Sofía Viola: “Para liberarnos de los abusos hay que hablarlo”

Imagen: @july.gonet

Sofía Viola, cantautora de la zona sur del conurbano de Buenos Aires, de Latinoamérica y de todo el mundo, que ha crecido muchísimo como artista en los últimos años. Con la palabra y la canción como herramienta, Sofía Viola cautiva, conmueve y nos hace viajar por diferentes rincones de este mundo. En una charla con Sudestada nos cuenta de sus inicios, gustos e inquietudes. Nos habla de la lucha de las pibas, del feminismo, la desconstrucción, sus sueños, y cuenta sobre el abuso que sufrió en la infancia, y nos habla sobre la importancia de poder hablar para liberarse y sanar.

Por Jorge Ezequiel Rodríguez

Nos gustaría que nos cuentes de tus inicios y de las búsquedas que te llevaron a este presente
Mi relación con la música viene desde la cuna. En mi casa se escuchaba mucha música de habla hispana, y tuve muchas influencias a través de eso. También de chiquita flasheaba con León Gieco, con sus letras. Y desde ahí le prestaba atención a las letras de las canciones. Empecé a leer a los cuatro años, y leía las letras en el librito del disco, y le preguntaba a mi mamá qué quería decir esto, qué era la música, qué era la melodía. Me crié en un entorno musical, por ese motivo no siento que haya habido una búsqueda, sino que influyó la vida misma, las experiencias, mis impulsos, las inquietudes, y también el hecho de ser tan inquieta.
Las influencias musicales son muy variadas, en la adolescencia tuve una formación más roquera, y después fui incorporando el folclore, el tango, y es algo que no para, porque continúan apareciendo diferentes géneros que me conmueven. No me quedo relajada en ningún título, en ningún género. Más que una búsqueda siento que es como un fluir. La música me va llegando como en un refucilo. Durante la cuarentena, por ejemplo, estaba mirando una novela en la televisión que sonaba música árabe, fui a mi pieza y puse esa música y me subí a un viaje. Estoy jugando con todo lo que me llega, lo que descubro. Mi compañero escucha a muchos pibes que hacen rap, que no son tan conocidos, y veo cosas muy ricas, y así me sucede con todo lo que va apareciendo, que me cautiva. Todo eso termina siendo parte de mi identidad. También sentí importante en un momento y hoy lo reafirmo, el hecho de quitarme los prejuicios, no sólo en la música, sino en la vida misma. 

Sabiendo de tu espíritu viajero, de tus pasos por Latinoamérica y otros lugares, ¿cómo se incorporan esas vivencias en la música con la mixtura del conurbano?
Sinceramente creo que el conurbano está en todos lados. Si estoy en Bogotá siento que estoy un poco en Lanús. Más allá de pequeñas diferencias, la gente está en la calle y pasan cosas parecidas. Tengo una conexión especial con el Riachuelo, siento que es mi río sagrado, hay algo que me conmueve. Estoy en el tren, miro por la ventanilla, y me sorprende, me genera amor. Eso me queda cuando estoy viajando por otros países. Está todo muy relacionado, y al ser todo colonia también, muchos países de Latinoamérica somos muy parecidos. Cada vez descreo más de los territorios. Si bien hoy me toca estar en Buenos Aires siento que es circunstancial, no es que me quiero quedar toda la vida mirando al Ruiachuelo. En cualquier lugar que me toque estar podría encontrarle la magia, y la verdad que mi relación con el conurbano me lo han puesto más los títulos de los diarios que mis propias vivencias, porque durante mucho tiempo no tuve esa identidad barrial. Hasta que pasó la pandemia y me tocó quedarme acá, no sentía esa pertenencia de barrio, sino que me sentía de todos los barrios. Estaba en Santiago de Chile, caminaba por las calles del barrio Mata y me sentía en mi casa, lo mismo en Bogotá o en México. Y de verdad cuando enfocás te das cuenta que es más o menos lo mismo. Incluso en la identidad de la clase trabajadora, de la identidad más marginal, que también se repite. En la música está todo, siempre, cada cosa que vivimos y sentimos.  

¿Cómo te involucra y te interpela la lucha de las pibas, incluso para abordar en tus canciones temáticas que antes no se hablaban tanto?
Me parece fantástico que se rompan algunas estructuras que no van a ningún lado. Estoy súper comprometida con la lucha de las pibas. Hay que sacarle la máscara al patriarcado, incluso a nosotras mismas, porque el machismo es una construcción que nos agarra a todos por igual. Mi vieja era feminista sin saber que lo era, me inculcó un montón de cosas re copadas, pero tenía una parte del machismo adentro, que es cultural y social. Estamos en una época muy piola en la que podemos hablar de muchas cosas que antes no podíamos. Yo fui abusada en la niñez, y antes tenía estigmas con mi cuerpo. Quererme y respetarme con mi cuerpo me llevó muchos años. Por eso hoy salgo a cantar casi sin ropa, tengo ropa pero es transparente, y no es por querer mostrar mi cuerpo, sino con la liberación de lo que me costó quererme, por no tener lo que se dice un “cuerpo hegemónico”, y que mis compañeras en la escuela se burlaran de mí. Estos atuendos que utilizo son hechos por una vestuarista, y tiene que ver con la creación. Y me da mucha bronca que hoy en día vos puedas estar en cuero y yo no. ¿No puedo porque tengo tetas? qué culpa tengo de tener tetas y de que un flaco quiera hacerse una paja en la vereda por mirar mis tetas. Me molestan estas cosas desiguales. Por eso salgo a cantar así. Al principio me daba un poco de pudor pero ahora siento que mi cuerpo es mi cuerpo y lo otro, la ropa, es un adorno. Tengo panza, tengo pelos, tengo tetas y salgo a cantar con un traje hermoso, y eso tiene una carga simbólica importante, y como puedo recibir las miradas de siempre también recibí respuestas muy lindas. Salir a cantar así me empodera. 

