Abran la puerta: Cachitas Now! llegó a Nueva York

Cantando sobre inclusión, igualdad de género y goce, la banda de cumbia disidente llega a Estados Unidos gracias al programa de intercambio cultural Center Stage.

Por Alex Zani

Nueva York, Estados Unidos. Entrada la noche del 15 de noviembre de 2011, la policía de Nueva York ingresa a Zuccotti Park, ubicado en el distrito financiero de una de las ciudades más opulentas del mundo, y reprime a las personas que ocupaban la plaza. El movimiento populista Occupy Wall Street está a punto de cumplir su segundo mes acampando contra la desigualdad económica y la influencia del dinero en la política norteamericana, cuando la policía entra armada con materiales antidisturbios, gases lacrimógenos y porras. La secuencia no nos es ajena: destrozan las carpas de quienes dormían allí, desalojan por la fuerza a los ocupantes e intentan sofocar un movimiento que se había convertido en el Occupy más grande de Estados Unidos. 
Cuando Cachitas Now!, una banda de cumbia disidente argentina, llega al Parque Zuccotti, los días de protestas anti-capitalistas parecen haber quedado atrás: ahora se trata de una plaza austera, corporativa, similar a muchas otras del Lower Manhattan. Pasaron doce años de aquella represión que esperó la noche con la esperanza de pasar desapercibida, pero la memoria colectiva no olvida. Les chiques de Cachitas Now! lo sabe bien. Por eso, en cada uno de sus shows recuerdan a Tehuel de la Torre, un joven trans argentino desaparecido en 2021, así como antes también pidieron la absolución de Higui y de Marian Gómez. 
No es común que una banda de cumbia toque en Nueva York. Pregunto por la calle y poca gente conoce el género. También es la primera vez que Cachitas Now! visita esta ciudad. Vino de gira a Estados Unidos gracias a una iniciativa de diplomacia cultural llamada Center Stage. La banda toca cumbia disidente porque rompe con las normas sociales, culturales y musicales: sus letras reivindican experiencias de vida LGBT+ y cuestionan los roles impuestos por la sociedad cishéteropatriarcal. Cuando la formación ocupa su lugar en el Parque Zuccotti, su sola presencia hace ruido. No hace falta traducir las canciones: la gente entiende, saca los celulares, filma. Si algo nos ha enseñado la cumbia es que para que un mensaje sea rechazado, primero tiene que hacer ruido. 

En pleno estallido político, económico y social argentino en 2001, lo que hizo la cumbia villera fue cantar, como un modo de gritar, para dar a conocer la realidad que atravesaban los pibes de barrios excluidos. Cantar sobre sus contextos de emergencia, pero siempre dando lugar al goce: la música, la fiesta y el alcohol como banderas. Por entonces, con bandas como Yerba Brava, Mala Fama, Damas Gratis y Pibes Chorros, la cumbia villera se propuso romper con cierta monotonía romántica de las cumbias de los años 90 que tuvieron a Gilda como figura central. Y una vez que hizo ruido, empezó a molestar. “Esta cumbia, bien ligada a lo popular y a los grupos marginados por el contexto social, político y económico, generó mucho rechazo. La gente la prejuzgó porque eran canciones que hablaban del disfrute de la clase trabajadora y para las clases altas los trabajadores no deben disfrutar. Solo deben trabajar”, explicó Melisa Lobos (voz). 
Melisa nació en Esquel pero vivió gran parte de su infancia en Gobernador Costa, en Chubut. Cada mañana, su tío se levantaba, preparaba el mate y ponía cumbia a todo volumen. Creció mirando Pasión de Sábados, escuchando El conejito Alejandro (Miguel Alejandro) y admirando a Gilda. “Un día me di cuenta de que no tenía referencias lesbianas en la cumbia. No había gays declarados en el ambiente, no se visibiliza a la población LGBT+, y eso me molestaba”. 
Eso cambió en 2006 cuando se mudó a La Plata para estudiar el Profesorado en Música en la Facultad de Bellas Artes (ahora renombrada Facultad de Artes de la UNLP). Allí conoció a Noelia Sinkunas (coros y teclados), Guadalupe Mambirn (octapad), Melisa Montejano (bajo) y Tomás Llancafil (voz y guitarra). A Matías Rodríguez (timbales) y Jonás Gómez Dip (güira) los conocería un poco después. Por ese entonces, La Plata era un agite de avispero de la música tropical y proliferaban las bandas que buscaban reversionar el repertorio latinoamericano y sumarle mixturas del tango, el folklore y el rock. 

