A casi 100 años, hubo justicia por la Masacre de Napalpí

“Fueron crímenes de lesa humanidad, cometidos en el marco del genocidio de los pueblos indígenas”, sentenciaron en el juicio por la Masacre de Napalpi ocurrida en 1924 en Chaco. Casi 100 años después, se hizo justicia para las 400 personas asesinadas por las fuerzas estatales.
“Declarar como hecho probado que existió responsabilidad del Estado Nacional Argentino en la planificación, ejecución y encubrimiento en la comisión del delito de homicidio agravado con ensañamiento con impulso de perversidad brutal”, sostuvo la jueza federal Zunilda Nirempreger en la sala de convenciones Gala de Resistencia, Chaco. Además, agregó: “Sus condiciones de vida eran deplorables, hacinados/as, sin vestimenta apropiada, con poca comida y de mala calidad, sin atención médica ni posibilidad de escolarizarse. Allí les cobraban por los elementos de trabajo, como por las bolsas de algodón, y un impuesto del 15 por ciento sobre la cosecha y costosos fletes para su traslado, a los pocos que se les dio la posibilidad de hacerlo, siendo el resto obligados/as a trabajar extensas jornadas para la Reducción o vecinos hacendados, pagándoles con vales”.
En el juicio hubo más de 50 testimonios. Se tuvieron en cuenta declaraciones de sobrevivientes, familiares de personas asesinadas ese día, y académicos. El estigma de Napalpí sigue vivo en Chaco. Todavía duele esa herida que no pudo cicatrizar, que recibe alivio. En el libro Crímenes en Sangre, de Pedro Jorge Solans y editado por Sudestada, leemos el relato de la sobreviviente Melitona Enrique: “En El Aguará éramos como mil aborígenes cuando atacaron. En las tolderías no había armas de fuego. Y nos mataron más de doscientos: hombres, mujeres, ancianos, ancianas y niños. Los hombres querían volver a las tolderías pero éramos perseguidos por la policía. Nunca hubo malones. Querían que trabajáramos a cambio de nada, querían eliminarnos…”.
Sobre esta sentencia, el autor Pedro Solans sostuvo en diálogo con Sudestada: “Este juicio es reparador en lo moral, en lo ético, en historia, porque esta fue una masacre a todo, por todo lo que hicieron con sus cuerpos. Con esta Masacre de Napalpí se ha inoculado el miedo, el olvido, los crímenes en la sangre de los aborígenes de Chaco a tal punto que 83 años después de lo sucedido recién pudo Meritona Enrique romper el silencio y dar su testimonio”.
No existe límite de tiempo para juzgar los genocidios de esta tierra. Esta sentencia nos demuestra que no vamos a dejar pasar las masacres que han vivido los pueblos originarios. El Estado es responsable. Ahora es tiempo de memoria y de escribir la historia que tanto tiempo nos ocultaron.

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