Otra cosa del feminismo que me parece importante charlar es que me molesta que hayan dos Encuentros de la mujer, que esté el plurinacional y el otro más conservador. Que no podamos incluir a las trans y a todas las compañeras del colectivo, me genera mucha tristeza, porque el feminismo no es la mujer sola. El feminismo, creo yo, entre tantas cosas tiene que ver con la igualdad de derechos, con las pibas, las niñas, las compañeras travestis y trans, con todas. Creo que tiene que ser inclusivo el feminismo, incluso muchos varones se han sentido ninguneados o no se han sentido amparados, y entiendo que el feminismo es duro porque han sido duras con nosotras históricamente. Hay un dolor muy profundo. Sin embargo no quiero que en la reparación histórica nos llevemos puesto a los derechos de las personas. Por eso es difícil incluso juzgar, y no hablo de cosas gravísimas. No quiero minimizar casos, si es algo serio hay que juzgarlo, pero juzgar con los ojos de hoy a otras generaciones pasadas es complejo. Está bueno hacer una autocrítica, y que podamos deconstruirnos pero entre todos, ayudándonos y dándonos una mano. Está buenísimo que nos encontremos las pibas, me encanta lo que está pasando, es muy necesario, pero me gusta dialogar de esto con amigas y amigos, no cerrarnos, porque sino dónde queda la empatía, la comprensión, el acompañamiento. El movimiento es lo más hermoso que me pasó, y tenemos tantas cosas a sanar como sociedad que creo que no podemos seguir dividiéndonos. 

Hablaste de que fuiste abusada en tu niñez. Está el espacio por si querés hablar sobre eso.
Sí. Fui abusada en mi niñez dentro de mi entorno familiar, y era algo en lo que no había reparado. Me pasó que con los años, en la adolescencia y todo, notaba que había cierta traba con la sexualidad. Y por todo esto de no ser la chica “linda” de la escuela y esas cosas, pensaba “quizás no le gusto a nadie”, pero a la vez sentía que con algunas personas podían pasar cosas, y había algo más allá que trababa, y no podía hacer una conexión con eso porque no lo recordaba. Los recovecos del inconsciente nos protegen. Empecé a indagar, nunca lo pude hablar con nadie, fui a una psicóloga, a otra, y si bien me iban pasando alguna data yo no largaba el muerto. Yo tenía 20 años y no había tenido relaciones. Y pensaba, acá está pasando algo, me lo preguntaba, y después de mucha meditación, de introspecciones profundas, de indagar e indagar, se me apareció este abuso en mi infancia. Cuando me doy cuenta dije “si yo digo esto, digo lo que me pasó, me curo”. Me fui de viaje, tuve muchas experiencias, muchos sueños, estaba en una, conociéndome, en pueblos donde no llegan los turistas, y desde la espiritualidad llegué a cortar esta barrera de no poder conectar con otros. Volví de ese viaje, fui a ver a un psicólogo, y no le conté lo que ya sabía, le dije otras cosas. Pero cuando me iba me dice “Yo estoy acá, pero vos ya sabés lo que tenés que hacer”. Y de ahí me fui a la casa de mi amiga, la que me había recomendado al psicólogo, y le conté todo. A partir de ahí me cambió la vida, y por eso cuento que fui abusada, porque siento que también puede liberar a un montón de personas, tanto mujeres como varones. El abuso es algo muy normal de una sociedad que está muy dañada, y lo fundamental está en poder decírselo a alguien, porque cuando podés contarlo se desencadena también la liberación de lo que viene después. El contarlo me hace sentir más tranquila de que a mis niñes no les pase nada, que tengan esa herramienta, por más que lo hablemos mucho el tema, tener en claro que pueden contar lo que necesiten. Cuando digo que es normal me refiero a que sucede en todos lados, incluso en linajes familiares, cuando mirás para atrás te das cuenta que se repiten estas cosas, y cuando podés romper con estas cadenas, libera. El silencio hace mucho daño. Y decirlo ayuda, yo sigo sanando todo esto, no es que me curé. El trabajo no se termina, es día a día, y ayuda a cómo nos vinculamos con los demás, con mucho amor, y para liberarnos de los abusos hay que hablarlo. Estos avances del feminismo permite que hoy lo pueda contar, hace diez años no te lo contaba ni de casualidad. Y es gracias a todo el movimiento, a la lucha de las pibas, y yo lo cuento por las pibas y por los pibes. Si yo pude liberarme y tengo la llave que ayude a otres a liberarse de esos males, mejor compartirla. Cortemos con los secretos de la familia, con la mirada de quienes como no han sufrido abusos te tratan de loca, ayudemos a liberarnos. Esto es lo que me tocó vivir, pero hay muchas personas que vivieron lo mismo, muchísima, y creo que por eso vemos gente que anda triste, que está trabada, y no sabemos por qué. Hablar sana y saberlo es muy importante. Pensemos que como nos criaron a las mujeres con todo el machismo cultural, muchos hombres todavía no pueden llorar, y el pibe que no puede llorar está dañado, no puede sacarse el nudo de la garganta. Hablemos, acompañémonos, y todo eso va a ser que cada vez más personas puedan liberarse. 

¿Tus sueños, Sofía?
Sueño con una emancipación de todo esto que hoy es como normal, como las redes sociales, el celular. Me encantaría que la humanidad sea más respetuosa con los tiempos, y siento que toda esta globalización nos quita demasiados tiempos y nos perdemos de muchas cosas. Que estemos más atentos a compartir, a conversar, que nos encontremos sin una pantalla de por medio.

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