“Santa Evita”: la historia de un cuerpo

La serie “Santa Evita” está inspirada en el libro Santa Evita de Tomás Eloy Martínez y cuenta con los papeles protagónicos de : Natalia Oreiro como Eva Perón, Ernesto Alterio como el  coronel Moori Koenig, Darío Grandinetti encarnando a Juan Domingo Perón, entre otrxs.

Por Celeste Almada

La historia es una adaptación del libro de Tomás Eloy Martínez, que cuenta sobre la vida y la muerte de Eva Perón, pero que centra la trama en el secuestro de su cuerpo. El cuerpo de Eva vuelve a ser protagonista en la literatura y el cine. Regresa para dar cuenta de una mujer que marcó, no solo los pocos años en los que estuvo en la política, sino su resonancia en el presente. “Evita vive”, decían los muros y las banderas. Así lo sienten los personajes de esta serie cuando la escuchan respirar dentro del cajón en donde la llevan para esconderla. El cuerpo de Evita se vuelve amenaza al mismo tiempo que se convierte en mito del pueblo.
La serie está protagonizada por Natalia Oreiro (Eva Perón), Ernesto Alterio (Coronel Moorin Koenig) , Diego Velázquez (Mariano Velázquez el periodista que investiga sobre el cuerpo de Evita), Francesc Orella (Dr Pedro Ara, quien embalsama a Eva Perón), Darío Grandinetti (Juan Domingo Perón), Diego Cremonesi (el mayor Eduardo Arancibia), Héctor Diaz (Julio Alcaraz peluquero de Evita) entre otrxs. Dirigida por Rodrigo García y Alejandro Maci, producida por Salma Hayek Pinault y José Tamez. Quién vea esta historia verá que es contada de manera superlativa. Las escenas, con sus contrastes entre el verde militar, su piel de porcelana y el blanco del lienzo que la cubre, generan un tono crudo. Hay un foco que se localiza en el cuerpo y desde allí se construye la trama.

El cuerpo de Eva ya había sido escrito por la literatura argentina y aquí también podemos verlo. Pensamos en “Evita Vive” de Néstor Perlongher, en “Señora muerta” de David Viñas y en el gran cuento de Walsh. La serie está anclada en la novela de Tomás Eloy Martínez, quien toma como referencia el cuento de Rodolfo Walsh “Esa mujer” -entre otxs autores- cuando escribe este bestseller publicado en 1995. El texto se hace presente en algunos diálogos, en la voz de los personajes que no pueden nombrarla. Es inexorable no relacionarlo con más de una escena. Se nombra a Eva Perón como “Esa Mujer”, esa que no se menciona, pero que vive en el pueblo por más que los pusilánimes quieran callarla, esa mujer que rompió las estructuras de la época y que dio la vida por su pueblo. 
Evita era la abanderada de los humildes y cuando muere se convierte en la jefa espiritual de la nación, porque el pueblo la pone en ese lugar de la historia. Siendo mujer en la década del cuarenta rompe todos los estereotipos que tenía la primera dama, poniéndose ella como herramienta de lucha para que la justicia social y la igualdad sea algo tangible. Eso hizo que sea amada por el pueblo y odiada por la oligarquía nacional aglomerada en los mismos sectores de siempre: Iglesia, Sociedad Rural, Fuerzas Armadas y la alta sociedad argentina. Ese odio se ve reflejado en la serie, está presente en cada gesto, en cada intento de hacerla desaparecer de la historia.
La dramatización de Natalia Oreiro es sobresaliente. Hay un estudio previo de los tonos de voz que logra interpretar. En “Santa Evita” se muestran tramos de la historia argentina reales, documentos donde la voz en off se funde con el tono de la actriz.  Su versatilidad optimiza su intervención en los diferentes estadios que atraviesa Eva.

