Caer hacia el cielo

Por: Natalia Carrizo

a Angelino Salto

Aquellos copos parecían levitar de la tierra acariciando mis pies descalzos. Estaban suspendidos en la delgadez de su ligereza, de todos modos, resultaba una seria cuestión si en lugar de una noche de copiosas tempestades arremolinando árboles, una de esas que entibiábamos al abrigo de los techos, el cielo había elegido un día insospechadamente soleado para caer sobre nosotros. Menuda jugarreta.


Engrandeciendo mi propia pequeñez, a esa edad en la que se está tan cerca del suelo que se vive en el sueño, me agaché como un sabueso para desentrañarle un bautismo al misterio: Mirá, dije, cayeron pedacitos de nube. Él también bajó a cuclillas, posó su mano adulta en su rodilla adulta, con la otra tensó los dedos en el pasto hasta hallar el sagrado equilibrio en que tanto piensan los adultos que se alargan olvidando como caerse, o la supina importancia de reír un momento antes de levantarse.


Echó un vistazo a los copos, ladeó la cabeza, y fijó sus ojos adultos en mí; su boca adulta bailó una chacarera bajo el bigote explicando que aquel beso del suelo era en verdad lo que yacía dentro del duro fruto del palo borracho, que ahora, ya maduro, se abría y nos mostraba su interior. Pero una lección sobre la naturaleza puede ser otra lección, otra elección. Tomé esas hebras, las posé cuidadosamente sobre mi palma abierta, giré sobre mis pies y con ojos redondos saltarines exclamé: ¡Los frutos del palo borracho están rellenos de nube!


Su comisura adulta sonrió enternecida en la leche de la inocencia que no agrian ni el dolor ni el tiempo; y en un desgarro compartido, sosteniendo cada cual su propia orilla, alcanzamos a vislumbrar la magia… La magia de madurar recordando soltar la raíz, el tronco, la rama, caer y desnudar la blandura, por hacerse semilla que se reinventa la vida. La magia de ver con ojos niños nubes en el interior de duros frutos que saben caer para alcanzar a desnudarse sobre el canto que nos lleva los pies.

(*) Es poeta, su último libro es Que vuelvan los lentos y las molotov.

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