“Sigo apostando a la idea de que les viejes tenemos derecho a ejercer la sexualidad”

Rosa Rodríguez Cantero tiene 76 años, nació en Barracas, se crió en Chaco y actualmente vive en Berazategui. En su Instagram se define como: Payadora Sexual, escritora y vieja verde. Cantero es una poeta contemporánea que lleva escritos 4 libros: “Pólvora en chimangos”, “El amor en tiempos del PAMI”, “Rosa en verde” y “Lo senil no quita lo caliente”. Empezó con los talleres de poesía a los 60 años y se dedicó a hacer lo que siempre había querido: ser poeta. Dice que no tuvo el “síndrome del nido vacío”, sino “el de los huevos llenos”. Posó desnuda para fotos que actualmente están siendo exhibidas y también protagonizó un cortometraje, “¡pero la única que se desnuda soy yo!”, comentó. Sobre esto, habló en diálogo con Sudestada.

Por Gabriela Herrera

Rosa está armando un proyecto para dar charlas en centros de jubilados, sobre violencia y Educación Sexual Integral para personas adultas mayores. Se está formando para tener respuestas sólidas. En cuanto a su motivación, mencionó: “Cuando voy a leer, la gente se acerca a contarme sus historias, preguntarme cosas, me buscan como referente, por eso me quiero preparar en ESI, para tener herramientas y darles información, aprovechar que mi palabra es creíble para la gente mayor y hacer un servicio para despertar cabezas”. Además, recordó: “Una vez fui a leer a una escuela, y cuando digo que todxs lxs abuelxs tenemos derecho a coger uno me dice: ‘puedo aceptar que mis padres tengan relaciones sexuales, pero con mi abuela no’. Le expliqué que cuando su abuela se muera, no se va a llevar ni el auto, ni la casa, ni la plata, se va a llevar el calor de su compañerx que la abrazó hasta el último momento, que la sostuvo. Se van a llevar lo que vivieron, entonces ¿por qué no aceptar y disfrutar de que tu abuela coja con tu abuelo? Tiene derecho a hacerlo con quien se le cante, para hacer el amor tenemos manos, lenguas, palabras, tenemos todo el cuerpo, todo es erótico, dormir abrazados, darse un beso, también es una manera de hacer el amor”.
A sus 9 años, Rosa leyó un poema de Baldomero Fernández Moreno. La conmovió tanto que dijo: “algún día voy a escribir como este señor”. Sin embargo, su papá le respondió que la poesía no era un oficio para mujeres, que las lo hacían se volvían locas o putas. “Le diría a las mujeres que cuando una quiere hacer cosas y tiene la pasión de hacerlas, las tiene que hacer. No hay que actuar por edad, nada se lo puede impedir. Esos deseos personales que una viene postergando desde la infancia, la adolescencia, se pueden hacer cuando es vieja. Siempre se tiene la libertad de realizarlos. Yo no tenía grandes sueños, mi ambición era pequeña y, sin embargo, me era imposible porque estuve casada con un tipo que era el fiel reflejo de mi papá, muy conservador. Todo ese tiempo fui prolongando mi deseo por sumisión del patriarcado, escribía poemas a mi familia, a mi perra, etc. Siempre encontraba algún motivo”.
Cuando estaba en pareja con su marido escribía, pero cuando él encontraba algo lo rompía y la agredía verbalmente. Por eso, comenzó a esconder sus textos entre revistas viejas, para que nadie los viera. “A partir de quedarme sola, a los 62 años, lo que hice cuando cobré mi primera jubilación fue comprarme una computadora y una impresora. Ya no tenía hijes a mi cargo, entonces podía hacer lo que quisiera con la guita y se me hizo más fácil seguir escribiendo”, sostuvo Rosa.
La violencia cultural hacia las mujeres por razones de género y edad son una forma de discriminación. A menudo no es visible, ya que está naturalizada por una serie de comportamientos socialmente esperables y criterios preconcebidos. Es importante reconocer, señalar y romper con las expectativas de roles determinadas que condicionan la percepción de las mujeres y la propia percepción que sí mismas pueden internalizar. “Me fui empoderando y me di cuenta que era dueña de mi vida a los 60 años. Cuando la más chica de mis hijas se casa y se va, quise realizar mi sueño, hacer cosas por mí, como ir a un taller de escritura y aprender a