En una rueda de prensa, la actriz habló sobre su representación de Evita y afirmó: “Siento una profunda admiración hacia ella y todo lo que hizo. Fue una mujer muy valiente en una época en la que no se podía. Los actores encarnamos a los personajes, pero con este personaje era muy difícil. No sentía que como mujer e intérprete tuviera las herramientas suficientes. Me daba mucho respeto y mucho miedo”. A pesar de estas emociones que manifiesta,  supo con un gran virtuosismo dar vida a uno de los personajes más importantes de la historia.
Cuando Evita murió Juan Perón decidió embalsamar sus restos para que su figura sea inmortal y su lugar final sea en la casa de lxs trabajadorxs. Con el bombardeo de Plaza de Mayo en 1955, las fuerzas armadas toman el poder y proscriben a Perón. La idea principal era borrar al peronismo de la historia argentina, los medios de comunicación comienzan a llamar a Perón como el dictador. Los militares intervinieron la CGT  y secuestraron el cuerpo de Evita.  El odio de esos hombres es irracional, muestran escenas celebrando la muerte de la abanderada de los humildes al grito de “viva el cáncer”, chocando copas unos con otros y nombran a Eva Perón como “la yegua”.  Estas escenas aparecen como relámpagos en la serie, completando la ficción con los hechos reales de la Argentina.
En esas escenas aparece uno de los personajes más nefastos pero mejor recreados de la serie. El papel de Ernesto Alterio, encarnando a  Moorin Koenig, un coronel que estaba a cargo de la inteligencia del ejército. Alterio en sus declaraciones con respecto a su personaje en  la serie menciona que “para construirlo hubo que bucear en la estructura de los militares en esa época puntual. Un militar de ascendencia alemana, además, que tenía una manera de hablar peculiar. El lenguaje corporal fue importante. También la época: la manera de expresar las emociones, la forma en la que se relacionaban los hombres y las mujeres”.
En la serie el coronel  Moorin Koenig  es designado por Perón para cubrir las espaldas de Evita, pero lo traiciona. Es un integrante importante del golpe de estado del ‘55 bautizado como Revolución Libertadora y es uno de los militares que encabeza el secuestro. Koenig se obsesiona con Eva, su odio es acérrimo y su obsesión recorre la morbosidad.  Busca poseerla cualquiera sea la forma. Su demencia crece capítulo a capítulo. Él cree que es el dueño de ese cuerpo.
En relación con el personaje de Alterio aparece la figura del mayor Eduardo Arancibia encarnado por Diego Cremonesi. En la historia Arancibia también tiene una gran obsesión con el cuerpo de Eva, es cómplice de Koenig y ambos recrean varias escenas en donde ultrajan y abusan lo que queda de “la jefa espiritual de la Nación”. 

En la serie, se profundiza el deseo de la posesión y la obsesión que se ejerce sobre Eva, no sólo sobre su cuerpo, sino sobre su imagen como emblema político. Una mujer disruptiva que molestaba que tomara decisiones “como un hombre”, rompiendo todos los estereotipos de la época. 
Todos de alguna manera buscan intervenir en ella. En la primera escena de su peluquero personal,  Julio Alcaraz dice que él influyó para que cambie su color de pelo, y que ella de alguna manera era su creación.  De la misma manera ocurre con el papel del médico que la embalsama: Pedro Ara encarnado por el actor español Francesc Orella. Su creación, cuidarla como posesión en nombre de la ciencia. Todos creen  poseerla.
Con el devenir de los capítulos la serie va llevando la historia en el tiempo. Habla de la infancia de Eva, de cómo llegó a la ciudad de Buenos Aires para poder cumplir su sueño de actriz, cómo se encuentra con Perón convirtiéndose en uno de los principales estandartes de su vida. Juan para Eva y Eva para Juan, era un amor infinito que los actores pudieron recrear muy atinadamente.
En esta ficción uno de los personajes que tiene una gran relevancia es Mariano Velázquez -por Diego Velázquez- que es un periodista que tiene muy buena relación con el jefe de redacción del diario en el que trabaja. Como años antes le había hecho una entrevista a Perón, su jefe le da la información de que los militares iban a devolver el cuerpo de Eva. Velázquez toma esa investigación, también como hilo conductor, obsesionándose con la misma.  

Santa Evita termina siendo una pieza de ficción con una gran carga de realidad y permite que el espectador esté conectado con la serie desde el principio por su gran contenido histórico. 
Eva Perón fue interpretada de mil maneras pero lo que hay que rescatar que también, se vé en esta ficción, es que su figura no es una más en la historia. Ella fue mucho más que una primera dama, tuvo un real compromiso con lxs humildes, que es algo que nadie puede negar. Una mujer que desde su época y en  la coyuntura social en la que vivió, luchó por los derechos de las mujeres y su causa siempre fue la causa del pueblo. No discursivamente sino desde la acción más concreta. 
La serie enaltece la figura de una gran  mujer argentina que entregó su vida a sus descamisadxs, un fuego que intentaron apagar muchas veces pero que sigue encendido en el corazón de su pueblo.  Un cuerpo profanado, robado, violentado vuelve para contarnos lo que le hicieron.

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