Celebración inverosímil

Querido Sur,
El calor nos aplasta contra las baldosas y el aire del ventilador sopla tibio sobre nuestra somnolencia. Del centro llegan las vecinas contando que la gente anda enloquecida. Nacerá Jesús, pero a qué costó, comentan, mientras se apantallan y chupan la bombilla fría del tereré, viendo pasar la siesta frente a sus ojos.
Volví a Resistencia con el solsticio, escapando de una Buenos Aires tan ruidosa como siempre para venir a encontrarme con esta historia de la histeria navideña allá en el centro, una suerte de experiencia porteña al alcance de la mano norteña, un Lavalle y Florida con más chipá y menos arbolitos gritándote ¡cambio! bien adentro del oído. Prefiero pasar los días en casa o darme una vuelta por lo de Cecilia hasta que enero calme a los hambrientos de fiesta.
Navidad capitalista dirán, pero me parece que aquel término no dice nada en sí mismo. Tan transitado que se ha hundido, pienso, como los escalones de las viejas estaciones de subterráneo.
Prefiero la idea de “celebración inverosímil” para comprender la dinámica de lo festivo en términos sustanciales, arrancarle la máscara, la etiqueta-escudo a este ritual forzoso que en partes iguales pareciera explicar el comportamiento de los astros y la historia de vida de las deidades de la fertilidad de otros territorios, todo adaptado al coloquial lenguaje del plástico y la cocacola.
Frente a la avanzada cristiana de los últimos tiempos, revisar la navidad es más urgente que nunca, no simplemente con el objetivo de criticar el consumo y el individualismo, elementos centrales de su lógica festiva, sino también para entender cómo puede la ficción volcarse sobre la realidad y modificarla, forzar a la participación en un ritual que probablemente no responda a inquietudes espirituales sino más bien a mandatos sociales. ¿Cómo se festeja frente a la intrínseca hostilidad del mecanismo de la celebración, que en muchos casos provoca en las personas el sufrimiento propio de quien es forzado a participar de algo que no comprende o que no alcanza a conmoverle?
Para muchas personas, la Navidad no es más que una excusa para una reunión dedicada a cuestionar las elecciones de vida de los miembros de la familia. Nadie celebra frente al juicio. Si la navidad es a la fuerza, que al menos podamos elegir cómo y con quien atravesarla. De otra manera, quién nos va a creer que estamos celebrando.

Buenas noches
Juan

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