¿Qué pasa con la Ley de Salud Mental?

Felipe Pettinato y Chano Charpentier hicieron que se ponga el foco, nuevamente, en la revisión de la Ley de Salud Mental. Hagamos un repaso para entender a qué respondió la necesidad de promulgar, allá en 2010, esta Ley. 

Por Sofia Calvo

Principalmente propuso ver como sujetos de derecho a quienes atraviesan un padecimiento mental y no como objetos que tienen que ser depositados en algún hospital de por vida y con medicación extrema.
La estigmatización que recorrió la vida de las personas que necesitaban atención integral de la salud llevó a que esta Ley ponga en primer plano aspectos a tener en cuenta para que un sujeto en una situación crítica encuentre un espacio de contención y no de castigo o de segregación social.
La Ley de Salud Mental propone dejar de ver los padecimientos mentales como una discapacidad, y por esto, prioriza la voluntad del sujeto frente a la tan conocida “incapacidad” a la que previamente sometían a ciertas personas con el fin de quitarles sus derechos. La ley sostiene que “el Estado reconoce a las personas con padecimiento mental el derecho a recibir atención sanitaria y social integral y humanizada” precisamente para hacerle frente a la internación invasiva y exclusivamente farmacológica que recibían los sujetos en las instituciones monovalentes.
Pero por supuesto, a pesar de tener intenciones válidas y humanizantes, día a día vemos que no es suficiente enunciar, sino que es necesario brindar los recursos para su plena aplicación.
El artículo 20 es el que se discute principalmente, allí se sostiene que la internación involuntaria es un recurso excepcional que solo se llevará adelante cuando la persona represente un riesgo inminente para sí o para terceros. Quienes trabajamos en salud mental sabemos que muchas veces la urgencia subjetiva no nos brinda tiempo de análisis, pero también sabemos que si volvemos a las internaciones psiquiátricas eternas tampoco brindaremos una verdadera solución, sino solo una estigmatización y segregación de quienes necesitan más que nunca el lazo social y el trato humanizado.

No es una Ley errada en sus conceptos, pero no solo el consumo en figuras públicas como Felipe y Chano son los que tienen que llamar nuestra atención, sino también el que sucede en los barrios y que se lleva día a día la vida de miles de niñxs y adolescentes. 
Necesitamos revisar nuestra Ley de Salud Mental, pero más que nada necesitamos un Estado que se involucre fundamentalmente en su plena aplicación. Necesitamos un Estado que priorice los derechos, pero no solamente promulgándolos en una Ley, sino haciéndolos de fácil acceso a cada sujeto que requiera de su amparo.

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