“Cumbia Desgenerada” para combatir la cultura patriarcal
“Laura, se te ve la tanga”. “Ay Andrea, vos sí que sos ligera”. “Mabel, se te ve arruinada, será por el escabio, por la yerba o por la pasta”. Esas son algunas de las letras que crecieron escuchando les Cachitas Now!, que crecimos escuchando todes. Como respuesta a esas canciones surgió Cumbia Desgenerada, el primer disco de la banda. La propuesta: deconstruir el género (musical), carnavalizar la cultura cisheteropatriarcal y machista, e invertir los discursos normativos sobre el sexo y el género con canciones como “Soy”, en donde relatan: “Cómo le digo a los demás / Que yo no soy es cuerpo / Qué es una mentira real / Alguien lo entendera / Como le digo a los demás / Que yo no siento lo mismo / Que otros creen que soy yo / Sigo aqui atrapada en esta piel / Quiero que me traten como él / Quiero que me llamen como él”. 

Si bien fue creada como una banda de mujeres y lesbianas, Cachitas Now! mutó a medida que las identidades en la banda también se fueron transformando. “La oleada transfeminista nos atravesó, y en buena hora, para que pudiéramos replantearnos internamente qué es lo que queríamos decir y cómo”, sostuvo Guadalupe Mambrin sobre el impacto que tuvieron los movimientos por el Ni Una Menos, la Campaña por el Aborto Legal y el 8M sobre la banda. “Afianzamos conceptos, fuimos construyendo otros nuevos, transitamos procesos personales, transiciones de género, muchos cambios. Hoy, al ser disidencias en un escenario, se arma un rótulo sobre la banda y por eso hablamos de cumbia disidente, pero esa palabra está en lugar de muchas otras, como lesbiana, bisexual, no binaries, trans”.
Este posicionamiento le costó a Cachitas el rechazo de un sector de la cumbia tradicional. “Son ambientes muy machistas y nunca nos gustó cómo nos trataron, primero por ser mujeres y lesbianas, luego por ser otras identidades”, expresó Noelia Sinkunas. Ahora pareciera ser al revés: la hora de “educar al soberano” llegó hace rato. “La heteronorma hizo que ciertos placeres pertenecieran a un sector, o que pertenecieran solo a la masculinidad cis, y nosotres queremos mostrar que también disfrutamos, gozamos y meneamos si lo queremos. En un momento en donde la represión de los otros es tan fuerte, lo fundamental es crear redes, que se sepa que estamos entre todxs y que la salida es colectiva”, concluyó Melisa Lobos.  

El mes del orgullo LGBT en Nueva York: ¿Dónde están las marchas?
Junio es el mes del orgullo en Estados Unidos. Los bancos, las oficinas, las calles, los locales, los bares: todo lleva la bandera arcoíris como estandarte. “Acá el tema del orgullo está raro, ¿te diste cuenta?”, me preguntó Melisa Montejano mientras cebaba un mate antes de salir a tocar. “No hay marcha, no hay protesta, no se entiende cuál es la consigna. Solo hay banderas”. 
En Nueva York, el 28 de junio se conmemora la revuelta de Stonewall debido a una serie de manifestaciones en contra de una redada policial ocurrida en 1969. En la madrugada de aquél día, en el pub llamado Stonewall Inn -ubicado en el barrio neoyorquino de Greenwich Village-, la policía neoyorquina comenzó una represión que dio lugar al movimiento de liberación LGBT+ más grande de la historia de Estados Unidos hasta el momento. 
Desde aquél día, mucha agua pasó bajo el puente. “Estados Unidos tiene un gran talento para fagocitar los movimientos de protesta social e incluirlos en la agenda política y mediática”, me dijo un amigo. Lleva viviendo en esta ciudad un buen tiempo y observa. Aquí no hay marchas por el orgullo. March, me explica, es una palabra asociada a lo militar. Tampoco hay protestas. Solo hay Parade: desfiles, festejos y fiestas auspiciadas por grandes marcas. 
Apropiarse de la cumbia no es muy diferente a apropiarse de un espacio como una plaza, un parque o un bar: hacer de lo existente un hogar, formar comunidad, alzar la voz y contar experiencias que ayudarán a otrxs a vivir mejor. O al menos ese es el sueño. Me gusta pensar que hay algo de los reclamos de esta ciudad que hace eco en las canciones de Cachitas. Los años corrieron el foco, las luchas se transformaron, pero los grupos minoritarios siguen siendo los mismos: personas migrantes, LGBT+, marginales y excluidos por una sociedad que solo funciona en “modo consumo”. 

