la sociedad: “Mi mayor anhelo es romper con el binarismo que existe dentro de los diferentes ámbitos sociales y que ninguna persona del colectivo tenga que sufrir lo que yo tuve que sufrir y muchos menos lo que padecieron las personas del colectivo años atrás. Ese sufrimiento, violencia social que muchas veces las ha llevado no solo a la discriminación y exclusión, sino también asesinatos de un montón de compañeras y compañeros. Entonces que esas cosas puedan cambiar, que se empiecen a abrir un sinnúmero de oportunidades para todas las personas y que se pueda erradicar la discriminación. Después a raíz de eso lograr una inclusión”. Mara resistió y hoy vive gracias a su resiliencia.

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