Que vuelvan los lentos y las molotov: el oxímoron de la resistencia

Con los puños en alto
deseando al final, 
hacer la revolución
con una canción de amor.
Indio Solari.

Por Natalia Bericat

Este poemario de Natalia Carrizo forma parte de las primeras publicaciones de libros de poesía de Editorial Sudestada. Nacen estos versos para sedimentar la palabra política y libertaria, esa que la propia autora sentencia que está al servicio de perforar la capa insensible, la costumbre y la mansedumbre. Encontramos en estas páginas un lenguaje que recorre los opuestos: la ternura y la ferocidad se vuelven imagen poética para resistir desde la voz individual, un grito que al instante se convierte en una voz colectiva. 
Leemos este libro desde una trinchera construida con cartuchos de tinta que disparan contra la vereda opuesta de los verdugos y tiranos. Sentimos el pulso en cada repetición que taladra, en cada pregunta retórica que va cavando profundo en la conciencia. Una pluma negra y militante arde en el fuego obligatorio de la resistencia nos dice Marcos Ongini.
La antesala de la poesía está contenida por un Manifiesto que nos incluye. Si usted es uno de los nuestros, aquí puede sentirse en casa, escribe Natalia Carrizo. Un llamado a la desobediencia, una mecha encendida volando por los aires.  Una advertencia que se hace batalla en cada verso. Esta guerra es un principio de amor dice su poesía. 
El oxímoron, estos contrarios que se unen para dar sentido al caos, se entrelaza con las letras de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y del Indio Solari. Hay un uso de la cita textual al final de cada poesía donde las palabras de otro poeta hacen estallar el sentido. Que vuelvan los lentos y las molotov es también un homenaje a Solari, quien marcó sin dudas el recorrido de la autora, quién ayudó a cargar su pluma. Hay un manjar de metáforas, nos dice María Ferreyra en la contratapa, que sirven para alimentar la curiosidad, la rabia, lo sincero, eso que crece en una chispa. 
Carrizo utiliza el pie de página, el margen de la hoja en blanco, para dar cuenta de hechos de injusticia que atravesamos los lectores durante el contexto en que este libro se escribía. Están en ellos nombres que se vuelven eternidad. Están escritos los nombres propios de Sandra y Rubén, de Santiago Maldonado, de las mujeres y diversidades que hacen historia en los Encuentros Plurinacionales. Son estas páginas una denuncia, pero también la respuesta. Estamos advertidos en las palabras de la autora: no creo que una poesía pueda hacer la revolución, pero creo que la revolución no puede hacerse sin poesía. Cada verso es un puño en alto, un lugar donde bancar este infierno

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