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Open the Door, Cachitas Now! Arrives in New York: Singing for Inclusion, Gender Equality, and Celebration

Singing about inclusion, gender equality, and pleasure, the dissident cumbia band arrives in the United States thanks to the cultural exchange program Center Stage.

by Alex Zani

New York, United States. Under the cover of darkness on November 15, 2011, the New York police make their way into Zuccotti Park, nestled in the financial heart of one of the world’s most affluent cities, aiming to quell the gathering of individuals. Occupy Wall Street, a populist movement challenging economic disparities and the sway of money in American politics, stands poised to mark its second month of defiant encampment. Clad in riot gear, armed with tear gas and batons, the authorities advance. This scene strikes a familiar chord: tents are torn asunder, occupants forcefully displaced, as an attempt is made to stifle the resounding momentum of what had become the nation’s largest Occupy movement.

When Cachitas Now!, a defiant Argentine cumbia band, sets foot in Zuccotti Park, the era of anti-capitalist protests appears to have faded into the past: the square now exudes austerity, corporate in nature, akin to its Lower Manhattan counterparts. A dozen years have elapsed since that fateful crackdown, a night that hoped to pass by unnoticed, yet the collective memory remains steadfast. The members of Cachitas Now! are acutely aware. Hence, at each of their performances, they pay homage to Tehuel de la Torre, a missing Argentine transgender youth from 2021, while also previously championing the exoneration of Higui and Marian Gómez
It is not common for a cumbia band to play in New York. I ask people on the street, and few are familiar with the genre. It is also the first time that Cachitas Now! visits this city. They came on a tour to the United States thanks to a cultural diplomacy initiative called Center Stage. The band plays dissident cumbia because it breaks social, cultural, and musical norms: their lyrics vindicate LGBT+ life experiences and question the roles imposed by the cis-heteropatriarchal society. When the band takes their place in Zuccotti Park, their mere presence makes noise. There is no need to translate the songs: people understand, take out their phones, and film. If cumbia has taught us anything, it is that for a message to be rejected, it must first make noise.
In the midst of the political, economic, and social turmoil in Argentina in 2001, that’s what cumbia villera did: sing, as a way of shouting, to make known the reality experienced by marginalized people in the neighborhoods. Singing about their emergency contexts, but always leaving room for enjoyment: music, partying, and alcohol as banners. Back then, with bands like Yerba Brava, Mala Fama, Damas Gratis, and Pibes Chorros, cumbia villera sought to break away from a certain romantic monotony of the 90s cumbias that had Gilda as their central figure. And once it made noise, it started to bother people. “This cumbia, strongly linked to the popular and marginalized groups due to the social, political, and economic context, generated a lot of rejection. People prejudged it because they were songs that spoke about the enjoyment of the working class, and for the upper classes, workers should not enjoy. They should only work,” explains Melisa Lobos (vocalist).
Melisa was born in Esquel but spent much of her childhood in Gobernador Costa, Chubut. Each morning, her uncle would rise, prepare the mate, and crank up the cumbia tunes. She grew up enthralled by Pasión de Sábados, enchanted by El Conejito Alejandro (Miguel Alejandro), and captivated by the legendary Gilda. “One day, it dawned on me—I couldn’t find any lesbian role models in cumbia. There were no openly gay figures in the scene, no visibility for the LGBTQ+ community, and it bothered me”. 
In 2006, everything changed when she relocated to La Plata to pursue a degree in Music Education at the Faculty of Fine Arts (now known as the Faculty of Arts) at UNLP. It was there that Melisa crossed paths with Noelia Sinkunas (backing vocals and keyboards), Guadalupe Mambirn (octapad), Melisa Montejano (bass), and Tomás Llancafil (lead vocals and guitar). Matías Rodríguez (timbales) and Jonás Gómez Dip (güira) would soon join their ranks. At the time, La Plata was a vibrant melting pot of tropical rhythms, with bands eagerly reimagining Latin American classics, infusing them with tango, folklore, and rock.

