“Una lógica extremadamente lucrativa no puede aplicarse a todos los ámbitos de la vida”

Imagen: Conicet

Esta semana escuchamos al candidato a presidente que obtuvo más votos en las PASO decir que al Conicet, como existe hoy, hay que cerrarlo y que lo privatizaría. También minimizó el trabajo de lxs investigadorxs. A partir de esto, científicos y científicas se levantaron para defender su trabajo y destacar la importancia de la ciencia federal promovida desde el Estado.  

Por Florencia Da Silva

“Según la UNESCO, la ciencia ofrece soluciones para los desafíos de la vida cotidiana y nos ayuda a responder a los grandes misterios de la humanidad. Es una de las vías más importantes de acceso al conocimiento. En ningún momento se nombra la palabra productividad ni rentabilidad. La ciencia no se mide en cantidad de productos o patentes. En ninguna parte del mundo. El rol de la ciencia en nuestro país es muy importante y vital”, dijo Soledad Gori, investigadora CONICET y docente de FCEN-UBA.   Además, la investigadora explicó que tener ciencia y desarrollos propios nos da soberanía científica, y genera que no dependamos de las investigaciones y desarrollos de otros países que tienen otras realidades. “¿Qué país del primer mundo invertiría en financiar investigaciones sobre el tratamiento del Chagas o del Síndrome Urémico Hemolítico, enfermedades regionales que azotan a nuestro país?”, se preguntó. 

Por otro lado, charlamos con Victoria García, investigadora del CONICET, docente de la UBA y delegada de ATE Conicet Capital. “Estamos hablando de un organismo que se creó por ley en 1958, lo cual implica que tiene una larga vida en la historia de nuestro país. No se puede decidir cerrar sin una serie de implicaciones y costos de todo tipo. Se intenta instalar una idea del Estado bobo, el Estado ineficiente que gasta demasiado y que no tiene resultados concretos en la vida de la gente. Si nos concentramos en esta idea del gasto, en particular con Conicet o el Ministerio de Ciencia y Tecnología es totalmente falso que se gaste mucho”, sostuvo.  Además, agregó: De hecho la proporción del PBI que se destina a eso en nuestro país es de apenas el 0,35% frente al casi 6% que invierten países como los que Milei considera modelos. Con ese presupuesto escaso, se obtienen resultados y de hecho lo vimos a lo largo del proceso de la pandemia donde trabajadores de la Ciencia y la Tecnología Argentina estuvieron trabajando intensamente en el marco de la emergencia sanitaria en la investigación sobre vacunas la producción de kits de diagnósticos, de respiradores”. 

¿Por qué es importante el apoyo del Estado? Se lo preguntamos a Victoria Ennis, periodista de ciencia e investigadora UNICEN.El desarrollo científico es estratégico para todo tipo de proyecto de país: agroexportador, industrial o incluso el perjudicial extractivista. Es importante en todos los aspectos porque desde el fin de la Edad Media las sociedades comprendieron que la investigación y el conocimiento laico permitían vivir mejor, ahorrar tiempo y esfuerzo. Por lo tanto, quién gestiona y dirige la ciencia en un país, tiene un enorme poder. Delegarlo en empresas privadas que solo se guían por el lucro, por la ganancia económica y no por el bien común es muy peligroso. El estudio de enfermedades raras, de medicamentos más baratos, la búsqueda de soluciones pacíficas, la investigación sobre cuál es la mejor forma de organizar una sociedad para que sea más igualitaria y pacífica, son algunos ejemplos de temas de interés social que no se traducen inmediatamente en una ganancia económica. Incluso la investigación básica que es la que explora nuevos elementos químicos o materiales naturales, por ejemplo, produce conocimientos que en un principio no se sabe para qué podrán ser utilizados o que según la época no son aprovechados pero luego se les descubre un enorme potencial. El litio, por ejemplo. Así que una lógica extremadamente lucrativa no puede aplicarse a todos los ámbitos de la vida y de la organización del Estado”. Además, también aclaró: “el sector privado podría haber invertido en ciencia y tecnología todo este tiempo, pero no lo ha hecho porque no les interesa. Entonces dejar librado al mercado la inversión en ciencia es hacerla desaparecer”. 