escribir poesía. Ahí fue cuando descubrí el camino de la poesía, que es hacia el infinito. Una en un poema puede ser un elefante, una bicicleta, un árbol, una estrella, lo que una quiera, no hay límites para crear y convertirse en lo que una quiere decir. Cuando me hice cargo de esa libertad, que nadie me podía censurar, empezó a cambiar también mi manera de pensar y comencé a replantearme un montón de creencias. En los talleres adquirí herramientas a las que nunca había tenido acceso, me volaba la cabeza, yo iba con toda la intención de aprender, de mejorar, de llegar a ser lo que yo quería, aunque tuviera que cambiar mis propios modelos”.
Señalar la exaltación de la juventud como etapa privilegiada de la vida contribuye a la discriminación hacia las personas adultas mayores. Sumado a la influencia y las exigencias que la sociedad y el entorno ejercen sobre ellas, para que se ajusten a ciertos estándares o comportamientos esperados: desde la elección de su ropa, maquillaje y actividades. La imposición parecería ser no desear, ni ser deseadas. Estas expectativas refuerzan los estereotipos de género y edad. “Lo primero que hice fue ser modelo para una muestra fotográfica, sobre la historia de mujeres que se masturban. Fue a finales del 2018, no conseguían a nadie mayor de 45 años que se anime, yo tenía 65, fui muy cuidada, aparezco vestida, con una mano dentro del pantalón, como si me estuviera tocando y cara de disfrute, cuando me convocó la fotógrafa, mi nieta me dijo: Si lo querés hacer, no te prives de esto. Fue lo primero que hice para romper los estereotipos y paradigmas que tenemos impuestos”, expresó.
Es común que se perciba a las mujeres mayores de 60 como un grupo vulnerable, y que sus contribuciones en términos de conocimientos y experiencias sean ignoradas o desestimadas. Esto puede llevar a naturalizar la idea de que tienen menos valor social y, por lo tanto, son objeto de exclusión y violencia por parte de la sociedad. Abordar la violencia cultural por razones de género y edad implica reconocer que se enmarca en matrices de pensamiento, como el patriarcado y el viejísimo. Reconocer cómo la violencia cultural afecta a las mujeres mayores, incluso en formas que pueden ser difíciles de notar, como agresiones que parecen inofensivas o graciosas, es esencial para comprender los abusos que experimentan.  “Una noche, después de un evento en el que fui convocada a leer, tomé el colectivo y cuando subí se me rompieron las rodillas, un dolor horrible. Le dije al chofer a los gritos: ‘¿podrás dejarme en la clínica de Berazategui?’, y me respondió: ‘Yo no soy ambulancia de nadie, señora’. Pasó de largo el sanatorio. Un señor le dijo que pare y retroceda, el chofer no dijo nada. Volvió y me pude bajar, seguro porque se lo pidió un hombre. Fue una noche tremenda, en la clínica me dijeron que tenía que ir a otro sanatorio, me fui en un Remis, y apareció una doctora con una cara de culo importante y me dijo: ‘pero vos, ¿qué haces a esta hora sola por la calle? ¿Vos no tenés quien te acompaña, no tenés familia?’. ‘Sí, tengo familia, pero tuve un accidente’, le respondí. ¿Qué tiene que ver la hora, la edad con el accidente que tuve? Yo estaba haciendo actividades que son importantes para mí”.
En 2018 Rosa lanzó su primer libro, luego de una historia fallida con un hombre. “Me había empezado a tirar los perros, era por email nada más, hasta que llegamos a un acuerdo y empezamos a viajar en el mismo colectivo. Teníamos tiempo de hablar y de contarnos cosas, así estuvimos como un año, hasta que le dije que tenía que hablar con él seriamente y quedamos en encontrarnos en una pizzería a las 7 de la tarde. Yo me preparé como para la guerra. ‘Acá terminamos en un telo’, pensé… Resulta que era casado, con hijos, con nietos, yo tenía un celular y fingí que me estaba llamando mi hija. No lo vi nunca más. Entonces, con mi profe y otra compañera hablábamos de este tipo de experiencias y empezamos a intercambiarnos versos por mensajes de textos, a escribirnos en cuartetas cosas sobre los hombres. En un momento tenía 340 versos de intercambio, en la época en que se recargaba el celular con tarjeta, y la profe me tiró la idea de que arme un libro, insistió con que seleccione y armé una gran payada. Así salió mi primer libro: Pólvora en chimango”.