“Cumbia Desgenerada”: Challenging the Patriarchal Culture
“Laura, your thong is showing”. “Oh Andrea, you’re quite promiscuous”. “Mabel, you look like a wreck. Is it the alcohol, the yerba mate, or something stronger?” (own translation) These were the lyrics that shaped Cachitas Now!’s upbringing—our upbringing. In response, Cumbia Desgenerada burst onto the scene as the band’s debut album. Their mission: to deconstruct the musical genre, infuse the cis-heteropatriarchal and machista culture with a carnival spirit, and subvert normative discourses surrounding sex and gender. In songs like “Soy” (I Am), they recount: “How can I tell others / That I am more than just this vessel / That it’s a beautifully crafted deception / Someone will comprehend / How can I tell others / That my feelings diverge from the expected / That their perception of me falls short / I’m still trapped within this skin / I yearn to be treated as my true self / I long to be addressed accordingly” (own translation).
Although initially composed of women and lesbians, Cachitas Now! underwent a metamorphosis as the identities within the band evolved. “The wave of transfeminism swept through us, and it was long overdue. It prompted us to deeply reflect on our message and purpose,” explains Guadalupe Mambrin, highlighting the impact of movements like Ni Una Menos, the Campaign for Legal Abortion, and March 8th on the band. “We solidified our beliefs, forged new ones, embarked on personal journeys, embraced gender transitions, and underwent profound transformations. Today, as dissident voices gracing the stage, we defy categorization, labeled as dissident cumbia. Yet, this label encompasses so much more—lesbian, bisexual, non-binary, trans, and beyond.”
This courageous stance hasn’t come without consequences, as Cachitas Now! has faced rejection from certain circles within the traditional cumbia scene. “Those environments are rife with machismo, and we’ve never tolerated the way they treated us—as women, as lesbians, and later, as individuals with unique identities”, explains Noelia Sinkunas. But now, the tables have turned: it’s time to “educate the bosses”. 
“Heteronormative framework has confined certain pleasures to specific realms or reserved them solely for cis masculinity. We, on the other hand, aim to showcase that we too can enjoy, revel, and shake things up as we please. In a time where repression from others looms so heavily, it becomes essential to forge connections, to let it be known that we stand together, and that the way forward is collective”, concludes Melisa Lobos.

Pride Month in New York: Where are the Protests?

June is Pride Month in the United States. Banks, offices, streets, establishments, bars—all proudly display the rainbow flag as their emblem. “Have you noticed how strange the concept of pride is here?”, asks Melisa Montejano, while preparing mate before heading out to perform. “There’s no march, no protest, it’s unclear what the message is. All there seems to be are flags”.
In New York, June 28 commemorates the Stonewall uprising, a series of demonstrations that arose in response to a police raid in 1969. In the early hours of that day, at a pub called the Stonewall Inn in New York City’s Greenwich Village, the New York Police Department initiated a violent crackdown, igniting the largest LGBTQ+ liberation movement in the history of the United States up until that point.
Since that day, much has transpired. “The United States has a knack for co-opting social protest movements and incorporating them into the political and media agenda”, says a friend of mine. He has been living in this city for a long time and keenly observes. Here, there are no pride “marches”. The word ‘March’, he explains, carries military connotations. There are no protests either. Instead, there are Parades: processions, celebrations, and parties sponsored by major brands.
Appropriating cumbia is not so different from claiming a space, such as a square, a park, or a bar, and transforming it into a home—a place to build community, raise our voices, and share experiences that will help others live better lives. At least, that’s the dream. I like to think that there’s an echo of this city’s demands reverberating in Cachitas’ songs. Over the years, the focus may have shifted, and the struggles may have evolved, but the marginalized groups remain the same: migrants, LGBTQ+, those on the margins, and those excluded by a society that operates solely in “consumer mode.”

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