Victoria Ennis y Soledad Gori, ambas integrantes de la agrupación Ciencia Nuestra, mencionaron algunos de los proyectos que se desarrollaron en el país. En ellos, enumeraron a la vacuna ArVac, las semillas resistentes a la sequía, satélites, YTEC -empresa de investigación y desarrollo para la industria energética creada en 2013 por YPF y CONICET-, las baterías de Litio, el trabajo del Instituto Nacional de Tecnología Industrial que realizó un diagnóstico y un estudio de prefactibilidad para acceder a agua subterránea en la región de Pluma de Pato, Departamento de Rivadavia de la provincia de Salta. También destacaron que somos referencia a nivel mundial en paleontología, debido a la numerosa cantidad estudios geológicos que permiten entender el funcionamiento del planeta, la evolución y los efectos de los cambios climáticos. Por otro lado, también está el Banco Nacional de Datos Genéticos y su impacto en materia de Derechos Humanos y el Equipo Argentino de Antropología Forense y su impacto en materia de Derechos Humanos, que son referentes a nivel mundial. También la realización del Primer Relevamiento Nacional de Condiciones de Vida de la Diversidad Sexual y Genérica en la Argentina.  A su vez también remarcaron la importancia del programa de Prevención de Cáncer Cérvico Uterino del Instituto Nacional del Cáncer, del Grupo de Investigación en Conductas Adictivas que estudia los factores que aumentan la probabilidad de presentar conductas de consumo problemático entre personas en distintas etapas del desarrollo. 

“En el ámbito de la salud por ejemplo, ningún privado tomaría el riesgo de financiar proyectos de investigación para el estudio de fármacos que puedan ser posibles candidatos para el tratamiento de una determinada enfermedad, que pueden durar 10 o 20 años. Menos aún se arriesgarán si son enfermedades que afectan a una mínima proporción de la población como las enfermedades poco frecuentes”, expresó Soledad Gori, y agregó: “Tanto Estados Unidos, Israel o Corea del Sur, países admirados por estos candidatos de la derecha, invierten mucho más que nosotros en ciencia y tecnología. Los tres países mencionados invierten el 5, el 5,9 y el 2,6 % de sus productos brutos internos respectivamente en investigación. Invierten porque su desarrollo económico está íntimamente ligado a su progreso científico autónomo. Nosotros actualmente tenemos el 0.35% del PBI, recuperamos el valor que teníamos antes del inicio del macrismo”. 

A partir de la respuesta que tuvo la dolorosa amenaza, Javier Milei redobló la apuesta y  declaró: “El Conicet tiene 35 mil personas y la NASA, 17 mil, y me parece que produce un poquito más”. A esto, la investigadora Victoria García respondió: “Son espacios muy diferentes. El organismo que se parece a la NASA es la CONAE y tiene 300 trabajadores. No se compara a las características del Conicet, que claramente es un organismo más grande, pero es porque reúne una cantidad muy diversa de disciplinas de la ciencia y de la tecnología. Esto es lo que Milei desconoce”, recalcó Victoria García.  Gori, por su parte, también explicó: “Conicet no es un edificio administrativo sito en Buenos Aires, sino una red de 310 institutos de investigación, federalmente distribuidos desde Tierra del Fuego a Jujuy y desde Mendoza hasta Misiones, a la que se suman grupos de trabajo en universidades públicas, instituciones estatales y privadas. Además no solo se trata de este organismo. En nuestro país hay una red de numerosos organismos de CyT como CNEA, INTI, INTA, Malbran, las propias universidades públicas, entre otros”.

La perspectiva de la ultraderecha plantea a los trabajadores del CONICET y otros organismos de la ciencia que dependen del Estado como “ñoquis” que no trabajan, que roban los recursos a los que “realmente laburan” y que poco hacen para nuestra sociedad. Sin embargo, más allá de los múltiples ejemplos que existen sobre el trabajo de lxs trabajadorxs de la ciencia y tecnología en nuestro país, también sabemos que no es la realidad de miles de empleados del Estado. “La bronca se termina canalizando con el de al lado con el que, por ejemplo, trabaja en el Estado incluso en el CONICET pero quizás tampoco llegan a fin de mes muy probablemente tampoco llegue a fin de mes y no necesariamente tiene derechos laborales básicos garantizados como ocurre hoy con los becarios y las becarias del CONICET que nosotros desde el sindicato hace años que planteamos la necesidad de que se garanticen derechos laborales básicos como los aportes jubilatorios y como el aguinaldo”, sostuvo Victoria García, delegada de ATE Capital e investigadora. 

Compartime!

Anterior

30 años sin Miguel Bru

Próxima

“Nuestro sueño es tener una fábrica de cine en el barrio”