Caso Lucas González: perpetua para Issasi, López y Nievas

Por Editorial Sudestada

Hace minutos se conoció la sentencia para los asesinos de Lucas. El Tribunal Oral en lo Criminal 25 determinó la cadena perpetua para los tres primeros acusados de asesinar a Lucas. “Por odio racial, premeditación y abuso de sus funciones”, se consiguió justicia en este caso de gatillo fácil aplicando penas menores a algunos y la libertad de cuatro de ellos.
El juicio llega a su fin, después de casi 4 meses de debate y más de 50 testigos, de los 14 policías acusados en el banquillo, de querer embarrar la cancha, de jugar a ser víctimas, de llorar hasta con una biblia, y de protegerse con el accionar uniformado, de los idas y vueltas, testimonios, y el silencio cómplice hasta que uno se quebró y destapó la olla para re-confirmar el encubrimiento.
Hoy llega un poco de Justicia a la familia de Lucas, a lxs amigxs, y a un pueblo que semejante atrocidad no le pasa por el costado. Pero Lucas no está. Ese pibe que soñaba con jugar al fútbol con estadios llenos, con goles que marquen historia, ya no puede seguir soñando. Porque un día salió a pasear con sus amigos y se encontró con el terror de la policía, que se cree tan impune que decide quién vive y quién muere. Y así lo fusilaron, para luego plantarle un arma y poner sobre la mesa el manual de siempre: la víctima como delincuente. Esa es la maldita policía, la que pocas veces después de los crímenes que ejecuta, se encuentra en el banquillo como en este caso. Estos son los policías que le arrebataron la vida a Lucas.
Basta de asesinos a sueldo con chapa y uniforme. Basta de que nuestros pibxs se conviertan en banderas y mártires. Los queremos libres, jugando, soñando, y viviendo.
Justicia para Lucas, y que se siga investigando, porque la policía es un entramado mucho más peligroso del que se ve acá.

El homenaje de su papá: Lucas en la piel
La cara de Lucas, los botines, la pelota, la gorra, y el amor estampado en la espalda para el recuerdo eterno. Su papá, Héctor, y Lucas en la piel. “Es una manera de tenerlo conmigo, de sentirme más cerca de él y me cubre las espaldas”, dijo quien ya se siente protegido.
La vida de un pibe arrebatada por el terror de la maldita policía, los sueños acribillados detrás de un patrullero. Los ojos que cerraron los cobardes de uniforme aquel noviembre de 2021, y el amor que siempre le gana al odio, a la violencia, incluso a la decisión de disparar para que nada vuelva a ser igual. El amor como bandera, y que logra la eternidad de lo que pretenden aniquilar.
“Lucas eterno”, se escribe debajo de la mirada de ese pibe que nos duele, que nos lastima, en el que la impotencia y la ausencia lleva a las lágrimas profundas, a noches sin dormir, a preguntas diarias y respuestas que cortan aún más el pellejo. A esas horas que no pasan, al tiempo que se detiene, y la presencia constante pero sin la voz. El abrazo que se siente y que perdura, y una espalda que nos hace llorar pero también soñar.
Lucas presente. Lucas eterno. Lucas, su papá, y una imagen que lo dice todo.

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