8M

Hoy me desvelé a las seis, como ayer, anteayer y antes de anteayer.
No sé bien que me pasa. Ando sensible, con el llanto en la punta de la lengua. Hace cinco días que me tiene que venir ¿será por eso? ¿o porque me acordé de mi vieja? Por fin conseguí trabajo de lo mío, en una escuela hermosa. Todo el día le recé que me ayudara, le prendí velitas. Y me tiró una soga, desde allá, una vez más. Me hubiera gustado que vivieras en esta época, que hubieras podido contar tu secreto, que te hubieras preguntado alguna vez qué era lo que vos deseabas. ¿Será por eso que me desvelé?
Me quedo dando vueltas en la cama, apago el ventilador, busco una frazada. De costado miro el armario y me doy cuenta de que no preparé la ropa. La mañana está bastante fresca. Hace rato que quiero ponerme esa pollera de jean que me hizo con un pantalón viejo mi amiga Guada. Pero no, la bici, la hora. Mejor algo suelto, que me tape. Pero, por otro lado, es el trabajo, no puedo ir así nomás, desprolija. Me levanto, me pongo un vestido suelto y unas chatitas. No es lo que más me gusta, pero bueno, me tocará sentirme linda otro día, otro mes, otra vida.
Son las 8 am. Agarro el teléfono y leo el mensaje de Vicky. Finalmente va a bajarse de la obra de teatro que hacemos juntas. Termina a la medianoche la función y tendría que volverse sola, viajando hasta Laferrere.
—    Es una pena, pero creo que estoy en la misma de siempre. Afuera por lejanía, por periférica. Todo lo linda que pudo haber estado la función se desvanece cuando empiezo a caminar apurada por las calles, en estado de alerta, pegada al teléfono en el bondi para no sentir tanto las miradas invasivas. Es más, el otro día me tomé un remís cuando llegué a Lafe, y le dije al tipo que doble por la avenida. ¿Podés creer que siguió por el camino más oscuro? Esas seis cuadras hasta que volvió a una calle transitada fueron un infierno, el corazón me palpitaba y pensaba ¿por qué no tendré una navaja en la cartera? Lo único que atiné a hacer fue mandar audios inexistentes para que pensara que me estaban esperando despiertos en casa.
Los nenes duermen, espero que hasta tarde, así no se les hace largo. Desde que se fue el padre los dejo solos. Sí, ya sé, no son bebés, pero igual me da cosa. Les doy un beso en la mejilla y sonríen dormidos.
Camino al trabajo, pienso si el tipo habrá disfrutado ese momento de perversión. ¿Habrá sentido acaso poder al ver la cara de terror de Vicky por el espejo retrovisor?
Un tipo, otro, empieza a seguirme con la moto, despacito, atrás mío. Justo en una casa están sacando el auto para ir a la escuela (los nenes están con uniforme). Me paro en la casa, con la mirada cómplice y atenta de la madre. La moto sigue para el fondo. En un segundo que nos miramos a los ojos, sin hablar, yo le digo “gracias, viste como son estos enfermos” y ella me dice “sí, la verdad, de nada”.
Llego al trabajo y siempre sonrío, no quiero que me pregunten qué me pasa. Un poco de malhumor me agarra. Otra vez no hay ni café ni azúcar, otra vez yo llego temprano y él tarde, otra vez la pila de expedientes que él ayer dejó sin terminar, otra vez la misma historia.
Cuando salgo, dejo la bici en una guardería y me atiende José, el amigo de mi viejo. Me pregunta por mi marido.
—    Ya te dije, Rubén, estoy separada.
Y Rubén insiste:
—    No es bueno estar sola, perdonalo, así tienen un bebé y todo se arregla.
—    Mirá José, mi exmarido no sólo no trabajaba, sino que se deprimió, se puso a tomar, y un día me agarró del cuello y me amenazó delante de los nenes. ¿Eso querías escuchar?
Rubén se queda callado, me da el papelito con el número 803 y baja la mirada.
—    Saludos al profe, escucho que me decía, mientras me iba.
En el colectivo me encuentro a Myri, mi vecina, que se recibió de médica y está trabajando en el Hospital Posadas.
—    Es bastante cuesta arriba, amo mi trabajo, pero no sabés las cosas que vemos. Nos llegan baleados, desnutridos, nenas violadas. Es muy duro, y la exigencia, el triple. Con Mauro estamos pateando lo de tener un bebé porque si me ven embarazada chau, pierdo la residencia.
Paso por el cajero, hay dos cuadras de cola. Hoy no voy a poder sacar, los nenes estuvieron muchas horas solos. Le mando un mensaje a mi hermana para que me preste de nuevo. Cuando haya menos gente le devuelvo.
Hoy es la marcha del 8M, la quería llevar a la nena, sé que es importante, pero estoy fundida. Ojalá podamos ir a la que viene.
Y cuando llego a casa, cansada, podrida, me transformo en mi mejor versión, o la que me queda, la que me alcanza. Los abrazo, les pregunto cómo andan.
—    Bien mamá, hoy de nuevo me estuvo diciendo “gorda” Joaquín. Le fui a decir al profe pero me dijo que no sea maricona. Yo quiero empezar el gimnasio, ma. Ah, y tendría que ir a particular de matemática. ¿Te conté que a Anto la manoseó el primo? Sí, ese, el de veinte. Ahora se viene un re bardo, la madre le dijo que para qué lo contó, que si ella lo dejó es porque también quería, no sé, un lío. Mamá, nos quedamos sin comida de gatos. ¡Ah! Y para Construcción de ciudadanía me dieron tarea. Tengo que contestar con mis palabras esta pregunta. Pero ni idea, ma: ¿Qué es el patriarcado?

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