Con ese libro, la autora tenía el propósito de sacar a la mujer del lugar de objeto de deseo y que pudiera ser sujeto deseante y expresarlo. “Cuando era chica te hacían creer que cuando un tipo se fija en vos y te propone matrimonio es el triunfo de la vida. Nos lo imponían los padres, mi mamá me decía: ‘sos tan flaca que nadie te va a querer’ o ‘sos tan gorda que nunca vas a conseguir a alguien que te quiera’. Quería salir de ese papel, y me empecé a revelar contra todas esas cuestiones y las voy plasmando en el libro, en la poesía. Yo tenía ganas de romper con todo eso y no sabía cómo podía hacerlo, cuando yo plasmaba poesía en un papel estaba esperando que alguien lo lea, así me resulta más fácil expresarme”.
El segundo libro, El Amor En Tiempos Del Pami, surgió a raíz de la decepción que le causaba el hecho de que les adultes mayores que conocía, en su gran mayoría, habían renunciado a la sexualidad. “Las mujeres decían: para qué, si al viejo ya no se le para. Y los hombres, resignados, decían:  ya no estamos pa’ esos trotes.  ¡Como si solamente con una buena erección se pudiera hacer el amor! Con el segundo libro busqué decirles que dormir abrazados es hacer el amor.  Apelar a la ternura de las manos que acarician, también lo es, los juegos, las cosquillas, los besos. Son poemas sobre ese tema, con historias, anécdotas y sobre todo propuestas”.
En cuanto a sus dos siguientes publicaciones, Rosa en verde y Lo Senil no quita lo Caliente, Rosa explicó: “Sigo apostando a la idea de que les viejes sí cogemos, sí nos enamoramos, sí tenemos deseos y derecho a ejercer la sexualidad.  Hay varios poemas, y también breves historias que me fue contando la gente, el público que se acerca a verme, ya que, en algunos casos, luego de la lectura, se generan debates de mis coetáneos, de los que usé algunos argumentos para mis poemas”.
Rosa resignifica a las adultas mayores, pone en palabras lo que estuvo sepultado. “En alguno de mis poemas me burlo del bastón, de las arrugas, de que se nos salgan los dientes postizos, de todo lo que la gente no quiere nombrar. Una mujer de mi edad no quiere decir que tiene dientes postizos, prefieren disimularlo y no usar un bastón. Yo prefiero pensar qué lindo que llegué a esta edad con celulitis y arrugas. Llegué, estoy acá, porque la forma más fácil de no envejecer es morirse antes, entonces asumí que es una delicia, que es una gloria estar viva y que se pueden disfrutar todas las etapas de la vida”.
En el 2019, Rosa participó del cortometraje: Viejas que hierven, donde se aborda la sexualidad en la tercera edad a través de la mirada de cinco mujeres, y siguiendo la idea de la directora, Violeta Tapia, sobre la aceptación corporal, es que Rosa se anima a hacer algunas escenas desnuda. En el año 2022 el cortometraje se presentó en el BAFICI, y ganó en su modalidad, por lo que el corto se pudo ver en algunos cines, actualmente se sigue proyectando no solo en Argentina, sino también en lugares como Frankfurt y en el 4to congreso de la organización de mujeres cineastas de España (CIMA).  

Fragmento del poema: El amor en tiempos del Pami

El bastón y la renguera

no serán impedimentos

pa’ tener sexo violento

con algún viejo atrevido

que tenga por bien vivido

lo que lo ha dejau contento.

Es cierto que con los años

las cosas se hacen más lentas

pero si alguien me calienta

al Kamasutra recurro

y entre besos y susurros

la libido se fermenta.

El hombre se priende al viagra

la mujer, al lubricante

para llegar al instante

del orgasmoo placentero

y allí comienzan los “pero”

que agobian a los amantes.

Ya desnudos y en la cama nos besamos flacidez

como tantas otras veces

pasados de calentura

acomodamos posturas

y el gran impulso aparece.

Ya está todo preparado

-no somos tan exigentes-

estoy estrenando dientes

una prótesis divina

(con ellos muerdo en esquina)

para evitar accidentes…

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