Pueblos originarios: la interminable conquista

Por Cecilia Solá

En 1513, en las tierras de Panamá, se leyó por primera vez el Requerimiento a los pueblos y naciones originarias.
En un texto en español, escrito por un jurista español y leído por conquistadores españoles armados, se conminaba a los habitantes de las tierras americanas a someterse a los reyes de España y a sus enviados por orden divina.
También en español se les hacía saber que toda negativa o toda tardanza en aceptar estas demandas entrañarían la inmediata Guerra justa, haciéndoles reos de muerte o de esclavización como rebeldes. La lectura terminaba con la amenaza de tomar los bienes de los oyentes, de esclavizar a sus mujeres e hijos y hacerles “todos los males y daños que pudiere” si no cumplían con este mandato o requerimiento.
Esta práctica, inútil desde todo punto legal, ya que de nada sirve informar de algo a alguien que no sabe lo que le están diciendo, fue la justificación de las masacres que distinguieron “la conquista de América”. Las poblaciones originarias eran consideradas en desacato a un mandato que nunca comprendieron.
A 508 años de aquella “sarta de absurdidades”, como llamó Fray Bartolomé de Las Casas al documento, la justicia blanca, colonialista y europeocéntrica continúa siendo de difícil acceso y casi ininteligible para los y las habitantes originarios de nuestro país.
El racismo institucionalizado, la discriminación, la violencia estructural, el hostigamiento a sus adolescencias y juventudes por parte de las fuerzas policiales, el robo descarado de sus tierras ancestrales y la falta de acceso a la salud, el trabajo, la vivienda y la educación siguen construyendo a los pueblos originarios como una otredad marginalizada, ajena, extranjerizándolos en su propia tierra, sobre la que se ha construido una institucionalización que les es totalmente ajena, al punto de que a pesar de existir la figura del traductor oficial, creada por la Cámara de Diputados del Chaco, todavía es una odisea para los antiguos dueños de la tierra ir a denunciar cualquier violencia cometida en su contra.
En todo el territorio argentino las naciones originarias continúan siendo violentadas y esquilmadas por una mal llamada civilización, una construcción colonialista que les niega sistemáticamente su derecho a la propiedad comunitaria de sus territorios ancestrales y los condena a una pobreza estructural con problemas de salud, desocupación, persecución y una alta tasa de suicidio entre sus jóvenes.
Las mujeres de los pueblos originarios, tres veces vulneradas, por mujeres, por pobres y por originarias , siguen siendo víctimas del “ chineo “ esa práctica horrorosa que involucra ser consideradas un objeto fácilmente utilizable y desechable para los varones criollos, o son forzadas en la temprana adolescencia a convertirse en “ esposas” de hombres que les doblan o triplican la edad.
Y es por eso que la sentencia del Juzgado de Niñez Adolescencia y Familia N°1 de la ciudad de Castelli, a cargo de Gonzalo García Veritá es importante desde lo simbólico, lo institucional y lo pragmático. El Juez de la causa hizo lugar al pedido de suspensión del juicio a prueba y sobreseyó al joven de la comunidad qom. El fallo incluyó un párrafo en lenguaje sencillo y en lengua Qom.
El joven, de 17 años en el momento del hecho, fue acusado por el delito de tenencia simple de estupefacientes. Cumplió durante varios meses una serie de medidas de protección dictadas en el marco del proceso penal juvenil.
El fallo del doctor García Veritá incluyó lenguaje sencillo y un párrafo en lengua qom.
” C.: ra ‘ana’añaxataxac huo’o ra ‘enec qaq nagui’ dalaxic so ‘iquiaxac, ‘ana’añaxat qome. Qoquelec qome ra ‘anapaxaguenaxac. So ‘iapacauec mashe ‘ashet nagui’ sa’amaqchiguiñi ra lta’araic so ‘ana’añagataxac am siquitac na na’a’q. Gonzalo.”
“He valorado tu enorme esfuerzo por crecer y desde el juzgado te acompañamos para que en esta etapa nueva pueda seguir este camino alejado de lo que no te hace bien. A seguir estudiando y trabajando como venís haciéndolo. Lo que pasó, quedó atrás gracias a tu compromiso, y el de tu familia. No tendrás que pagar ninguna multa, ni tampoco hacer otras tareas para el juzgado, el juicio terminó y fue por tu compromiso. Que sigas bien, G..”

Simple.
Claro.
Justo.
La justicia que queremos.

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