Susy Shock: “Necesitamos un mundo en el que nosotras formemos parte de la toma de decisiones”

Por Sofía Steinbeisser

Susy habla y de su boca pareciera escucharse solo poesía. En la Posta Sanitaria Cultural, llevada a cabo en el teatro y centro cultural de la Revista Mu, le dedica unas palabras a las personas que van a verla, ella está adentro y una vidriera la separa de los abrazos de sus seguidores que se encuentran en la vereda. Susy, con la cabeza adornada con flores, canta a través de los vidrios, los traspasa con sus versos, apoya sus labios y tira besos al público. La gente baila, aplaude y charla con ella alzando sus voces para poder oírse. Habla de reinventarse, de volver al barrio, de ser la artista de la cuadra. Susy canta y Shock.

Es cantante, poeta, actriz, escritora, activista y docente, pero Susy Shock prefiere presentarse como “Artista Trans Sudaka”. Ya sea en tiempos normales o en medio de una pandemia, sus proyectos y su creatividad no tienen descanso y a fin de año lanzará a la venta un libro de poesía. Debido al distanciamiento social preventivo y obligatorio, Susy se vio obligada a buscar nuevas lógicas para llevar su arte a las personas, y así nacieron las Postas Sanitarias Culturales, una “ceremonia de sanación”.

Frente a la gran inmovilidad que representa esta época, la gestión del gobierno porteño ha dejado mucho que desear sobre la administración de la cultura. “Ellos tienen la obligación de haber pensado en gestionar la cultura pero no lo hacen, y en este tiempo es muy necesario”, señala en diálogo con Sudestada. Susy afirma que hay que buscar las tácticas de salida del sistema capitalista. “Yo soy una hormiguita frente a un huracán, y no sé si finalmente el huracán puede con las hormiguitas. Quizás se lleva volando a un elefante y no a nosotras. Pero yo quiero decidir a dónde voy a poner mi esfuerzo, mi platita, mi gasto y mi tiempo. Esa es mi certeza, pero también mi posibilidad de batallar. El mercado nos enfermó hasta acá. Necesitamos que el arte nos vuelva a sanar y nos saque hacia otros lados”, sostiene.

El año pasado, la artista lanzaba su segundo disco Traviarca, homenajeando a su gran amiga Lohana Berkins, activista trans argentina y pionera en la lucha por los derechos de las personas trans que falleció en 2016 debido a una enfermedad. De hecho, el nombre del álbum está dedicado a ella. “Lohana es nuestra traviarca”, afirma Susy. “Hoy la baila todo el mundo, la celebra todo el mundo, generaciones que no la conocían tienen estampado su rostro, sus palabras y sus frases. Esas son las fortalezas de estas hormiguitas frente al huracán”. Traviarca es un disco repleto de milonga, zamba, chacarera, murga, candombe, diabladas y huaynos, y este año fue nominado a los Premios Gardel en la categoría “Mejor álbum conceptual”.

Susy tenía esperanzas de ganarlo, y es que la gente la hizo ilusionar. Muchos fans le escribían emocionados, “como si hubiese sido el gol de Maradona a los ingleses”, comenta entre risas. Pero no ganó. Entonces, se pone más seria y aclara: “Creo que seguimos siendo una minoría dentro de todo, inclusive de los agasajos, de los halagos y de los premios. Lo ves en la práctica y en los resultados. Si bien estuvimos en la lista de nominaciones, ninguna disidencia ganó. Sin defenestrar el trabajo de nadie, pero los resultados son bastante pakis”.

Su hablar es fluido y sus ideas claras. Si hay una reflexión que le dejaron los Gardel es que las disidencias tienen que formar parte de la toma de decisiones. “Yo no sé si en el fondo mi nominación o mi lugarcito en cualquier lugar no es simplemente ocupar el ‘casillerito’ que habilita a quienes toman las decisiones a que se sientan disruptivos o que dejan espacio a todo el mundo”, asegura Susy. Y es que en el fondo, nada cambia definitivamente si los que deciden son los mismos que silencian y condenan.

“Simplemente una es esa cuota travesti, esa cuota disidente, esa cuota mujer que hace que nada cambie si no estamos en la toma de decisiones.  Porque ese lugarcito o ese rinconcito que creen que ocupamos, el fragmento del diario de género, los diez minutos en la radio en los que hablamos de género; todo eso es lo que aliviana los 50 minutos restantes de ese programa, las lógicas de quienes lo conducen y quienes lo producen. Les hace creer que con esos minutitos ya está todo salvado. Pero son responsables”, reflexiona.

Para Susy, el binarismo no puede ver nada que no sea binario. “En el peor de los casos, lo condena, lo disciplina, lo mata, lo intenta borrar del camino. Y en el mejor de los casos, lo ignora”, asegura. “Es como remar fuerte contra la corriente. Nada de lo que hagamos va a alcanzar hasta que no haya un mundo en el que nosotras formemos parte de las tomas de decisiones. Si no, nos van a estar dando pequeños rinconcitos para que estemos tranquilas y no jodamos”, concluye.

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