A Lohana Berkins

Carta de Florencia Guimaraes a Lohana Berkins en el 55 aniversario de su nacimiento.

En los veranos Lohana iba a la casa de Leyla, su amiga, nuestra amiga y compañera de llantos, risas, amores y familia. Desde que ella llegó de su Salta natal, le gustaba mucho en los últimos años venir y apagar el celular, era su momento de descanso, de disfrute. A mí me conocía desde que era una mariquilla muy curiosa que iba y venía espiando a las travas del barrio. Siempre que alguien le preguntaba cuándo nos conocimos, ella respondía con su amorosa e inolvidable voz: “la conozco desde así de chiquitita”. Cuántos años pasaron querida Berkins, cuántas cosas nos quedaron por vivir juntas.

Quiero hoy, en el día que deberías estar cumpliendo años y seguramente estaríamos compartiendo grandes comilonas, recordarte con una de las tantas anécdotas; más que anécdotas charlas de amigas que nunca olvidaré. Esa calurosa tarde de enero que nos encontramos sentadas bajo el jazmín paraguayo del patio de la casa de Leyla, tejiste una pregunta que años después comprendí: “¿no te gustaría aprender a coser ropa, sábanas, guardapolvos Flor?”, me dijiste. No, no me gusta coser respondí. Te hago esta pregunta marica porque estamos viendo de conseguir unas máquinas de coser para que entre las travas podamos tener un emprendimiento autogestivo con salida laboral. Tardé varios años en entender que me hablabas de cooperativismo, de organizarnos de otras formas. Yo en esos tiempos en lo único que pensaba era en ver qué modelito me pondría esa noche para ir a pararme a la esquina. No me podía imaginar en otro lugar más que una esquina. Lohana sabía en carne propia lo que vivíamos quienes eramos arrojadas al sistema prostituyente; sabía de encarcelamiento, de siliconas, de palizas y de enfermedades. Todo eso aún vivía en su propio cuerpo, habitaba siempre en sus pensamiento y es por eso que luchaba y soñaba con otro destino para sus amigas y hermanas travas del mundo.

Tu cuerpo no aguantó más, era la hora de reunirte con Diana, con Maite, con Katia, con Valeria, con Nadia. Te nos fuiste físicamente un carnaval del 2016, vos que habías sido tantas noches la reina del carnaval. Dejaste en gran vacío en nuestras vidas, en la militancia, en el mundo de los gusanos capitalistas al que nos mostraste y enseñaste que debemos enfrentar con mucho coraje para ser algún día, libres mariposas. ¡Como se te extraña marica! Soñabas con ser maestra y lo fuiste. Tu aula fue el mundo entero y de vos aprendió la academia, los feminismos y cada persona que hoy te lee y te escucha. Tus luchas se multiplicaron en miles de otras, de otros, de otres.

Extraño enormemente tus llamadas diciéndome ¿cómo estás Florencia Guimareiii? Nuestras charlas sobre amoríos fantasiosos, los relatos de tu juventud en las bailantas de Salta entre locas, chongos y gallinas. En esos grandes bailongos bajo tinglados de chapa, al son del amargo y dulce. Esas largas tardes de frió invernal haciendo tiempo y mirando cualquier película en el cine Gaumont, después de haber ido a hacer algunos tejes de los tuyos. ¡Como te gustaba tejer Berkinslu! Compartir cenas en aquellos bodegones ruidosos. Siempre decías que una de las cosas que más disfrutabas en la vida era poder sentarte a comer y compartir momentos en algún restauran con tus personas queridas. Extraño tu sonrisa pícara y tus retos constantes retándome “córtala marica, dejá de pelear, tenés mucho para dar”.

Son tantas las cosas que quedaron pendientes. Desee mucho que vieras que terminé el secundario después de que insistieras tanto y que lo hice con aquella cartuchera que me regalaste. Qué hermoso hubiese sido que estuvieras ahí cuando me recibí o tenerte el día que me casé con Alejandro. Tantas veces me dijiste “nena no esperes más” y te hicimos caso. Vos ibas a ser nuestra madrina, lo hicimos de rojo bien rojo, pensando y brindando por vos, por la lucha trava.

Te pienso cada día en cada paso que doy desde la militancia travesti. Te veo en los ojos de muchas hermanas travas que vienen por todo y sé que vos estarías tan feliz de verlas, de ver esas niñeces travestis y trans que te dibujan, te cantan y te admiran. Tu legado se multiplica día a día. Porque si algo nos mostraste y nos enseñaste, es que no hay herederas, solo hay compañeras y que la lucha debe ser colectiva.

¡Furia trava siempre!

Compartí en tus redes favoritas

Leer anterior

El baile de los chetos

Leer siguiente

13 de junio: la primera conquista